Hijos de la memoria y la identidad

    Desde los 90, la agrupación Hijos es una referencia central del movimiento de Derechos Humanos. Valeria Silva y Guillermo Munné son dos de sus principales dirigentes locales.

    “Nos juntamos porque todos pasamos una misma situación traumática. Vivimos la desaparición de nuestros padres o su asesinato. Por esa cosa horrible nos juntamos. No es lo mismo que cualquier otro colectivo. En otros grupos nos reunimos los vecinos para que nos hagan una zanja. Acá lo que nos unió es parte de nuestra historia y es pesado y también tenemos que contenernos por eso”. Estas palabras corresponden a Valeria Silva, militante y referente de Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (Hijos) Santa Fe.

    Hijos es una agrupación que constituye al movimiento social que lucha por los Derechos Humanos en nuestro país. La fundación se remonta al año 1995: un grupo de personas, en diferentes puntos del país, hacían contención a hijos de desaparecidos y asesinados por la dictadura. Estas personas realizaban diferentes actividades como talleres, en donde los niños podían expresarse (en Córdoba este espacio se llamaba Taller Julio Cortázar, en La Plata, Taller de la Amistad). Tiempo después hacen un proyecto y una muestra de esas actividades y ganan un premio de Suiza. Con el dinero de ese reconocimiento deciden convocar a todos los hijos que alguna vez pasaron por esos talleres, en Cabalango, Córdoba, en abril de 1995, Semana Santa. Cuando los hijos se encuentran ahí, la situación los excede. Entonces se arma la sigla y todos se vuelven con la premisa de contactarse con los otros hijos de su ciudad.

    Lucila Puyol fue la hija de Santa Fe que asistió a este encuentro. Así lo recuerda, en una nota publicada en 2015 en Rosario/12: “En abril de 1995, hace más de 20 años, participé del Encuentro Nacional en el que nació la agrupación Hijos. Los y las hijas de desaparecidos, asesinados, ex presos políticos y exiliados de la última dictadura militar argentina nos organizamos y salimos a la calle bajo la consigna: Si no hay justicia, hay escrache. Habíamos crecido y aprendido de las mujeres más impresionantes de esta patria: nuestras Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”.

    Pausa habló con Valeria Silva y Guillermo Muné, ambos militantes de Hijos. Valeria es hija de Luis Silva, desaparecido en Morón en 1976, y de Nilda Noemí Elías, asesinada por la policía en la puerta de su casa en Santa Rosa de Lima, en 1977. Guillermo fue abogado querellante en la causa Brusa, el primer juicio de lesa humanidad realizado en la ciudad de Santa Fe. Desde entonces, participa militando en la agrupación.

    —¿Por qué surge Hijos en 1995, 12 años después de la vuelta de la democracia?

    —Valeria Silva: Tiene que ver con nuestras edades. Cuando surge Hijos nosotros teníamos entre 15 y 25 años. La mayoría éramos hijos de desaparecidos, asesinados, exiliados y ex presos de la última dictadura. Teníamos la edad para empezar a militar e involucrarnos más a nivel consciente. Empezamos a participar en principio con la necesidad de saber quiénes eran nuestros padres, más allá de los que nos contaba nuestra familia, y después con la necesidad de justicia.

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    —¿Cuál es el rol y los objetivos de Hijos?

    —VS: Los objetivos son en principio la justicia y la recuperación de nuestros hermanos y hermanas apropiadas. El rol, creo que tiene que ver con una cuestión generacional. En los 90 los organismos de derechos humanos tenían una dinámica y una forma de producir y de hacer política. Nosotros éramos más jóvenes y queríamos darnos otra dinámica e incluso queríamos ser protagonistas: no ser un grupo de apoyo o los que acompañaban a, sino también protagonizar esa parte de la historia porque nos tocaba de cerca: eran nuestros padres y madres.

    —¿Qué significan los conceptos de memoria e identidad y por qué piensan que es importante mantenerlos hoy en día?

    —Guillermo Munné: La memoria es parte de la identidad. No es posible una identidad con fuerza, que no se dé con una valorización de la trayectoria histórica con el señalamiento de aquello que resulta más importante, que no se puede abandonar, y aquello que es inaceptable. La memoria nos constituye, es saber quienes somos, quienes queremos seguir siendo. Y también implica un posicionamiento sobre hacia dónde vamos. Disputar el futuro, que no sea de los opresores. Entonces, ese es el sentido y propósito de la memoria. Uno de los objetivos de los genocidios es vernos condenados a la repetición de lo que siempre fue el mundo de los privilegios, de la desigualdad, de los explotadores. Por lo cual es una repetición permanente del presente más ominoso, y contra eso es que se pone el tejido y el corazón de la memoria. Por otro lado, no hablar de identidad sería uno de los triunfos del genocidio. Esa fue la pretensión. Su desaparición, borrar la identidad de los que pensaban distinto. El gritar en cada plaza “presentes”, es llenarnos de esa aspiración de justicia, de esa fuerza, por los mejores sueños de nuestro pueblo.

    —VS: Identidad nosotros lo aplicamos en muchas cosas. Cuando nacimos (Hijos), nosotros queríamos saber quiénes eran nuestros padres, los hijos que no fuimos apropiados. Teníamos un relato de la familia que nunca va a ser el relato político de quienes eran nuestros padres. Entonces nos preguntábamos en qué habían participado y porqué los habían matado. De alguna manera los fuimos construyendo, y los seguimos construyendo, y es parte de nuestra identidad saber que nuestros padres eran revolucionarios, que se plantaron frente al poder, que los mataron, los desaparecieron o los persiguieron por eso. Porque fueron, en ese momento histórico, peligrosos para el poder. Y eso nos llena de orgullo, porque no es fácil ser peligroso para el poder, el poder en el sentido de lo económico, militar: que maneja nuestras vidas. Ser peligrosos para ellos no es fácil y a nosotros nos llena de orgullo que nuestros padres hayan dado esa pelea, y eso lo tuvimos que ir construyendo. Los juicios nos han ayudado mucho también, construir nuestra propia mirada de nuestros padres. Y también tiene que ver con la búsqueda y la recuperación de nuestros hermanos y hermanas apropiadas. También tiene que ver con quienes somos como pueblo. ¿Somos un país que mira para otro lado, que piensa que por algo será? ¿O somos un pueblo que decide involucrarse, saber, cuestionarse si está bien o está mal que se hayan llevado a esta persona? Eso también es parte de nuestra identidad. Hoy nos quieren construir una memoria de la vergüenza, llena de subversivos y de guerrilleros. Por ahí la escuchás a la ministra Patricia Bullrich y quieren destruir la memoria de lucha: quieren decir que esa gente de la dictadura fueron personas que eran delincuentes, intentando desarmar una memoria de lucha, que en realidad eran un colectivo de jóvenes, que se enfrentaron al poder. Son dos memorias distintas, y entonces es importante tener bien clara la memoria, acordarse, no olvidarse. Porque hoy nos pasa de vuelta, que no nos acordamos. Y no es que alguna vez dejó de pasar, porque desde la dictadura para acá las fuerzas de seguridad no cambiaron en su matriz. No secuestran más a todos los militantes políticos, solamente a algunos. Pero sí las fuerzas de seguridad incorporaron la desaparición de personas como metodología y algo que antes de la dictadura era muy insólito hoy es cotidiano, hoy hay miles de mujeres desaparecidas, por ejemplo, en delitos donde participan las fuerzas de seguridad. No sé si son los únicos protagonistas, pero sí participan. Y eso es algo que ha pasado de la democracia para acá y que ningún gobierno ha podido cambiar: la matriz represiva de las fuerzas de seguridad, de tener una fuerza represiva y no una fuerza de seguridad, que son diferentes miradas de para qué están.

    Guillermo Munné. Foto: Mauricio Centurión.
    Guillermo Munné. Foto: Mauricio Centurión.

    —Guillermo, ¿cómo fue trabajar en la querella contra los genocidas?

    —GM: Hace 28 años que ejerzo la abogacía y también me desempeño en la investigación y la docencia en torno a lo jurídico y no pude haber tenido una tarea más significativa y más importante que poder ser partícipe de ese trabajo, por el cual la Argentina ha construido un recorrido excepcional en el panorama mundial. Poder ser alguien que también hace su aporte, y de algún modo se encuentra incluido en poder llevar adelante en los juicios, establecer los crímenes, los hechos cometidos por los genocidas, hacerles saber que este país quiere construir su vida social y política con la memoria de los compañeros y compañeras  que intentaron desaparecer para siempre. Esto es realmente lo más importante que me puede haber tocado ejerciendo la abogacía. Y eso siempre plagado con las emociones más profundas, que significa estar al lado en esas acciones, con las compañeras y compañeros que tienen un trabajo, un camino hecho ejemplar sobre el tema y que ponen allí el testimonio lleno de valentía y de compromiso con nuestra sociedad, haciendo que propongamos un país mejor, lejos de toda resignación.

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