Durante esta década que cumplió el periódico Pausa pasaron muchas cosas en tiempo récord. Se dijeron muchas otras también. Políticos, sindicalistas, periodistas, vedettes, deportistas y otras especies mediáticas salieron a decir cualquier cosa.

De todo eso trata, me parece, esta edición especial del periódico. Yo solo me ocuparé de lo que dijo “la gente común y corriente”; el “ciudadano que paga sus impuestos”. El famoso sentido común, el más fácil de los sentidos; la opinión pública, que no es más que la opinión de los poderosos pero en la voz de los débiles. ¿Qué fue común escuchar estos diez años en la calle o en la despensa de la Carmelina? Y que haya sido común, ¿significa que por eso es verdad? No, mi amigue. Una cosa no implica la otra. Así que como el periodismo es el oficio de testimoniar “la verdad”, veamos qué tan verdadera es esa cosa que “se dice”. Y si por si acaso no llegara a serlo, déjeme decirle que, entonces, por más que sea su opinión, no tengo porqué respetarla, ya que es falsa o una mentira.

• El campo somos todos. Ok, genial… pero que yo sepa a mí Grobocopatel no me deposita una vez al mes parte de los millones que gana en mi cuenta sueldo, eh. Tampoco encuentro la escritura de las hectáreas que me corresponden de los campos de Alfredo De Ángeli, che. Así que el campo seremos todos, pero es de algunos pocos. Ah, y mientras “al campo” les quitaron retenciones y no se obliga a los grandes exportadores a liquidar sus ganancias, a mí me aumentan las tarifas y si me va más o menos bien me cobran el impuesto a las ganancias.

• Acá nadie quiere laburar. El famoso garralapala, decimos los que nunca hombreamos bolsas en el puerto. Ya que estamos en la gestión del sinceramiento: ¿a quién le gusta laburar? ¿Quién prefiere laburar en algo que no le gusta, por poca plata, en vez de estar en las Bahamas, gracias a haberse ganado millones de dólares en el Quini 6? O gracias a la especulación financiera.

• Se embarazan para cobrar el plan. Desde que la AUH  se otorga por decreto (2009), la tasa de natalidad en Argentina… disminuyó: en 2010 fue de 18.15% y en 2015 fue del 17.36%. Tampoco se corrobora un aumento en el número medio de hijos por mujer (2.3) y la gran mayoría de titulares de la AUH (casi el 80% en 2016), tienen solamente uno o dos hijos a cargo… solo el 2.4% tiene cinco.

• Quieren abortar para poder coger con cualquiera. ¿Pero cómo? ¿No era que querían quedar embarazadas para cobrar el plan? Miren, hagámosla corta: quieren legalizar el aborto (ni siquiera dicen estar a favor del aborto como práctica) porque hoy, en Argentina, es ilegal no querer ser madre. Y para no morirse por no querer serlo. Y además no quieren obligar a nadie a abortar.

• La yegua se robó un PBI. ¿A cuánto equivale el PBI de la Argentina? En 2016 fue de 544.500 millones de dólares. Para alcanzar esa cifra hay que juntar la riqueza de siete Bill Gates, el hombre más rico del mundo y cuya fortuna, según la revista Forbes, es de 80.000 millones. O bien, juntar toda la tarasca de los diez tipos más ricos del mundo y recién ahí superaríamos la riqueza de CFK. Ustedes me dirán que la tiene fondeada en la bóveda de su casa. Lanata no pudo demostrarlo. Y supongamos que la tiene blanqueada gracias a testaferros. Bueno, entonces empecemos a pensar que Bill Gates y los otros nueve billonarios que le siguen en el top 10 de la Forbes son los testaferros de Cristina. O sea que la chorra es dueña de Microsoft, Facebook, L’Oreal y Wal-Mart, entre otras cosas. A todo esto, Cristina nunca fue tapa de Forbes… Sin embargo, hay un CEO argentino que sí: Marcos Peña.

• Los derechos humanos son para los delincuentes. Cortita y al pie: solo por el hecho de haber nacido humano/a se poseen y son útiles a los fines de garantizar las condiciones mínimas e indispensables de vida. O sea, si no te caben los DD.HH., replanteate seriamente si sos humano/a.

La lista es casi inagotable. Hay para todos los gustos. Pero el blanco de la opinión pública siempre es el mismo: el desprotegido, el débil, el postergado. El que poco puede defenderse. El que nació dos goles abajo. El que tiene todas las de perder casi siempre. El que solo cuenta con el Estado de derecho para tener la garantía de que no lo van a atropellar. Porque si no gobierna el derecho, lo hace el privilegio. Por suerte existe desde hace diez años este periódico para denunciar ese sentido común misógino, xenófobo, racista, homofóbico, clasista. Este periódico que muchas veces he llamado el pasquín de las desgracias, pero que en verdad es el pasquín de los/as desgraciados/as. Y celebro que me cuente de su lado.

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