Querelle Delage habla de todo, sin medias tintas, con su mente rápida y su lengua precisa.

Es una de las artistas más versátiles y multidisciplinarias de la ciudad, pero su carrera crece y se afianza, sobretodo, fuera de ella. Dos filmes que hoy recorren festivales del mundo y pantallas nacionales, la tienen en sus elencos. Hace pocos días terminó el rodaje de Matar al dragón, una nueva película con Guillermo Pfening, Justina Bustos y Luis Machín. Todo en Buenos Aires. “Los porteños me adoran y viceversa. Lamento cumplir con la maldición del refranero popular pero soy una más que no es profeta en su tierra. Con tantos directores talentosos y creativos que hay en Santa Fe y, salvo honrosas excepciones, ninguno, aparentemente, se siente a la altura de tenerme frente a cámara. ¿Será por falta de ideas, prejuicios o qué? Misterio”.

Un director que no tuvo ni miedo ni prejuicios para trabajar con Querelle fue Fernando Birri, con quien la actriz forjó un fuerte vínculo.

—¿Qué significó en tu vida?

—Nos conocimos en la casa de unos amigos en común hablando de lo mucho que nos gustaba Avatar, de James Cameron. Al tiempo, me eligió para que sea una de las encarnaciones de Mefistófeles para su versión de El Fausto Criollo. Siempre muy cariñoso conmigo: un niño muy enorme volando con sus alas de libertad. Un día, le llevé un libro de su autoría para que me lo firme y dedique; cuando vió que era una primera y antigua edición, me preguntó: “¿De dónde lo sacaste?”, y le respondí: “Lo robé de una biblioteca”. Me agarró suavemente el hombro y me dijo: “Ahora sí que está en buenas manos”. Así de inmenso y geniecillo indomable era Fernando Birri, el maestro inolvidable.

Entre el Fausto Criollo y Mefistófeles, y Matar al dragón y La Hilandera, Querelle está haciendo diabluras en la pantalla grande nacional y no parece casual.

—¿De qué va Matar al dragón?

Matar al dragón está basada en una pesadilla de Diego Fleischer, que escribió el guión, y la película fue dirigida por Jimena Monteoliva. La historia comienza cuando una nena de cinco años, Elena, es secuestrada y confinada a un submundo dominado por una bruja conocida como La Hilandera. Mi personaje es justamente La Hilandera, un ser infernal que secuestra niñas para elaborar una poción con la sangre de ellas, una droga para tener a todos bajo sus dominios. Matar al dragón se centra en el personaje de una de las niñas secuestradas por ella para tomar venganza del mundo que la enterró.

—¿Cómo llegó a vos este proyecto?

—Con Diego Fleischer cursamos juntos el taller de cine de la UNL que encabezaba Raúl Beceyro, hace unos años. Un día de 2017 me llamó para contarme una pesadilla nocturna que había tenido, que decidió transformar en una historia para la pantalla grande. Dentro de ese sueño inquietante se materializó mi presencia. Me envía el guión, lo leí de un tirón y me dijo: “El personaje de La Hilandera tenés que encarnarlo vos”. Como todo lo que escribe Diego me eleva y sus mundos ficcionales me teletransportan hacia otras realidades, le dije SÍ, así con mayúscula.

Matar al dragón se rodó íntegramente en Buenos Aires y su estreno está previsto para el próximo año. Pero en este 2018 Querelle ya tuvo dos apariciones más en la gran pantalla: en febrero se estrenó la comedia pistolera narcótica Mala vida,  con “un multielenco que incluye en el combo delirante a Ana María Orozco; sí, Betty, la Fea”, cuenta Querelle. Además, en una nueva edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), se estrenó Y abrazáme, dirigida por Javier Rao, “cine de terror del bueno hecho en Argentina, que ya hizo escala en dos festivales internacionales: Sitges –la meca del cine fantástico– y en el Imagine Filme Festival”.

Querelle junto al maestro Fernando Birri durante el rodaje del Fausto Criollo.

Como si todo eso no fuera suficiente, Querelle también se proyecta en la pantalla chica: “Estoy grabando un programa televisivo de entrevistas sobre temáticas relacionadas con la diversidad sexual que no veo la hora que salga al aire así nuestras voces tan silenciadas e invisibilizadas tiene su espacio de difusión masiva”, cuenta entusiasmada. “Tampoco me quiero olvidar de aquellxs que año trás año me invitan a formar parte de la programación de distintas emisoras de radio y de quienes aprecian mis textos y me convocan para publicarlos en distintos medios gráficos. Si el trabajo es dignidad y un derecho humano para todos, todas y todes; primero, ¡paguen!”.

—¿Cuál sentís que es el ámbito en el que más podés explorar y explorarte como artista?

—Ni explorar ni explorarme: ¡explotarme! Y que todas esas esquirlas creativas me nutran y que los daños colaterales sean pura evolución artística. En mi ADN actoral contengo toda la información y formación que mis maestros me legaron, más ese plus que ninguna escuela te otorga, eso inexplicable que palpita y que se tiene o no, y que manifiesto en todos los formatos que se me presenten como desafíos: televisión, cine, radio, gráfica, teatro y canto, me encanta cantar. A veces siento que mis capacidades están desaprovechadas porque no soportan que sea tan tanto en tantas disciplinas. Los grises salieris con su envidia son las polillas del talento. Raid etiqueta negra para todxs ellxs.

—¿Cómo ves la escena artística/cultural actual de Santa Fe?

—Hay una amplísima diversidad de manifestaciones artísticas y eso se celebra; pero no veo que trans y travestis sean convocadxs a participar activa y asiduamente en proyectos. Gays y lesbianas a rolete ocupando cargos y espacios relacionados con la cultura, pero lxs chicxs de nuestro colectivo, bien gracias. Se llenan la boca con discursos inclusivos e integradores pero ¿creen? que solamente nuestros territorios son los de la peluquería, la repostería y el corte y confección –todos ellos oficios honrosísimos– pero sin nosotrxs adentro poblando con nuestros cuerpos vivenciados no hay sociedad plural real. Les guste o no, lo trav/trans es cultura. Más inclusión y menos hipocresía sería parte de la solución.

Ubicando viejos chotos

En 2015 Querelle fue parte de la miniserie Historia de un clan, donde grabó una recordada escena junto a Tristán, quien recibió al año siguiente un Martín Fierro por su trabajo. Luego de esa premiación, Tristán se despachó contra su compañera de elenco con frases despectivas, refiriéndose a ella en masculino. Querelle no se quedó callada, obvio. Y este verano, otra actriz de la serie, Rita Pauls, denunció haber sufrido acoso por parte de Tristán. Querelle salió a bancarla y, a ambas, una de las protagonistas de la tira: Cecilia Roth.

—¿Cómo ves este momento en el cual se están comenzando a denunciar este tipo de hechos?

—Este año, el fachocómico Tristán resucitó en modo zombie como diarrea estival para seguir reafirmando públicamente lo más nefasto y execrable de todo machista/transfóbico: existir como tal. El invencible poder de lo femenino, históricamente en ebullición constante, que flamantemente pone en marcha su aguerrido batallón de luchadoras no se calla nunca más. Corrió y corre mucha sangre como para quedarnos de tetas cruzadas ante semejante violencia y barbarie perpetrada por los machitos flácidos de cerebro y flojos de papeles en su triste rol de “sexo fuerte”. El varón, en su más rancia acepción, está acorralado en su ignorancia y estupidez, herido de muerte, y lo sabe. Les llegó la hora, y eso los desespera como género en decadencia, que si no evoluciona de manera integradora y persiste, resiste e insiste con su modus operandi y con la misma puesta en escena arcaica de siempre, no tiene otro destino que el de huevo frito en la cadena biológica/sociológica de las especies. Chicos, a bancarse la (r)evolución que es bien nuestra.

Un clima de época opone resistencia a los avances de los cuerpos y sexualidades diversas: este año ya hubo dos transfemicidios en Santa Fe y un bar se amparó en el “derecho de admisión” contra personas que no encajan en la cisheteronorma. En el país, una mujer está procesada por besar a su esposa en el subte y más de una pareja de varones ha recibido golpes y amenazas en plena calle. Mientras tanto, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación dice que “la heterosexualidad es parte de la diversidad sexual” y hay que visibilizarla.

—¿Estamos en un momento de retroceso o nunca estuvimos tan avanzados como habíamos creído?

—Santa Fe es una provincia pionera en políticas de diversidad sexual, pero vive en permanente contradicción a la hora de aplicar medidas que son de suma urgencia para una inclusión real que beneficie concreta y plenamente a la castigada e invisibilizada comunidad trans. Cobertura en salud, trabajo digno y productivo, educación y vivienda; cuentas pendientes a reparar ya. Aquí, en la capital de la provincia, hace años que el proyecto de cupo laboral trans duerme cajoneado por desidia, inoperancia y juego de poderes a raíz de las peleas internas entre lxs concejales de los distintos partidos políticos. Eso habla claramente del espíritu transfóbico y reaccionario de algunxs de nuestrxs “representantes”. Mientras tanto, en pleno siglo XXI, las distintas caras de las violencias son las que nos siguen excluyendo, discriminando y matando.

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