Entre el amor y los plazos que corren

El caso Kiki inundó los medios locales y tuvo eco nacional. ¿Cómo funciona el programa Familias Solidarias? Los adultos, protagonistas de un complejo proceso humano y político.

Cuando son los más chiquitos los que están en el centro de una controversia que alcanza a la opinión pública, las voces que se alzan oscilan entre lo establecido por las normas, la sensibilidad y las vivencias que hablan por sí solas. Esa instancia de fuerte polémica amerita echar luz sobre lo que se desea, lo que se puede y lo que se debe. Tal es lo que ocurre con la compleja temática de la adopción y los plazos que interfieren en el destino de los niños. Éste último factor es el punto crucial y así lo evidencia el resonante caso de Kiki, el niño de tres años que fuera acogido por la pareja de Sergio Gigliotti y Cristina Morla durante un año y siete meses en el marco del programa Familias Solidarias que coordina la Subsecretaría de los Derechos de la Niñez, Adolescencia y Familia de la provincia.

Como ya es sabido, la permanencia de un niño con una familia solidaria no debe extenderse más allá de seis meses. Sin embargo, en el caso de Kiki ese lapso se prolongó, la pareja debió entregar al nene a la Subsecretaría de Niñez y decidió pedir en la Justicia su restitución, cosa que les fue negada.

Los tiempos

A partir de la consulta de Pausa, el ministro de Desarrollo Social de Santa Fe, Jorge Álvarez, precisó que, hoy día, el total de las familias solidarias en la provincia es de 102 y las edades de los niños alojados por ellas van de seis meses a siete años. “Los tiempos se van cumplimentando acorde al programa y considerando los tiempos procesales de las judicaturas intervinientes dentro del Poder Judicial”, aseveró.

En relación con el caso de Kiki y la extensión de los plazos, el ministro comentó que “a lo largo de estos años sólo han llegado tres casos que incluye el actual, ya que otros casos directamente no fueron familia solidaria y esto sucedió antes de la reforma del Código Civil (en 2015). No es común que estas situaciones se den. Las familias solidarias son respetuosas de los tiempos que se trabajan, además trasmiten como adultos a los niños que ellos no son ni serán sus padres –enfatizó–, sólo acompañan el tránsito a dicho espacio”.

—¿El programa Familias Solidarias debe revisarse?

—Todos los programas y formas de pensar el proyecto de vida de un niño, niña y adolescente deben adecuarse a la complejidad del caso y a la subjetividad de los chicos. No se trata de ensayo-error, ni de resultados, sino de estrategias de intervención considerando la historia singular de cada uno de ellos.

—¿Dónde se alojan los niños y adolescentes que no son acogidos en familias solidarias?

—Los niños, niñas y adolescentes que forman parte del sistema de protección de derechos son acogidos en familia ampliada o de la comunidad; familias abiertas o bien en instituciones propias y conveniadas. En la ciudad de Santa Fe están alojados unos 365 niños en instituciones, a los que se debe sumar familias ampliadas.

Vínculos

La tarde en que Gigliotti y Morla se acercaron a la Casa Gris para entregar una nota con 124 mil firmas dirigida al gobernador Miguel Lifschitz, que respaldaba el pedido de restitución, el propio Gigliotti le manifestó a este periódico que “lo único que hicimos es ser familia solidaria y, tal cual establece el Código Civil, se tendría que haber resuelto en seis meses la vida de Kiki. Aquí pasaron casi dos años. También hay que entender que, por arriba de un programa, hay una ley nacional y hay un tratado internacional que hablan sobre los derechos del niño. Bajo eso está todo, sobre eso no hay nada”.

Consultado sobre por qué decidieron ser familia solidaria, el periodista aclaró: “Nunca quisimos adoptar, tenemos hijos. ¿Por qué nos inscribimos? Porque entre la posibilidad de que un chico esté seis meses institucionalizado y seis meses en el seno de una familia hasta tanto el Estado resuelva su vida, nos parece que no hay mucho para elegir”.

—¿Cumplidos los seis meses, alguna autoridad se comunicó?

—Todos los meses Cristina manifestaba su preocupación porque no se resolvía la situación. Si hubiéramos querido especular, hubiéramos callado y dejábamos que transcurran años y después hacíamos una presentación de guarda preadoptiva. No especulamos con la vida de Kiki porque lo amamos como a un hijo. Kiki durante casi dos años adoptó una familia. Algunos funcionarios dicen que son los adultos los responsables de crear estos vínculos. No, él decide que vos seas su papá y su mamá. Cómo hace un chiquito para no elegirte si estás todo el día con él, si lo llevás al jardín o a un club.

El caso Kiki, el niño que pasó casi dos años junto a la familia Gigliotti-Morla, demuestra la necesidad de revisar los plazos para la adopción.
El caso Kiki, el niño que pasó casi dos años junto a la familia Gigliotti-Morla, demuestra la necesidad de revisar los plazos para la adopción.

En ese sentido, Gigliotti hizo hincapié en que el menor se encuentra en la actualidad con otra familia solidaria en San Carlos, pero no es la familia que aloja a su hermanito de ocho meses. Sobre las intenciones de acogerlos a los dos, indicó que formularon presentaciones de guarda preadoptiva para ambos. Sin embargo, el 27 de febrero último, el Tribunal Colegiado de Familia Nº 3 rechazó la apelación de la pareja y respaldó a Niñez al considerar que ésta respetó las normas.

Rodolfo Di Terlizzi encabeza la Asociación Civil Niños Visibles y su nombre trascendió hacia 2012 por la tenencia de las mellizas Brisa y Victoria. Tras una extensa disputa, que llegó hasta la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe, la familia logró acoger a las hermanas. Desde su experiencia, y en virtud de los casos como el de Gigliotti, Di Terlizzi cuestionó “la ausencia del Estado”. En principio, cabe consignar que ante avasallamientos que los menores puedan sufrir en el marco de su familia biológica, debe intervenir Niñez. “A partir de ese problema social, el Estado prácticamente nunca articula todas las herramientas que tiene, todo lo que la ley obliga para cumplir con los plazos y los chicos no sigan siendo vulnerados y revictimizados”.

Di Terlizzi coincide con Gigliotti: “Los chicos te adoptan. Nunca fuimos familias solidarias y en su momento quisimos anotarnos para que las nenas no estuvieran separadas, desistir del pedido de guarda y no ser adoptantes. Pero una de las mellizas ya nos había adoptado, hacía tres años que había un vínculo. Para nosotros la prioridad siempre fue que estuvieran juntas. No nos permitieron ser familia solidaria y seguimos adelante con la guarda preadoptiva. Terminó con las hermanas recuperando el tiempo perdido porque el Estado las tuvo tres años separadas”.

Es difícil, pero…

Por su labor como trabajadora social, hacia 2014 Ludmila Rafalovich tuvo contacto con un bebé de cuatro meses que había sido abandonado por sus padres en el Hospital de Niños. Al sentirse “interpelada” por el eventual alojamiento del chiquito en una institución, decidió inscribirse en Familias Solidarias. “Me hicieron una serie de entrevistas y el proceso de evaluación concluyó con una visita. Lo que intentan evaluar es cuál es realmente tu deseo –subrayó–. Si tu deseo es ser padre o madre, no es para vos el programa”.

Pocas horas después fue notificada sobre una nena de un mes y medio que cargaba con un severo cuadro de salud y la acogió en su hogar. Si bien la joven no negó que el cambio de vida fue difícil durante todo el proceso, planteó que “más allá del duelo que uno tenga que hacer, como adulto tiene todas las herramientas para superarlo. Lo que me deja tranquila es que para ella fue muy bueno”, valoró y ponderó que “los padres adoptivos adoptaron a la niña con toda su historia” y le permiten seguir en contacto con ella. “Cuando veo hoy cómo está, pienso que si hubiera estado en una institución no hubiera sido de la misma manera. Las instituciones son necesarias, pero no se compararan con lo que el ambiente familiar puede significar en la vida de un niño”, esgrimió.

La niña –que permaneció con Ludmila durante un año y nueve meses, previo a la modificación del Código Civil, cuando el plazo administrativo era de un año y medio– pasó al estado de adoptabilidad luego de haberse intentado “revincularla con su familia de origen, aunque lamentablemente no se logró”. “Eso llevó un tiempo que para mí fue muy necesario. Se debe volver a intentar con la familia de origen, no sólo porque lo dice la ley. El último tiempo que estuve con ella yo estaba ansiosa para que se resuelva. Me encantaba tenerla, pero tenía miedo que pasara el tiempo y que fuese más difícil” para las dos.

Frente a la elocuencia del testimonio, devino la pregunta sobre la adopción. “Nunca pensé en pedir su adopción –respondió sin titubeos–. No era a lo que me había comprometido y siempre quise respetar el compromiso. No queda duda sobre que el programa es para alojamiento transitorio, después se pueden cuestionar los tiempos. Además, sé que hay familias que hace años están inscriptas para adoptar y no sería justo”.

Y concluyó: “Más allá de la angustia y de extrañarla, lo que me da tranquilidad es saber que ella está bien y que estuvo bien conmigo. Cuando me la dieron tomaba seis remedios y cuando se fue de mi casa ya no tomaba ninguno”.

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