Solo llamo para pedir la baja

Solo llamo para pedir la baja

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Recién llamé para darme de baja a Cablevisión/Fibertel. Hace 11 años soy cliente de la Corpo y, honestamente, nunca tuve problemas con el servicio, amén de quedarme sin internet algunas pocas veces. Pero estoy pagando una cuota que me parece cara en relación al servicio ofrecido y, además, miro casi nada de tele, así que también es un gasto inútil. Y me llegó un folleto con una promo desde otra empresa, así que matanga dijo la changa.

Yo trato, les juro por mi gata, hasta el último instante, de no perder la cordura con los vendedores telefónicos porque no quiero alentar nunca a la guerra de pobres contra pobres y porque sé que ellos, además, pierden comisiones si se les va un cliente. A veces puede fallar, dijo Tu-Sam. Hoy falló.

Después de ser derivado a 4 áreas diferentes, me atiende Emiliano. Por cuarta vez comentó, ante su pregunta, que me quiero dar de baja porque el servicio me resulta caro y no puedo ni quiero pagarlo. Me ofrece un descuento del 30% en la cuota mensual. Le digo que me sigue pareciendo caro. Estimo que él creyó que estaba yo negociando algún descuento porque después que le dije que me iba a pasar a una empresa que me cobraba mucho menos, me ofreció el 50%. Mentira, no era del 50% porque si no debería haberme dicho que iba a pagar $800 menos de los que pago, y solo me dijo iba a pagar $400 menos.

Me dijo que para qué arriesgarme a contratar un servicio que podía ser de menor calidad, y le dije que porque el dinero ya no me alcanza para sostener el estilo de vida al que el kirchnerismo me había malacostumbrado, así que mi vida iba a perder calidad. Que prefería renunciar a la televisión antes que a la cerveza artesanal.

Me insistió con algo que yo ya no estaba escuchando. Le dije que no se lo tomara mal. Que no era algo personal ni con la empresa. Que me estaba haciendo perder el tiempo. Que yo le estaba haciendo perder el tiempo a él, porque capaz en vez de querer convencerme de algo que no me iba a convencer podía estar vendiendo otro plan y ganando plata.

No había caso, Emiliano estaba empecinado. O, en verdad, lo empecinaron a él que, seguramente, también pensaba “qué manera de perder el tiempo… si no me estuvieran grabando, putearía a la empresa como vos, Ramiro”.

“No miro televisión”, le dije ya con la mano tapándome los ojos. “Bueno, te puedo ofrecer un plan de intern…”, sonaba el cassette cuando interrumpí diciéndole: “Emiliano, me estás haciendo pasarla mal”, y no mentía.

Él necesitaba un porqué. Me lo hizo saber. Necesitaba que yo le dijera algo que fundamente mi baja, como si con todo lo dicho no alcanzara. No, él necesitaba agotar el manual de respuestas frecuentes para el cliente insatisfecho. Entonces le dije: “Porque son una empresa de Clarín, ¿contento?” También hubo una respuesta: “Pero usted es cliente de Clarín desde hace 11 años.” ¿Me creen si les digo que tuve que aclararle que le estaba mintiendo? ¿Y si les digo que para eso él también tuvo una respuesta? “Entonces, si me miente no voy a saber qué poder ofrecerle.” Ahí me di cuenta de que éramos dos los desesperados.

Me quedé callado. No respondí más. Iban 6 minutos de conversación. Estaba angustiado. Me sentí triste. Cuando Emiliano preguntó si todavía estaba en línea, le rogué por favor que me tomara la baja. Que hiciera el trámite. “Pero…”, con tibieza amagó él. No respondí. “Te paso a la encuesta”, y el silencio se prolongó dos minutos más.

Emiliano nunca me despidió. Eso es lo que menos me importa. En su lugar, yo me hubiese mandado a cagar. Nunca me confirmó si me había dado la baja. Si me había realizado el trámite. Antes de empezar la encuesta, corté. Tuve que volver a llamar.

Esta vez me atendió Alberto. Fui categórico: “I just call to say ¿me dieron la baja?” Afirmativo. Nos despedimos con un “que tengas un buen día”. Me mandó a la encuesta. No la quise responder. Hubiese sido una persona inmunda. Una persona que no quiero ser. No quiero que me contagien. Emiliano no tiene la culpa. No creo que se levante todos los días a las 6 am contento de ir a aguantar gente que se cree con derecho a maltratar porque paga una cuota de internet. Seguro Emiliano la pasó igual o peor que yo hablando conmigo. Es decir, haciendo el trabajo sucio por otros que nunca ponen la cara.

Y todavía me queda llamar a Personal.

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