A 40 años de la fuga de Horacio Maggio de la Esma, sus cartas, su coraje

    Fotografía cedida por Facundo Maggio. En ella se encuentra su padre Horacio Maggio, su madre Norma Valentinuzzi y él. En el borde derecho de la foto vemos una fecha, septiembre ’72, un mes después de su nacimiento.

    El 17 de marzo de 1978 el santafesino Horacio Maggio logró fugarse de la ESMA. Pudo reencontrarse con sus hijos y, además, enviar cartas denunciando la existencia de los centros clandestinos de detención. El 4 de octubre de 1978 fue asesinado por un grupo de tareas.

    Horacio Maggio nació en Santa Fe el 5 de enero de 1948, fue asesinado 30 años después. Estudio en el Nacional «Simón de Iriondo» y era delegado gremial en el Banco Provincial. En el 24 de diciembre de 1977 fue secuestrado y desaparecido. El 17 de marzo de 1978 logró lo que casi nadie pudo, fugarse de la Esma.

    La circunstancia fue azarosa, Maggio tomó la primera oportunidad que tuvo y la aprovechó, en todo sentido: con su fuga vinieron una serie de cartas en las que un detenido desaparecido relataba los horrores de la tortura y la muerte durante la dictadura. Maggio estaba en Capuchita, un altillo de la Esma donde los detenidos estaban encapuchados en una cuchas de dos metros por un metro, sobreviviendo entre sesiones de tortura. El 17 fue enviado fuera de la ESMA a comprar bolígrafos y papel. Buscó un negocio con puertas a dos calles. Dejó al soldado que lo vigilaba en una puerta, y se escapó por la otra.

    «Provincia de Buenos Aires, avenidas de noche, muchísima gente, un Renault 12 blanco, que se sube un tipo, y yo tenía 6 años, y de a poco me va cayendo la ficha, hasta que llegamos a la casa de Caseros, prenden las luces, mi viejo se arrodilla, nos abre los brazos, y salimos corriendo a abrazarlo después de año y medio de no verlo”. Así lo recuerda su hijo, Facundo Maggio, en los días de junio de 1978. Facundo y su hermana, María Eva, eran hijos de Horacio y de Norma Valentinuzzi, que desapareció el 11 de septiembre de 1979.  “Ella percibe una patrulla, le avisa a mi abuela, que la patota estaba afuera, que agarre lo que pueda, que es inevitable, que había que dejar la casa, así que ella sale, la secuestran ahí, mi abuela se da cuenta por el tiempo que pasa lo que había pasado, agarra lo que puede, le habla a mi abuela de acá, de Santa Fe, para que viaje allá, mientras nos deja con una vecina, y ya empieza a recorrer comisarías, se entrevista en la Catedral, imposible. Después volvemos acá y nos cría nuestra abuela materna”, recuerda Facundo.

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    Coraje y testimonio

    Durante su escape, Maggio repartió cartas a periodistas, diplomáticos y autoridades eclesiásticas denunciando la atrocidad.  Entre otros, esas misivas fueron recibidas por el embajador de Francia y Estados Unidos, Monseñores Raúl Primatesta y el santafesino Vicente Zaspe, la APDH, Amnesty Internacional, AFP y Associated Press.

    Maggio adjuntó mapas de la ESMA y del Casino de Oficiales. En sus cartas cuenta cómo lo torturaron durante 15 días y cómo lo revivieron cuando tuvo un paro cardíaco, para seguir torturándolo. Describe torturas con perros, describe los tabiques de las cuchas de Capuchita, describe las ratas.

    Luego describe cómo mataban a los desaparecidos. Primero los fusilaban, los metían en autos y quemaban el auto. Luego los ahorcaban en la ESMA y los tiraban al mar. Luego, se aplicaban somníferos y se los tiraba al mar.

    Maggio enlistó a algunos de los detenidos que estuvieron en la ESMA, entre ellos a las monjas francesas Alice Domon y Renée Duquet. Se detiene particularmente en los padecimientos de las religiosas y su desaparición. También en el caso de Dagmar Hagelin, a quien llama «la joven sueca».

    Cuenta Maggio que había cerca de 200 detenidos en el lugar en el momento de su escape, pero que había más de 600 cuando llegó. «A medida que llegaban los secuestrados se les colocaba un número. El mío era el 868, siendo el del Sr. Ahumada el 483 (secuestrado en octubre de 1976) y el de la Sra Arrostito el 121 (secuestrada en noviembre de 1976). Según lo que pude averiguar era la tercera vez que se repetía el N° 868 de octubre a febrero. El sistema que aparentemente usan es numerar a los secuestrados del 001 al 1000; terminado éste, vuelven al 001».

    Maggio también enumeró a los represores, con sus sobrenombres y sus rasgos: desde Jacinto Chamorro, que consideraba que había que matar un millón de personas para solucionar los problemas del país, al Tigre Acosta, pasando por Antonio Pernías y una larga serie de verdugos.

    Esas cartas fueron relevantes como prueba en los juicios de lesa humanidad. La fuga y la difusión de las cartas azuzaron a la patota. El Tigre Acosta comandó un extenso operativo de cacería hasta que lo mataron el 4 de octubre de 1978. El cadáver acribillado a balazos de Horacio Maggio fue exhibido a los detenidos de la ESMA, como un trofeo. Maggio tenía 30 años.

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