Luche como una abuela

Desde temprano, pasamos el 24 de marzo junto a Otilia Acuña. Crónica del día, imágenes y un ejercicio de memorias cruzadas entre un jovencito de un pueblo de Corrientes y una luchadora Madre de 97 años.

“No sé mucho de mi padre, pero sé algunas pocas cosas fundamentales. Sé que tenia 22 años cuando lo secuestraron, sé que creía profundamente en su militancia, sé que lo guiaba el amor y sé que me amaba. También sé que mi deber de hijo es dejar que sus poemas sigan ese camino vital, por siempre joven, dejar que desde allí nos iluminen. Es que aunque el presente tenga por definición, o por falta de perspectiva histórica, una forma casi siempre incierta, sé que no hay futuro sin memoria, y sobre todo, sé que no hay futuro sin poesía”
Jorge Areta, hijo de Joaquin Areta, detenido desaparecido en 1978. Militante, Poeta de Monte Caseros, Corrientes.

Otilia (1)

Otilia Acuña tiene 97 años recién cumplidos, seis hijos, catorce nietos, siete bisnietos y cinco tataranietos. Hace un poco más de 40 años vio cómo los militares asesinaron a su hija, Nilda Elías, en la vereda de su casa. Pidió por favor “No la maten, tiene un hijo de cuatro meses”. Ese dolor convertido en una incesante lucha fue fundante para que Otilia pasará a ser madre de todxs, Madre de Plaza de Mayo, y que hasta hoy nos demuestre que la memoria, entre otras formas, camina hacia adelante.

El 24 de marzo, Dia de la Memoria por la Verdad y la Justicia, es uno de los días que más ansiedad y tristeza causan en Otilia. “Duele, pero hay que estar, luego calma el dolor” dice. «Desde las 8.00 que está pronta, mirando por la ventana, esperando que la vengan a buscar para ir al cementerio» dice Marcelo, el hijo que convive con ella en su casa de Santa Rosa de Lima.

Oti, como la nombran sus cercanos, pide que le alcancen su bolso negro y saca de ahí su pañuelo, lo extiende mirándolo y se lo apoya en su cabeza y hace un nudo por debajo del mentón. Una vez que termina nos queda mirando mirarla mirar y dice «¿Vamos?».

libreta roja - Joaquin Areta

Hace varios años, me llegó el libro Siempre tu palabra cerca de Joaquín Areta, poeta detenido desaparecido de Monte Caseros, Corrientes, el pueblo donde nací. Fue el regaló del padre de un amigo, cuando escuchó que quería saber sobre los desaparecidos de Monte Caseros. Tenía 18 años, la dictadura era algo que visto en la televisión, o que alguna maestra alguna vez dijo que no debería pasar. Los pueblos a veces se impermeabilizan ante los hechos y luego evitan recordar, la memoria se practica o se atrofia.

Joaquín tenía 22 años cuando lo desaparecieron en La Plata, Buenos Aires. Hasta esos días escribía anotaciones políticas y poemas en una libreta roja de líbreria marca Apuntes. Esa libreta fue conservada por su compañera Adela Segarra durante 30 años y hace siete fue publicada entera bajo el nombre Siempre tu palabra cerca, con dos prólogos hermosos escritos por ella y su hijo Jorge.

Otilia (2) Otilia (3)

Otilia se levanta con ayuda de su nieto, Alejandro, quien notablemente heredó el humor y la sonrisa de su abuela. Pide caminar hasta el vehículo y que guarden la silla de ruedas en el  baúl. Detrás de la remera de Alejandro dice «Hijos e hijas, por la identidad y la justicia, contra el olvido y el silencio».

Otilia (4)

Otilia va mirando por la ventana como por primera vez. Nombra las cosas que se modificaron en estos años en las calles recorridas, se sorprende por lo nuevo y por lo que persiste. Pregunta si su nieta Vale estará en el Cementerio, le responden que sí, que allá hay varios que están esperando para llevar las flores y regar unas palabras.

Otilia (5)

Era verano del 2012, estaba de visita en Monte Caseros, luego de una sobremesa de recuerdos, pido leer un poema que un padre había dedicado a su hijo, al finalizar digo «Joaquín Areta, poeta, detenido desaparecido de Monte Caseros, Corrientes». La mirada de mi padre corta el ambiente creado por la poesía. Sorprendido lanza la pregunta “¿Joaquín desapareció?». La memoria, entre otras cualidades, es amiga fuerte de la verdad y enemiga de lo oculto.

Mi hijo- libreta roja- Joaquin Areta

Te debo poemas,
que nunca te compuse,
y que son tuyos, como yo.

te debo un poema,
un ejemplo, un empujón;
no haber dicho, por ejemplo
lo inmenso de tu presencia,

te debo las palabras
y mi alegría

te debo algo hijo,
mucho más que un poema,
la esperanza.

Joaquín Areta. «Una deuda». Siempre tu palabra cerca

Otilia (6) Otilia (7) Otilia (8)

Mirame, aquí estoy,
el viento, el mar, el fuego
el amor, la lealtad, la traición
marcaron mis entrañas.

mirame, aquí estoy
queriendo dejar huellas plantales en la historia.

Mirame aquí estoy.
Buscando el cielo
desde la noche oscura.

Joaquín Areta. Siempre tu palabra cerca.

Otilia (9)

Salimos del Cementerio, en la camioneta van Otilia, Alejandro y Valeria, sus nietos, y Guillermo, abogado de HIJOS y compañero de Valeria. Vamos hacia el acto por la memoria en la ciudad de San José del Rincón, el viaje permite contar anécdotas y mantener el fuego de la memoria atento. Cuentan entre risas que hace unos años Otilia hizo un “escándalo televisivo” porque no la llevaron al acto de Rincón. “Ella saca fuerzas y quiere estar en todos lados”. «Una vez llamó para que la llevara a la Carpa de los Maestros, y como estaba lloviendo y ella ya está grande le dijimos que era mejor quedarse, que quizás se suspendía. Ella respondió que sí, que está bien. Al otro día mirando fotos la vemos que estaba con un paraguas en la carpa», recuerda Valeria.

«¿De dónde sos?», preguntan por mi tonada. «De Monte Caseros, Corrientes», les digo, y cuento la anécdota, inevitable en ese momento, de Joaquín. Luego de un silencio Guille dice «Claro, el del poema que leyó Nestor, Quisiera que me recuerden”.

Quisiera que me recuerden
sin llorar ni lamentarme.
Quisiera que me recuerden
por haber hecho caminos,
por haber marcado un rumbo,
porque emocioné su alma
porque se sintieron queridos, protegidos y ayudados.
Porque interpreté sus ansias, porque canalicé su amor
Quisiera que me recuerden
junto a la risa de los felices,
la seguridad de los justos, el sufrimiento de los humildes.
Quisiera que me recuerden con piedad por mis errores,
con comprensión por mis debilidades, con cariño por mis virtudes.
Si no es así, prefiero el olvido,
que será el más duro castigo por no cumplir mi deber de hombre.

Joaquín Areta. «Quisiera que me recuerden». Siempre tu palabra cerca

Otilia (11) Otilia (10a)

El acto fue cálido, las palabras de los familiares y el sostén del arte hicieron de este día un festejo a la lucha. Otilia regó una planta como acto simbólico y cuando le ofrecieron el micrófono reafirmó “Voy a decir lo que siempre digo, la lucha que se pierde es porque se abandona, no abandonemos”.

Otilia (12)

Pasadas las 13.00, Otilia volvió a su casa para almorzar y dormir una siesta. Aún quedaba marchar y asistir al acto en la ciudad de Santa Fe.

Otilia (13)

Otilia es la persona que mayor asistencia tiene en los juicios por los delitos de lesa humanidad en el Tribunal Oral de Santa Fe. Asiste también a las marchas de docentes, su hija era maestra, y el 8 de marzo se movilizó  junto a las mujeres.

Otilia (14)

De la curiosidad,
de su mundo nuevo,
de su aprendizaje,
de su sorpresa,
de su cariño, surge.

cuando estalla y se derrama
es como el agua para el sediento,
la muleta para el rengo,
o el castigo para el vil,
indispensable.

y está allá,
fresca, espontanea, inasible,
para los hombres justos,
su sonrisa de pequeño león.

Joaquín Areta. «La sonrisa». Siempre tu palabra cerca

Otilia (15) Libreta roja - Joaquin Areta - contratapa

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