El cementerio bajo el Salado

Edificación insignia del barrio Centenario, el estadio y las
instalaciones de Colón sufrieron mucho en la inundación de 2003. Y luego
recibieron una ayuda millonaria.

Por Gastón Chansard
Uno de los iconos visuales más importantes que dejó la
inundación de 2003 en la ciudad de Santa Fe fue el del renovado estadio del
Club Atlético Colón. El Brigadier López no había cumplido su segundo año luego
de la reinauguración en agosto de 2001, los socios e hinchas sabaleros gozaban
de la auténtica “joya” que dejaba el ex presidente José Vignatti. Esa obra
histórica para el club y la ciudad quedó bajo agua en pocas horas, entre el
martes 29 y el miércoles 30 de abril de 2003.
Desde los helicópteros, que por aquellos días fueron los
pájaros que más sobrevolaron Santa Fe, los fotógrafos y camarógrafos capturaban
las imágenes de un estadio inundado, que le servía a los medios de comunicación
como retrato perfecto del infierno que vivía la ciudad. Los travesaños de los
arcos servían como pluviómetro en el barrio Centenario, las plateas bajas ya no
eran parte de la escenografía, el gimnasio Roque Otrino era una pileta cerrada
que contenía a los vehículos del bingo de Colón y a pocos metros, en el sur, el
barrio Fonavi aparecía con cada una de sus manzanas como pequeños fortines
desbordados de agua y dolor.
Colón quedó bajo agua, literalmente sumergido. Al igual que
miles y miles de vecinos santafesinos la entidad sabalera perdió documentación,
fotos, toda la ropa del plantel, recuerdos y millones de pesos en daños
materiales. A partir de los severos daños que sufrió la institución deportiva y
ante la falta de respuestas gubernamentales, luego de un tiempo importante las
autoridades de Colón amenazaron con llevar el caso a la cancha de la Justicia. Por
aquellos días cuando el club rojinegro elevaba su voz, el ex presidente Horacio
Darrás hablaba de una estrategia concensuada por la comisión directiva: “Hasta
acá, como no podía ser de otra manera y sabedores de lo que sufrieron muchos
santafesinos, la mayoría colonistas, fuimos totalmente respetuosos del
sufrimiento primero y del reclamo de las personas por los daños en cada uno de
sus hogares. Ahora, una vez que el Ente de la Reconstrucción comenzó
a responder, creemos que es el tiempo de Colón. Porque todo el mundo sabe que
quedamos abajo de las aguas y que incluso nuestra cancha actuó como dique,
frenando en parte el embate del Salado”. La idea de judicializar el tema por
parte de los directivos fue avalada por los socios mediante una asamblea
extraordinaria.
El Cementerio de los Elefantes y las instalaciones del club quedaron destrozadas después del paso del Salado en la noche del 29 de abril.
De no recibir dinero por parte del gobierno de la Provincia, Colón estaba
decidido a reclamar una indemnización. Ante la firme postura sabalera que se
hacía escuchar a través de los medios de comunicación locales, Juan Carlos
Forconi, por entonces titular del Ente, reaccionó y contestó: “El Estado
Provincial sabe perfectamente que debe pagarle a Colón por los daños. Lo que no
sabe es cuánto; por eso necesitamos un tiempo más, para que los peritos de la UTN puedan terminar el informe
final”.
Sin llegar a jugar en el campo de la Justicia, como si fuese
un regalo de navideño, en diciembre de 2005 la Provincia le pagó a
Colón $3.054.000. Se le restaron $400.000 de anticipo que Colón cobró en un
primer momento y se agregaron los valores de los coches estacionados en el
Roque Otrino para el bingo de la entidad sabalera.
Colón, con fondos propios, se hizo cargo de forma rápida de
la restauración de todos los deterioros materiales. Además, recibió una suma
millonaria de dinero que no  percibió
ninguna otra empresa, institución ni ciudadano.
El recuerdo de Morant
Hoy Pablo Morant es el DT de Colón, pero en aquel abril de
2003 el Flaco era parte del plantel profesional y uno de los referentes del grupo
que dirigía Edgardo Bauza. El ex defensor vivía en Marcial Candioti al 3900 y
se enteró esa mañana de la situación a través de un vecino. “Las primeras
sensaciones que tuve cuando empecé a ver lo que estaba pasando eran de
desolación e impotencia, porque ante ese avance del agua no podes hacer nada, y
luego llegó ese sentimiento de tristeza al ver todo lo que la gente perdió,
sobre todo por las vidas humanas”.
En el repaso de su memoria, Morant le dijo a Pausa que uno
de los jugadores más afectados por la inundación fue Jorge Bontemps (falleció
en 2010), “el Enano fue uno de los más involucrados y también recuerdo que la
pasó muy mal Lucho Pérez, el utilero. Su casa había quedado bajo agua. Quizás
me olvido de alguien más, pero ellos fueron los más perjudicados de manera
directa en aquel grupo”.
A la hora de la solidaridad por parte del plantel sabalero,
el Flaco manifestó que no estaba jugando, “creo que estaba lesionado, entonces
yo me encargué de juntar dinero y diferentes cosas que eran útiles para la
gente inundada y se los llevé a los chicos que estaban trabajando en la
universidad; también fui con un colega tuyo (Mario Demonte) a recorrer las
zonas damnificadas para acercarles otras provisiones que el plantel había
juntado”.
En carne propia
Además del recuerdo de Morant sobre la inundación que afectó
la vivienda de Bontemps y del utilero Pérez, también el defensor Ezequiel
Marini y el arquero Diego Rivas padecieron la furia del Salado. En el plantel
de Unión hubo dos jugadores anegados: Diego Olivera y Martín Valli. El primero
vivía en uno de los edificios de calle Mendoza, entre Santiago de Chile y San
José, mientras que el ex defensor de Unión y Nueva Chicago padeció la
inundación en las casas de sus familiares directos y políticos, en Recreo. “Nunca
antes viví una situación similar, de tanta angustia. Mis padres, mi hermana y
mis suegros debieron salir del pueblo, que rápidamente se inundó, y sólo
tuvieron tiempo para retirar algunas cosas. Las mujeres vinieron a mi casa (en
Santa Fe), pero los hombres se quedaron a cuidar las viviendas de los saqueos”,
declaraba Valli a los pocos días del desastre.
Solidaridad tatengue
Con respecto a la situación de Unión, el agua apenas afectó
un mínima parte del club, que no tuvo los tremendos daños que sufrió Colón. A
las pocas horas de aquel 29 de abril, el estadio cubierto Ángel Malvicino se
convirtió en un importante centro de recepción de alimentos no perecederos del
gobierno de la Nación.
Al igual que el plantel de Colón, los jugadores tatengues
también dieron claras muestras de solidaridad y juntaron alimentos, colchones,
ropa y todo aquello que fue importante para ayudar.
Hay que jugar
Más allá del agua, las muertes y los más de 100 mil
inundados que sufrieron los santafesinos, la AFA dispuso que los equipos de nuestra ciudad no
jueguen el fin de semana posterior al 29 de abril, pero que sí lo hagan el
otro.
Fue así como Unión jugó como local ante River en la cancha
de Patronato y Colón, en el mismo escenario, fue local durante el mes de mayo
de Banfield y San Lorenzo. El sabalero recién pudo volver a jugar en su estadio
en junio, cuando recibió a Gimnasia y le ganó 2 a 0 en el partido número 1.000
del Colón en Primera División.
En esa temporada 2002-2003 Unión descendió a la Primera B Nacional y
Colón clasificó, por primera vez en su historia, a la Copa Sudamericana.
Pero esa ya es otra historia.
Publicada en Pausa #112, miércoles 24 de abril de 2013

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