Jorge Eines: la imaginación al poder

Para Jorge Eines, la función del director es “ser estribo para que los actores cabalguen”. Foto: Benjamín Cortes Lyon

Una charla a fondo con el director y dramaturgo argentino radicado en España.

Para los amantes del teatro hay un antes y un después de presenciar un ensayo de Jorge Eines. Y si existe la posibilidad de que el maestro lo acompañe con disertaciones sobre su técnica, su ética y su teoría, la experiencia será inolvidable. Así se vivió su paso por Santa Fe en los siete días del seminario intensivo que dictó en la Sala Marechal para actores, directores y observadores, que pudieron adentrarse en el pensamiento de este director y dramaturgo argentino radicado en España hace más de 40 años.

Con una vida tan prolífica insistir en una presentación se convierte en un pecado, del que solo podemos redimirnos dándole voz lo antes posible a su protagonista. Por eso solo diremos que Jorge Eines, hijo de madre santafesina, nació en Buenos Aires en 1949 y, al momento de elegir su profesión, después de un breve paso por Medicina y Filosofía, encontró finalmente su vocación: ser maestro de actores.

Su debut como director artístico fue con el espectáculo infantil “Chapatutti en Sandilandia” en los años 70, que tuvo un enorme éxito. En sus palabras: “Era un espectáculo de contenido ideológico para niños que planteaba la revolución en escena (los trabajadores de Sandilandia se niegan a trabajar los domingos) y fue la causa por la cual los asesinos de Videla me vinieron a buscar seis años más tarde”. En 1976 Eines se exilió en España, donde luego llegó a ocupar cargos como director del Departamento de Interpretación de la Real Escuela Superior de Arte Dramático y Danza (RESAD) y fundó la Escuela de Interpretación Jorge Eines. También se dedicó a dar seminarios por toda Latinoamérica. Lleva publicados siete libros, entre los que destacan Repetir para no repetir y Las 25 ventanas, que concentran sus últimas concepciones.

—¿En qué momento de su carrera se produce el quiebre con los padres del teatro, como Stanislavski, para consolidar tu propia teoría?

—Después de mi paso por Medicina y Filosofía caí en cuenta de que yo tenía que dedicarme a esto: a ser estribo. Esa metáfora me representa, eso en lo que los demás se apoyan para crecer y cabalgar. Como si en realidad el problema de los actores es que les han quitado la pradera y yo lo que hago es devolvérsela. A un caballo, si lo encerrás, se vuelve loco; dale una pradera y será caballo. Y a los actores, si uno les otorga la posibilidad de que cabalguen, les da lugar para que la imaginación circule de la manera más libre posible: así se convierten en alguien que se atreve a imaginar.

Si bien el maestro tuvo, como la mayoría, un pasado “strasberiano” basado en ejercicios de Stanislavski, luego cambió: “Me di cuenta de que eran memoria emotiva, memoria emocional y todos esos supuestos metodológicos que si irradiaban algo bueno solo tiene que ver con la concentración, pero técnicamente tenían para mí poco valor”. A partir de ahí decide romper y generar una técnica propia “para dar cada vez más pradera, más libertad, y para convertir la libertad en el baluarte que conduce al actor a la construcción de un personaje”.

[quote_box_right]“Ser estribo es la metáfora que me representa; los demás se apoyan para cabalgar. A un caballo, si lo encerrás, se vuelve loco”.
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Otro llamados de atención que el director tuvo con relación a la línea teórico-técnica americana (el método Stanislavski es apropiado por la industria de cine norteamericana en los años 50 a través del Actor Studio) es lo que Eines define como “copia de la vida: veo que el actor de nuestro tiempo termina asociado a la naturalidad televisiva. Quedó instalada la búsqueda de esa naturalidad como paradigma máximo y definitivo de su conducta y solo se considera buen actor al que es natural. Ahí empiezo a darme cuenta de que hay actores que sí quieren hacer algo distinto y abordar otros caminos de construcción”.

Fue un largo camino de ruptura con los conceptos adquiridos, la única vía que garantiza la aparición de la imaginación: “Rompemos o no construimos”. Siguiendo esa línea, Eines comienza a orientarse hacia contenidos filosóficos que lo alejan del psicologismo: “Me salvan de Freud y del exceso de la psicotécnica. Inspirado por Spinoza, empiezo a darme cuenta de que me interesa mucho más la geografía que la historia del actor”.

A diferencia de los métodos de actuación hegemónicos, Eines priorizará el ensayo (a través de su técnica, que incluye los tres momentos del “Previo”) como el espacio de mayor creatividad para el actor: “Me interesa mucho más lo que hace a partir de empezar a ensayar y no la historia del actor proyectada en el personaje. Lo que me preocupa es el recorrido, el territorio, lo que el actor va a hacer a partir del ensayar”.

—¿Cuál es el gran desafío que debe enfrentar un actor?

—Vencer las resistencias que no los dejan imaginar ni crear nuevos personajes. Porque nadie quiere copiar; generalmente el actor quiere crecer hacia algún lado donde su imaginación lo impulse. Pero no saben cómo hacerlo porque inconscientemente están atrapados en lo creado antes de crear. Porque ser consciente de eso y ponerse a trabajar implica un equilibro ético-técnico que no se asume fácilmente ya que, en última instancia, el valor mayor de una técnica es la moral que es capaz de fundar. Por ejemplo en España se cree que el actor profesional es el que gana dinero, no importa cómo lo haga. Y eso pervierte las elecciones porque la sociedad se encarga una y otra vez de decirle al actor que eso es lo que vale. Y sabemos que es difícil que alguien se replantee esto. Yo siento que debo seguir planteando estas cosas porque le dan sentido a mi vida. En los últimos diez años los espectáculos que he hecho me interesan. Y antes llenaba los teatros, pero no me llenaba a mí mismo. Es mucho más fácil para mí llenar un teatro que llenar mi alma.

—¿Cuál debe ser la tarea del director?

—La primera tarea de un director es saber escuchar, mirar, observar, estar presente en el ensayo para que lo importante sea lo que hace el actor y no lo que él pensó en su casa para trasladar luego a la escena. La segunda es ver con qué se cuenta para que eso funcione; tiene que tener mucho más deseo de “sacar” del actor que de “poner” en el actor, entendiendo que lo que hace factible que aparezcan las cosas interesantes es que él tenga que ir de la mano del actor.

[quote_box_right]“Está instalada la búsqueda de la naturalidad como paradigma máximo, pero hay actores que quieren hacer algo distinto”.
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A diferencia de los directores arbitrarios que piensan en su casa las acciones para después trasladárselas a los actores, o la modalidad de trabajo de aquellos que buscan la metáfora luego del análisis del texto, transformando al cuerpo del actor en metáfora de la palabra, para Eines surge otra propuesta: “Hay que descubrir que uno no tiene el poder de mando, sino todo lo contrario: uno empieza a sentir que es muy grato compartir el poder con el actor. Con eso desaparece el concepto de puesta en escena, yo trabajo con ideas alrededor de un horizonte hacia el cual me tengo que dirigir, pero lo tengo que hacer con cuidado y humildad para interferir lo mínimo posible en el trabajo del actor”.

—Usted tiene siete libros publicados, da clases y seminarios por todo el mundo, también se fundan escuelas con su técnica, ¿cómo se proyecta eso hacia el futuro?

—Mi sueño es ser estribo. Quisiera que mis libros sirvan para que la gente cabalgue. Eso es lo que pretendo. Luego deseo que mis libros sean lo que para mi es Stanislavski, un referente, un maestro, pero no un templo al cual le voy a rezar. Mi próximo libro hablará de él, es un largo diálogo ficcionado, muy divertido, donde se plantean lecturas actuales de temas que están en sus obras y qué hizo la industria del entretenimiento con eso. Con respecto a mis clases, hasta que mi cuerpo aguante seguiré visitando las universidades y escuelas de Latinoamérica que año a año me invitan. También quiero poner energía en Santa Fe, ya que conjuntamente con el equipo local encabezado por Octavio Bassó y Nidia Casís, compartimos el sueño de que Santa Fe sea sede de un Encuentro Anual Latinoamericano. En este último encuentro vinieron compañeros de Chile, Perú, Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Entre Ríos y muchos otros lugares.

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