En Hersilia demuestran que es posible alejar las fumigaciones y promover la agroecología.

Mientras la Legislatura no consigue sancionar una ley que proteja a la población de las fumigaciones con agrotóxicos, en Hersilia –un pueblo de tres mil habitantes en el noroeste santafesino– la movilización de vecinos logró una zona de resguardo de 800 metros libres de venenos y la puesta en marcha de un plan para promover la agroecología.

El pueblo tiene 900 hectáreas periurbanas con restricción para fumigar. Su objetivo es, a largo plazo, que en toda esa superficie produzcan alimentos en forma agroecológica, es decir, sin usar semillas transgénicas ni agrotóxicos, respetando los ciclos naturales y la biodiversidad, con un sistema de producción y comercialización justo para productores y consumidores, económicamente sostenible.

Ya son 21 las familias, en su mayoría de pequeños y medianos productores, que forman parte del proyecto de transición agroecológica. El programa cuenta con presupuesto comunal y espera fondos provinciales que el Ministerio de la Producción se comprometió a entregar pero aún no transfirió.

Zona de resguardo

La restricción a las fumigaciones es el resultado de una lucha de los vecinos que comenzó hace 10 años. En recorridas por los barrios, notaron el aumento de casos de cáncer, abortos espontáneos y otras afecciones a la salud. No sólo se fumigaba en los campos cercanos a las casas, sino también, a la vera de las vías del tren, a metros de las canillas de las que el pueblo se provee de agua potable.

El grupo, conformado en parte por integrantes de la Universidad Trashumante (una red de educación popular que recorre el país desde hace 20 años), tomó el nombre de Vecinos Autoconvocados de Hersilia y comenzó a trabajar junto a sus pares de Ceres, ciudad ubicada 20 kilómetros al norte. Organizaron charlas con médicos de pueblos fumigados, repartieron volantes, difundieron el reclamo en los medios locales y pidieron audiencias con las autoridades.

En 2011, lograron que se sancione la ordenanza Nº 1.712 que prohíbe las fumigaciones con cualquier tipo de agroquímico en un radio de 800 metros desde el límite del ejido urbano. También se prohibió el depósito de productos y el tránsito de vehículos aplicadores en la zona urbana.

La ordenanza establece, además, que desde la línea de 800 metros hasta los 1500 sólo pueden aplicarse venenos clasificados como de banda verde (clase toxicológica IV, que incluye al herbicida glifosato). Y entre los 1500 y los 3000 metros se permiten aplicaciones de productos de banda azul (clase toxicológica III). Las fumigaciones con aviones están prohibidas en todo el radio hasta los 3000 metros.

Se trata de uno los pocos casos en la provincia en que se establece por ordenanza un límite de 800 metros a las fumigaciones. Un antecedente es el de la localidad de San Jorge, pero allí el límite no se dispuso por ordenanza sino por una orden judicial en respuesta al recurso de amparo presentado por Viviana Paralta, cuya hija se intoxicó por una fumigación. El caso fue paradigmático por la distancia establecida y porque se ordenó a la provincia hacer estudios sobre los impactos de los agrotóxicos en la población expuesta.

Alimentos sanos

Hersilia complementó la restricción a las fumigaciones con una norma que promueve la agroecología, también como resultado de la participación y movilización vecinal. Se trata de la ordenanza Nº 1.963, sancionada en septiembre de 2015, que crea un equipo de trabajo, destina fondos específicos para capacitación y asesoramiento de productores y establece exenciones a las tasas comunales y otras medidas que incentivan la producción sin agroquímicos.

Los productores que adhieren al programa reciben los beneficios de manera gradual, a medida que cumplen etapas: presentación de proyectos, plantación de árboles autóctonos, asistencia a capacitaciones, producción diversificada y transformación de lo producido en alimentos manufacturados.

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El año pasado se creó el Equipo de Promoción para la Producción Agroecológica y Orgánica de Hersilia, formado por integrantes de la Comuna, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el programa nacional Pro Huerta, la subsecretaría de Agricultura Familiar de la Nación, la Asociación para el Desarrollo de Ceres y Hersilia y los Vecinos Autoconvocados, entre otros. Además de acompañar a los productores, el equipo se encarga de supervisar e identificar con un sello a los alimentos agroecológicos que resulten de este proceso.

La ordenanza también crea el programa “Tierra para el que la trabaja”, para facilitar el acceso a la tierra a quienes quieran hacer producción agroecológica pero no cuenten con terreno. Celestino Nicolau, presidente comunal de Hersilia, dijo a Pausa que se avanzó en casi todos los puntos de la ordenanza pero falta el de acceso a la tierra. “Ese punto es un poco más complejo. La idea es poner a disposición terrenos de la zona urbana que están abandonados”, explicó.

En el campo

Néstor Lull es un pequeño productor de siete hectáreas. En tres de ellas conserva el monte, toda una rareza en el paisaje rural de la provincia desde hace décadas. Su campo sirvió, el pasado sábado de 2 septiembre, como espacio de capacitación e intercambio entre unos 10 productores de Hersilia y profesionales de la Red de Técnicos en Agroecología del Litoral. La actividad fue un taller de técnicas para la regeneración del suelo con métodos naturales.

“Esto es mucho más saludable”, dijo Lull a Pausa. “Antes pasaban los aviones y el veneno se dispersaba por todos lados. Ahora hay una norma y se respeta. Al menos no hay tanto abuso, porque lo que había antes era abuso.”

El año pasado, la Comuna convocó a la Red de Técnicos en Agroecología del Litoral, un grupo de profesionales jóvenes que comparten una visión crítica del modelo productivo convencional y trabajan en proyectos agroecológicos. Formada a fines de 2015, la Red reúne hoy a una decena de ingenieros agrónomos y médicos veterinarios de distintos puntos de la provincia.

Dos de ellos fueron contratados para asesorar a los productores de Hersilia y visitan el pueblo una vez al mes. “Nos encontramos con pasturas degradadas y suelos empobrecidos”, dijo Mauricio Mattalia, uno de los técnicos. “Es una situación recurrente en las pequeñas producciones por su escasa superficie, la presión de pastoreo de los animales y las prácticas agronómicas deficitarias e incorrectas a las que se cae con facilidad en la producción convencional con agrotóxicos.”

Los técnicos empezaron a trabajar con 15 productores (190 hectáreas), la mayoría ganaderos, que cultivan pasturas. Tras hacer un diagnóstico, presentaron un proyecto para estabilizar, fortalecer y diversificar la cadena forrajera y crear un vivero agroecológico que provea a los productores de semillas hortícolas y forrajeras, y plantines forestales, frutales y ornamentales.

Fondos que se demoran

La iniciativa fue aceptada y contó con el visto bueno del Ministerio de Producción de la provincia, que se comprometió, a través de la resolución 405 del 18 de mayo pasado, a destinar 495 mil pesos para la compra de semillas y alquiler de maquinarias. Sin embargo, a siete meses de haberse autorizado el desembolso, la plata no llega.

Para no detener el proyecto, la Asociación para el Desarrollo de Ceres y Hersilia adelantó dinero para las semillas. El pasado 5 de septiembre, los productores enviaron una nota al ministro Luis Contigiani para expresarle la urgencia de contar con los fondos para continuar con el programa. Pausa consultó al Ministerio de Producción las razones de la demora pero no hubo respuesta.

Programa provincial

El gobierno de la provincia comenzó a reconocer públicamente, en los últimos años, las  consecuencias del avance del agronegocio: “Desplazamiento de sistemas productivos diversificados y otras formas de producción de las economías regionales y su reemplazo por la especialización agrícola en granos (…) La configuración del territorio como espacio dedicado a la producción exportable ha ocasionado que el sector de la pequeña y mediana agricultura vea puesta en peligro su posibilidad de permanencia en la actividad (…)El incremento del uso de agroquímicos derivó en múltiples conflictos sociales, principalmente en las áreas periurbanas”, enumera el Ministerio de la Producción en su presentación del Programa Provincial de Producción Sustentable de Alimentos en Periurbanos (PSAP). Entre los objetivos del programa, dice: “Posibilitar a la población el acceso a alimentos sanos, libres de contaminantes, producidos por pequeños y medianos productores locales”.

El 15 de junio pasado, el gobernador Miguel Lifschitz y el ministro Contigiani lanzaron el PSAP en Rosario. Hasta ahora son 27 las comunas y municipios que adhirieron, según informó a Pausa la secretaría de Desarrollo Territorial y Economía Social de la Provincia. Si bien no respondieron a las consultas sobre los fondos para Hersilia (comuna que adhirió al PSAP), mencionaron que el programa ya destinó $2 millones a proyectos en Rosario y Soldini, otros $1,6 millones para el área metropolitana de Santa Fe y $70 mil para un grupo de productores de Arroyo Aguiar.

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