Un embole mundial

—Lic. R: Che, ¿este finde es el cierre?
—Jefe: Sí, master.
—LR: Qué problema… bueh, ya veré si se me ocurre algo.
—J: Se te va a ocurrir algo, seguro.
—LR: Mmmm, eso espero.
—J: Y si no se te ocurre nada, escribís sobre el Mundial.
Y si no me queda otra, allá voy. Si hasta el jefe me dice
que lo haga, y yo, a pocos minutos del cierre de una nueva edición del
periódico, como ya se los he contado el año pasado, no se me ocurre sobre qué
escribir…
Desde luego que el Mundial podía llegar a ser un tema sobre
el cual explayarme. Me gusta el fútbol y el Mundial es como una suerte de
cónclave de dicho deporte y, por lo tanto, es casi obligación charlar y
discutir y opinar sobre él. Y más en un país como la Argentina, donde todos
somos obispos de la número 5 y estamos en perfectas condiciones de saber, y
mucho, sobre fúchibol… incluso aquellos que no saben un pomo.
Pero evidentemente algo anda fallando en mi argentinidad…
Siento que a apenas 6 días, 46 horas, 357 minutos y 1.089 segundos de que
empiece la cita máxima del deporte más lindo y apasionante del mundo, de
casualidad si de vez en cuando me acuerdo que en 5 días, 37 horas, 966 minutos
y 14.278 segundos empieza el Mundial. En otras palabras, tengo la sensación de
que este Mundial me está pasando por al lado (bueno, efectivamente se juega acá
al lado). Y es hasta tal punto mi desconocimiento sobre el tema que en el furor
actual de las redes sociales (entiéndase Preguntados) me tocó responder en qué
estadio debuta Argentina en el Mundial y respondí mal.
Como para tener idea de si el descolgado era yo, le pregunté
a mi jefe si este Mundial existía en los medios y esas cosas y me respondió “Sí
que existe, creeme”. Y como es mi jefe, yo le obedezco, así que, ¡le creo, por
Zeus!
Traté de averiguar dónde nace mi falta de entusiasmo por
algo que hasta no hace mucho era capaz de hacerme trepar a un alambrado y
volver a mi casa sin una zapatilla por los fallos injustos e inmorales de un
referí (referí suena mejor que réferi o árbitro, ¿vieron?). Y ahí me di cuenta
que prácticamente no consumo medios de comunicación masivos. Y si lo hago, lo
hago esporádicamente y no para enterarme de cómo sigue el gemelo izquierdo de
Messi o el sistema gástrico de un tal Basanta (que, debo confesar, yo creía que
se llamaba Álvarez Basanta y era colombiano o de por ahí y jugaba en River). Y
también me di cuenta de que la moralidad y la justicia no son valores muy
recurrentes hoy en día en el imperio FIFA.
Con el paso del tiempo, y por pésimos resultados deportivos
del equipo por el que simpatizo desde hace mucho, he perdido el fanatismo… y
créanme (como yo le creo a mi jefe) que sin fanatismo, el fútbol es más
aburrido que sacar a pasear con correa a una tortuga. El FPT nos presenta una
estadística que demuestra a las claras lo que digo: de los 90 a 92 minutos que
el espectador padece a 22 tipos cuyo mayor mérito pareciera ser tener huevos (o
sea, pertenecer al sexo macho), sólo se juega en promedio la mitad de esos
minutos. El resto del tiempo uno puede, tranquilamente, no estar pendiente de
nada de lo que allí ocurra porque, en verdad, nada ocurre. Pero, además, si uno
es un ansioso compulsivo como yo, no va a estar esperando que de golpe aparezca
un maxirodrigazo (entiéndase gol de Maxi Rodríguez a México en Alemania 2006).
¿Con qué lleno el vacío neurótico que me dejan los 89 minutos restantes? Yo
creo que si el fútbol fuera un torneo de penales sería un éxito. Por eso hoy
por hoy prefiero mirar un partido de tenis o un partido de básquet: es acción
permanente, lo que dure el match es tiempo neto de juego. Y hay mucha más
destreza y técnica que en el fútbol… O al menos que en el común denominador de
los futbolistas actuales. Son deportes en los que no te queda otra opción más
que salir a atacar y después defender y así de manera permanente. En cambio,
hoy en el fútbol la lógica hegemónica sería “juguemos a no perder”. Por eso, y
aunque sé que esto va a generar que pierda lectores, que aparezcan pintadas en
la puerta de mi casa (vivo en Avenida Siempre Viva 742), que sea excluido de
los próximos asados que organiza la gente del Pausa (que tampoco son muchos) y
que cuando me vean llegar cambien rápidamente de tema o se haga un silencio
stampa, voy a decir que el mismo día y a la misma hora del debut de Argentina
en el Mundial se juega el quinto partido de las finales de la NBA, donde está compitiendo el
mejor deportista argentino de todos los tiempos: Emanuel Ginóbili. Por eso, si
quiere ver algo entretenido, dinámico y emocionante lo invito a ver este último
espectáculo y no el otro donde va a estar esperando 90 minutos que Messi haga
algo lindo… Si es que no lo hace apenas empezado el partido, y cómo hacemos
para aguantar 85 minutos hasta que termine el match, diomío…
Mientras tanto, le informo que faltan 1 mes, 5 días, 18
horas y algunos minutos y segundos para que de una vez por todas podamos volver
a dar una vuelta olímpica en la mismísima cara de millones de brasileros que la
van a tener adentro.
Publicada en Pausa #135, miércoles 11 de junio de 2014

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3 Comentarios

  1. Bancamos con sangre al Licenciado. Dos consideraciones:
    1. Es adorable llamar "jefe" al director del periódico, nos hace sentir raros, como un poco capitalistas… que se yo.
    2. Apoyamos el boicot a los aburrídisimos partidos mundialistas, así que aguante Ginóbili. Seremos dos mirando una final "como dios manda" (?).

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