El empoderamiento salvaje del periodismo #NiUnoMenos

Agustín Laje, un joven reaccionario del siglo XIX.

Voy a intentar una suerte de respuesta al artículo escrito por Agustín Laje y publicado el 4 de enero por el portal infobae.com que se titula Fernando Pastorizzo o el origen de #NiUnoMenos. Lo que pretendo es discutir con algunos de los argumentos que esgrime el autor para vaticinar lo que él llama “el origen de #NiUnoMenos” y, al mismo tiempo, la desmentida y, por ende para él, la ruptura del discurso feminista. Dicha discusión querría que se dirija no solo al contenido de sus argumentos sino también a las estrategias elegidas y usadas de argumentación que, creo, en algunos casos es ilegítima ya que fuerzan análisis y conclusiones que, además de falsos, son falaces. Voy a separar mi texto en dos apartados, a saber: el análisis textual y discursivo, por un lado, y el análisis paratextual, por otro.

Antes de empezar quiero aclarar que me ocupo de Agustín Laje como una función textual. Como una función autor y no en tanto que autor empírico. Me interesa su discurso y no su persona. Me interesa en tanto texto que vehiculiza un discurso que hoy sigue matando. Por eso decido ocuparme de este pequeño fragmento del patriarcado.

La hipótesis

“Se nos decía, en efecto, que una mujer no podía ejercer violencia de género contra un hombre; una especie de imposibilidad ontológica se lo impedía. Bien porque la mujer es buena por naturaleza —en una suerte de vulgar feminismo rousseauniano, si vale el oxímoron—, bien porque una entelequia llamada «patriarcado» está en la base de toda relación entre los sexos y, por consiguiente, es el hombre el que necesariamente detenta un poder desproporcionadamente mayor al de la mujer en todos los casos.”

Sobre la cuestión de la bondad por naturaleza de la mujer voy a decir una sola cosa: es el machismo oculto detrás de la caballerosidad el que afirma que la mujer es buena por naturaleza. Son las fábulas infantiles las que la asocian con una figura suave, dulce y frágil que debe ser cuidada. Hasta la filosofía se hizo eco de ese discurso en Kant, cuando en su texto Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? define a la mujer como el bello sexo. Es la Iglesia Católica la que la entrega al hombre para que la cuide y la mantenga. No es, bajo ningún punto de vista, el feminismo quien afirma la bondad innata (natural) de la mujer. Al contrario: se definen como las brujas que el patriarcado no pudo matar.

En segundo lugar, el patriarcado no es una entelequia. El patriarcado es un concepto claro y preciso (es decir, delimitado) que pretende definir un conjunto de relaciones políticas, sociales, culturales, religiosas, sexuales y económicas que se han prolongado y consolidado a través de la historia. Y tiene efectos prácticos y concretos sobre los individuos. Y vaya si los tiene: mata.

Ergo, no es una entelequia. Laje confunde esto último con un sustantivo abstracto. ¿O acaso el autor afirmaría que la “soledad”, por caso, sería una entelequia?

Y sí, es efectivamente el hombre el que detenta un poder desproporcionado sobre la mujer: ocupa mayores y mejores cargos políticos; alcanzan puestos jerárquicos empresariales mucho más rápido que las mujeres; ganan mejores sueldos. Y no por naturaleza, sino por condicionantes sociales e históricos. ¿O Dios no tiene barba blanca?

Respecto a la definición de violencia de género, voy a citar a Mariana Carbajal, quien el 2 de enero publicó en Página/12: “¿Hay mujeres violentas? Claro que sí. ¿Hay hombres que sufren esa violencia? Por supuesto. Las mujeres no son buenas por naturaleza como los hombres tampoco son violentos por naturaleza. Las mujeres no son en esencia, puras y santas. Pero no es un caso de “violencia de género al revés”. El punto es que la violencia que sufren algunos varones de parte de sus parejas mujeres no constituye un problema social –por su magnitud—y no afecta a un grupo poblacional históricamente discriminado y subordinado, como es el caso de las mujeres. Es cierto que aquellos varones que sufren violencia en relaciones de pareja pueden sentirse avergonzados y no piden ayuda ni denuncian, porque el propio patriarcado los enseñó a ser fuertes, valientes, machos. El patriarcado es una trampa para mujeres y para varones. Por eso luchamos para que se caiga. Lo dijo con una claridad conmovedora la hermana del joven asesinado, también ella, adolescente: “La lucha feminista contra la violencia de género busca también visibilizar la violencia de mujeres hacia hombres, situaciones que no son denunciadas por las burlas impuestas por el patriarcado. Hoy le tocó a mi familia, y voy a luchar con más fuerzas que nunca porque nunca más pase algo así, que se genere conciencia acerca de las relaciones tóxicas y cuán importante es alejarse de ellas…”. En ningún momento, la periodista que pareciera ser feminista desconoce los casos de mujeres violentas. Es decir, Laje parte de un concepto de violencia de género equivocado o falso.

Citas forzadas y uso incorrecto de definiciones

El concepto de «acontecimiento» que Laje maneja –aunque mejor sería decir que manipula– de Badiou es, como mínimo, tendencioso. El acontecimiento, para Badiou, es aquello imposible que rompe lo social. Que emana de lo inconcebible. Algo revolucionario e inesperado. Y si el concepto no es el equivocado, sí lo es el análisis para el cual lo utiliza.

Según Laje: “Parafraseando a Alain Badiou, podríamos pensar que la «situación» preexistente, dominada por una ideología bastante estrecha, fue radicalmente interrumpida por el «acontecimiento» del asesinato de Fernando, que representa aquello que no estaba contado y que, por lo tanto, no existía para la mayoría.” En primer lugar, las feministas son minoría. Es un discurso conocido por pocos; y entendido por muchos menos. Desde los medios hegemónicos son permanentemente ninguneadas, ridiculizadas o criminalizadas. Basta recordar el escándalo por las pintadas en la Catedral de Rosario que invisibilizó tres días de talleres y discusiones entre más de 90.000 mujeres de todo el país. Si vivimos en una sociedad patriarcal y machista –esto no significa totalizar en esa calificación a la compleja red de relaciones sociales–, ¿cómo es que el crimen de un varón por una mujer no es algo contado? Lo no contado es el machismo y el micromachismo, sobre todo, que sigue calando hondo en las subjetividades de varones e, incluso, la mayoría de las mujeres. Facundo Arana no va a dejarme mentir.

La situación preexistente es el machismo, y Laje lo desconoce. No porque lo ignore, sino porque lo omite a voluntad para poder sostener su hipótesis.

“Los acontecimientos, como eventos que ponen en escena algo que antes no estaba contado, generan nuevos sujetos, según Badiou”, sigue el licenciado en política. Exacto. Sin embargo, el análisis que desprende de no se corresponde con el concepto. Fernando no es un acontecimiento porque es algo ya sucedido y sabido y, sobre todo, esperable por este supuesto “nuevo sujeto” que ni más ni menos que el machista que, creo que es evidente, de nuevo no tiene nada. Por cierto, Fernando y el #NiUnoMenos ya están contados desde hace mucho más que el #NiUnaMenos por una inmensa mayoría que oprimió la sensibilidad femenina desde la mismísima instauración de la Iglesia Católica. O al menos eso dice León Rozitchner en La cosa y la Cruz. Cristianismo y Capitalismo (a partir de las confesiones de San Agustín), editado por Losada en 1997. El origen del #NiUnoMenos, Laje, comenzó con Constantino… allá en Roma, por el año 325 durante el Concilio de Nicea, cuando siendo emperador formalizó la unión entre el Imperio y la iglesia católica. No hace unos días en Gualeguaychú.

El lamentable asesinato de este chico es solo la confirmación de un prejuicio machista. Es, justamente, todo lo que estaba esperando Laje para arremeter contra el feminismo, que desprecia y que, desde luego, no entiende. Yo tampoco lo entiendo en su complejidad total. Pero no asumo que un crimen lo desmienta como discurso social establecido y conquistado.

Usa conceptos de manera incorrecta. Traiciona el sentido de sus autores. No los resignifica, los usa, al decir de Eco. Y lo hace, sospecho, en una clara muestra de subestimación al lector. Cita a quienes sabe los lectores de infobae, en general, no leen. O sea, en general, los lectores 2.0 nos conformamos con el título, el copete y, con suerte vamos salteando de a párrafos los artículos. Laje lo sabe. No es tonto. Lo sabe y lo aprovecha.

La inducción como fundamentación falaz

“Estas generalizaciones son, por supuesto, ideológicas. Ni todas las mujeres son buenas ni todos los hombres son violentos.”, afirma Laje. De manera paradójica, como vemos, apela a refranes obsoletos del sentido común más vulgar. Sí Laje: ni todos los pobres son ladrones ni todos los judíos son amarretes. ¿Y? ¿Qué demuestra eso? ¿Que no todos los militares son genocidas? ¿O los gendarmes represores? De lo que se trata, y también lo sabe, es de denunciar discursos e instituciones que son, le guste a Laje o no, productos de una historia hegemonizada por el machismo y el patriarcado. Pero eso no significa la totalización o absolutización de todos los individuos que conviven dentro de esos discursos. Por eso existe el feminismo… que sí es un acontecimiento del que Badiou, seguramente, estaría orgulloso.

Pero por otro lado, lo obvio: toda generalización es ideológica porque todo pensamiento es producto de una ideología y porque todo pensamiento es una idea. ¡Soy brillante, vieron!

Él también generaliza. Y miren si no será ideologizada, que lo hace desde estadísticas que su propia Fundación recopiló de casos narrados en medios de comunicación. ¿Denunciados? No necesariamente. ¿De crimen donde se comprobó que la mujer es la asesina? No, tampoco. Hay algunas noticias donde se supone que o se sospecha de… pero no se sabe. ¿Y todos los casos son de mujeres que asesinaron a varones por el hecho de ser varones? Eh, tampoco. También se cuentan casos de mujeres que mataron menores y bebés y casos de mujeres que de manera indirecta mataron a varones. Por ejemplo: hay una noticia de www.la100.cienradios.com.ar que se titula: Encontraron el cadáver y hay una detenida. Pero no saben qué pasó” Eso, Laje, lo incluye dentro de las estadísticas que pretenden justificar sus argumentos. Otro ejemplo: “La esposa, los hijos y la suegra, unidos por un plan criminal para matar a un hombre”, publicó Clarín. No quiero ser malo, pero esto se parece más a un crimen de Los Puccio que otra cosa. Una más (y no jodo más): “Una mujer con problemas mentales mató a su padre en Dos Hermanas”, según misionesonline.net. En el cuerpo de la nota, el periodista asume que la asesina “habría sido”. O sea, desmiente al título. Esto, Fundación Libre, lo denomina “caso” y/o “evidencia”.

O sea, ¿con qué criterio clasifica estos crímenes? ¿Es lo mismo sospechosa, que imputada, que acusada o que culpable? ¿De aquí desprende sus generalizaciones Laje? ¿Es lo mismo un crimen directo que indirecto? ¿Cómo hace su investigación? ¿Es lo mismo un crimen pasional, que un plan que involucra a muchas personas, incluidos varones, para cobrar una herencia, que el crimen de una esquizofrénica? ¿Qué definición de violencia de género maneja Laje? O sea, ¿con qué marco teórico cuenta su equipo de investigación para luego darle un eje vertebral y científico a sus recolecciones de información?

Por último, en el Excel donde está el relevamiento realizado hay una celda que, textualmente, dice: “Faltan asesinatos de ataques que no siguen los medios.” No puedo dimensionar siquiera la magnitud de semejante nada. Empieza diciendo que releva “solo (…) la información pública de los medios de comunicación nacionales”, y aclara que hay un montón de otros casos de los que… no da cuenta.

Igualmente, la inducción no es un razonamiento válido para fundamentar hipótesis o generar conocimientos nuevos. Según el Racionalismo Crítico de Karl Popper (epistemólogo fundador del Falsacionismo en la década del ’20 del siglo pasado), la inducción sirve a los efectos de poner a pruebas hipótesis o conjeturas, pero nunca de verificarlas. Por caso, Laje recuenta una seguidilla de homicidios cuyas autoras son mujeres que se dieron en un período corto de tiempo. Con ello pretende argumentar una “estampida” de varones asesinados por mujeres, diciendo que son cada vez más. Pero el mismo día que Nahir asesinó a Fernando, un oficial de penitenciaría de Santa Fe cometió un femicidio y un cuádruple femicidio vinculado. Caso que Laje prefiere omitir, con el agravante de acusar a los medios de que no se ocuparon de los casos donde la víctima es un varón… como nos estamos ocupando nosotros de Fernando y no del quíntuple femicidio santafesino al que los grandes medios como infobae le dedicaron… ah, no. Estamos analizando su nota. Mala mía.

Lo meramente opinable… y repudiable

“Estos casos provocan disonancia cognitiva en quienes forman parte del feminismo radical”, garantiza Laje. ¿Qué será una disonancia cognitiva? Nunca lo define. Pero por lo que sigue suena a que trata a algunas feministas de estúpidas. Hasta que… “La propia hermana de Fernando, militante feminista, en su muro de Facebook expresó que de alguna extraña manera el patriarcado también tenía responsabilidad por el asesinato de su hermano. El poder de las ideologías nunca deja de asombrar.” Primero, ¿Laje cree que sus ideas no son ideológicas? Y si por ideología entiende “falsa conciencia” en contraste a “ciencia”, debo advertirle al autor de El libro negro de la nueva izquierda que si sostiene esa distinción está reafirmando algo que inventó Karl Marx. Sí, el zurdito ese.

Por otro lado, trata a una persona a la que le acaban de matar al hermano de padecer una disonancia cognitiva. Claro, campeón: ante la muerte, el mayor “acontecimiento” de la vida (la muerte es “el” acontecimiento), no se puede reaccionar de otra manera. Es digno, en todo caso, que en esa situación la hermana no renunciara a sus ideas y, a la vez, pida justicia por el hermano. No hay que patologizarla: hay que abrazarla. No importa. Como dice la nota de portada de cosecharoja.org, El machismo no conoce de empatía. Ni de respeto. Solo pretende justificarse a sí mismo, es decir, pretende justificar su algarabía ante la muerte… incluso, de un varón.

No conforme con discutir por Twitter con la hermana de Fernando, llama a colación al padre: “La salida a todos estos casos, no sólo en la arena judicial sino también en la mediática, es bastante obvia: alegar que la victimaria era, a su vez, víctima de violencia de género. Es lo que de inmediato hizo el padre de Nahir frente a las cámaras de televisión”. Insisto: ¿estamos discutiendo el quíntuple femicidio de un oficial policial en Santa Fe o el homicidio de Fernando a manos de su novia, Nahir? Digo, por su obsesión con la cobertura mediática.

Por otra parte, el padre dijo esto: “»Mi hija no es un monstruo, lo digo porque es una chica que no tiene el perfil de ser nada de lo que se cree, ni siquiera fuma, nunca tuvo problemas de adicción. Fue educada dentro de lo mejor que se le puede dar. Hace mucho tiempo se habían peleado con el novio. No quiero justificarla, para nada (el subrayado es mío), pero hace tiempo la llevamos a hacer exámenes y tenía la entrepierna lastimada y estaba golpeada. Ella entrenaba, y el chico del gimnasio le preguntaba qué pasó y ella decía que se había caído de la escalera». Ese adversativo “pero” puede insinuar una posible explicación. Pero no justificación. El padre en eso fue contundente.

Análisis ad-hoc: los paratextos

Un detalle no menor dentro del contexto en el que es publicada la nota de Laje. Los titulares de varias de las noticias relacionadas con este editorial. Enlaces que se actualizan, pero que en su mayoría no cambia el eje informativo: las sexys del verano”. Repasemos algunas de ellas:

Las notas que «Te recomienda» Infobae, como relacionadas a este artículo, se titulan:

Antonela Roccuzzo lució su pancita en sus vacaciones en Rosario. Eso es una mujer plena: una madre casada con un multimillonario famoso y futbolista-Arana Dixit-;

Esto es lo que tu postura sexual favorita revela de ti, la ilustran con una imagen de Ninfomaníaca, la película de Von Trier, es decir, con una enfermedad. La mujer que goza el sexo, más allá de lo que revele de ti, es enferma;

Infernal: el topless incendiario de Sol Pérez. Claro que a veces, cuando conviene, la mujer es algo más que madre. Es también un culo o un par de tetas infernales.

El calor según Sol Pérez: sus mejores fotos de la temporada ¡Un fuego!. Una más del “hit del verano”.

En otras palabras, el mismo medio desmiente la hipótesis central del artículo que reza, en el primer párrafo, así: «Algo se rompió con el caso de Fernando Gabriel Pastorizzo, el joven de 20 años de Gualeguaychú que fue asesinado a balazos por Nahir Galarza, su novia, de 19. Ese algo son los fundamentos discursivos de una ideología que aleccionaba como dogma, desde cátedras, política y medios de comunicación, que la llamada «violencia de género» se circunscribía a situaciones en las que la mujer era necesariamente la víctima de un hombre violento».

Agustín Laje ignora u oculta que no solo de un hombre (en sentido genérico, claro) violento sigue siendo víctima. También de medios como el que lo publica. En este sentido, los argumentos a los que acude Laje para sostener su hipótesis de que el discurso feminista es radicalismo ideológico que funciona como dogma parecieran no defenderla. De hecho, no se refieren en absoluto a ella. Parecieran estar destinados a enumerar crímenes y posibles crímenes en donde las autoras son mujeres como validación de algo que él cree se está originando pero que, en efecto, es algo que preexiste y desde el cual él se para tanto teórica como moralmente, para reproducirlo: ese régimen que no quiere ceder ni ante la mayor de las evidencias: que el patriarcado es sinónimo de muerte.

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