Historia del albañil olímpico

[esta nota fue publicada en Pausa #74, en mayo del año pasado. Ayer, Bárzola obtuvo el puesto 35 en la Maratón de Londres 2012]


Un laburante argentino, Miguel Ángel Bárzola, se recibió de maratonista en Europa.


Por Gastón Chansard

El 14 de mayo Miguel Ángel Bárzola cumplirá 29 años. El próximo año, cuando el almanaque le marque sus tres décadas, el atleta nacido en la ciudad de Bragado representará al deporte argentino en el maratón de los próximos Juegos Olímpicos. De esta manera, luego de doce años, el atletismo nacional tendrá nuevamente a un exponente en la histórica prueba del deporte olímpico. Para llegar a la máxima aspiración de un atleta en materia de competición, Pausa los invita a recorrer una vida de sacrificio que, literalmente, se construyó ladrillo a ladrillo.
Una vez enterado de la procedencia de nuestro periódico, Miguel subrayó: “mi papá y mi mamá nacieron en María Teresa, un pueblo al sur de Santa Fe”. Este hijo de santafesinos, el varón más pequeño de los seis Bárzola –cinco hombres y una mujer–, se crió en un humilde hogar de Bragado, donde los elementos de la construcción fueron parte del paisaje cotidiano, ya que su padre es un reconocido albañil de la ciudad bonaerense. Además del trabajo en la construcción, papá Miguel (ambos tienen el mismo nombre) incursionó en el atletismo durante muchos años y fue quien lo inició en el deporte. “Mi papá entrenaba en el mismo lugar donde yo jugaba al fútbol y un día con unos amigos dimos un par de vueltas en la pista y mi viejo nos invitó a que empecemos”. Fue así como el más pequeño de los Bárzola comenzó a dividir sus actividades deportivas entre el fútbol y el atletismo, aunque manifestó que su primera pasión fue la pelota. “Desde los 7 años empecé a jugar al fútbol y lo hice hasta los 16”, destacó el confeso hincha de Boca Juniors; “jugaba de 10 en un club chico de Bragado que se llama Último Foco”, un lugar así bautizado así porque cuando lo fundaron estaba en la última cuadra iluminada del pueblo. “Ahí salimos campeones unas cuantas veces y clasificamos para los Juegos Bonaerenses en Mar del Plata. Como mi papá estaba con el atletismo también me metieron en un equipo de cross y clasificamos sin correr; entonces pensé que era muy fácil. Al año siguiente no clasificamos con fútbol, pero fui con el equipo de cross”, recordó en referencia a la prueba pedestre que se lleva a cabo sobre tierra, con o sin pendientes elevadas, en campo o bosque.
Al poco tiempo Miguel sufrió una lesión muscular y el padre le dijo que no podía hacer las dos actividades, “a todo esto se le sumó que clasifiqué para un Torneo Sudamericano en Brasil, así que me quedé con el atletismo, sobre todo porque estaba empezando a viajar”.

La vida del atleta continúa. Apenas estamos ubicados –en la nota– en los comienzos de la carrera, pero hay otra cara de la vida de Miguel, esa que está marcada por el sacrificio diario, por el trabajo y por la apuesta a jugarse todo muy lejos de sus seres queridos. “Cuando terminé séptimo grado no quise estudiar más y estuve un año sin hacer nada. Solamente jugaba al fútbol, pero un día entre mis hermanos y mi viejo me dijeron que si no estudiaba tenía que trabajar… y no me quedó otra que empezar a laburar. Todos mis hermanos trabajaban y eran mayores que yo, si no lo hacía me mataban”, recordó con risas. Desde los 13 años el atleta y ex futbolista comenzó a formarse en el viejo y antiguo oficio de albañil.    
Ladrillo a ladrillo, kilómetro a kilómetro de entrenamiento, así fue creciendo Miguel Ángel Bárzola en la vida y en el deporte. “Trabajaba con mis hermanos y mi viejo, pero también entrenaba mucho”. Su mejor año deportivo en nuestro país llegó en el 2001, “siendo juvenil salí campeón argentino en 5.000 y 10.000 metros, subcampeón sudamericano en 10.000, tercero en 5.000 y también tercero en los panamericanos”. Pero los logros de Miguel no eran reconocidos por las autoridades deportivas correspondientes y cada viaje tenía que ser sostenido por su propio esfuerzo laboral. “A veces me tenía que volver de las competencias a dedo”.
Mientras crecía en la vida deportiva, en el aspecto económico Miguel, como millones de argentinos en aquellos años, no podía prosperar. “En el 2003 estábamos muy mal con mi familia, con muy poco trabajo, y con unos amigos decidimos juntar unos pesos para irnos a probar suerte a España. Cuando juntamos esos pesos nos dimos cuenta que alcanzaba para un pasaje, así que se fue uno solo, y cuando éste juntó el dinero en Europa nos mandó los pasajes para el hermano y para mí. En septiembre de 2004 llegué a España y mi amigo me había conseguido un trabajo, que para mi era la prioridad, y un club para hacer atletismo”.
El  Club Benacantil Puerto de Alicante le abrió las puertas al hijo de santafesinos y de ahí en adelante construyó su propio camino. “Cuando le comenté a la gente del club las marcas que tenía en Argentina les interesó muchísimo y a partir de ahí empecé a entrenar con ellos. Hice entrenamientos específicos que nunca había hecho en Bragado, me costó adaptarme, pero con el correr del tiempo fui mejorando bastante y eso se reflejó en mis marcas”. Cabe destacar que Miguel, mientras se acomodaba a la nueva vida europea, seguía corriendo en dos pistas paralelas, la del atletismo y la del albañil. En España “empezaba a trabajar a las 7.30, parábamos a comer una hora y seguíamos hasta las 19, una vez que llegaba a mi casa me iba a entrenar, unas dos horas y media. Corría unos 18, 20 kilómetros, más el trabajo de pesas y técnica”. El sacrificio de Miguel tenía un objetivo: “Juntar dinero para poder dedicarme al atletismo por completo, en doble turno”. Además de recibir una remuneración monetaria del club de Alicante y una beca de la Confederación Argentina de Atletismo, desde el 2009 Bárzola pudo dejar de trabajar (coincidió con la gigantesca crisis económica en Europa) y brindarse a pleno al atletismo, lo que le permitió llegar a marcas muy importantes y lograr el sueño de cualquier atleta, que es estar en una Olimpíada: “Llegar a ese lugar es lo máximo, pero sé que puedo seguir mejorando si solo me dedico al atletismo”.
Luego de correr y correr en distancias de 5.000 y 10.000 metros, alcanzando el máximo escalón del podio en pruebas argentinas y españolas, el joven de Bragado se animó en el debut como maratonista y el pasado 9 de abril en Rótterdam (Holanda) consiguió el objetivo de estar en Londres 2012 y en el Mundial que se llevará acabo el próximo mes de agosto en Daegu (Corea del Sur). Luego de un andar muy parejo durante los 42 kilómetros, Miguel logró una marca de 2 horas y 15 minutos, consiguiendo trepar al cuarto puesto en la historia de todos los maratonistas argentinos. “Sueño con estar entre los 10 mejores en los Juegos Olímpicos y establecer el record argentino de maratón, que está en poder de Antonio Silio (2h 9m 53s.)”.
Por último, Bárzola le contó a Pausa que se prepara para competencias importantes durante este año, que en junio estará en Buenos Aires para un Sudamericano y que Londres 2012 es su gran meta. Pero hay algo que dejó muy claro: “Lo que más extraño es laburar con mis hermanos y mi viejo, y el asadito. Siempre que se terminaba de hacer una losa el dueño se tenía que pagar un asado, estaba obligado, sino se partía la losa”, recordó risueño.

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