El cineasta que da su testimonio

El cineasta que da su testimonio

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El aborto, los agrotóxicos, el neoliberalismo y el extractivismo. La hora de los hornos. Pino tocó todos los temas. Foto: Gabriela Carvalho.

El senador Pino Solanas habla de su trayectoria y su último film: Viaje a los pueblos fumigados.

El cineasta Fernando “Pino” Solanas pasó por Santa Fe para presentar su última realización: Viaje a los pueblos fumigados, un documental que trata sobre el uso de herbicidas tóxicos y la tala indiscriminada de bosques que requiere el actual modelo agrícola. En diálogo con Pausa, reflexiona sobre su vida de militancia y repasa su obra dedicada a la denuncia de las políticas económicas neoliberales.

—¿Qué podría decirnos sobre su última película?

—El foco está puesto en las consecuencias sociales y sobre la salud de la población del modelo de producción de escala con transgénicos y agrotóxicos. Me motivó haber hecho esta película haber recibido muchas denuncias en la Comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Senado de la Nación. Me dí cuenta de que no era suficiente los materiales escritos, que era necesario hacer una película. En ese sentido, el tema no está tratado en sus múltiples facetas. Porque por un lado, está el problema de la producción en escala, la agroindustria con transgénicos y los herbicidas tóxicos; por otro lado, está el ciclo económico que significa esto: hiperconcentración de la tierra, monocultivo, deforestación. Este extractivismo en escala, lejos de democratizar el modelo agrario, ha profundizado la concentración.

—Este modelo de producción agropecuaria ha trascendido todos los gobiernos. Comenzó en 1996 con la aprobación de la soja transgénica por parte del entonces secretario de Agricultura, Felipe Solá, y a partir de ahí continuó en todos los gobiernos…

—Así es… y hoy se sigue profundizando. Este gobierno está ejecutando uno de los proyectos más cínicos que yo recuerde en la política argentina. La idea de desarrollarte pidiendo plata prestada no resiste el menor análisis. No se pueden entender los votos que han tenido este grupo de muchachos ignorantes sin el rol de los medios de comunicación, que le contaminaron la cabeza la mayoría de los argentinos. Porque este tipo de proyectos vienen enmascarados, como eso de la “nueva derecha”. Pero… es bueno lo que recordás, porque los males de la Argentina de hoy en buena medida son la consecuencia de la década del 1990, de esa república neoliberal. Nos prometieron que iban a llover dólares y que se iban a multiplicar las fuentes de trabajo. Pero en realidad lo que vino fue una etapa salvaje de privatizaciones y el desguace del Estado de bienestar. Y ahí también se fue configurando este modelo agroexportador de transgénicos que llega hasta estos días, donde nos gobierna una nueva alianza conservadora conformada por los grandes grupos económicos, las empresas mediáticas y las entidades financieras-bancarias.

“Este extractivismo en escala, lejos de democratizar el modelo agrario, ha profundizado la concentración”

—En sus películas se evidencia la elección de temáticas vinculadas a la producción de energía, como el fracking, la megaminería o el petróleo, y esta última está dedicada a las consecuencias del actual modelo de producción agrícola, ¿a qué se debe la elección de esos temas?

—La realidad me va dictando los temas de mis películas. Las primeras fueron para testimoniar lo que había pasado en la década de 1990: Memorias del saqueo explicó el desembarco de la república neoliberal y La Dignidad de los nadies recoge el testimonio de cómo vivieron las víctimas de ese modelo. Luego, Argentina latente es para recuperar los saberes argentinos, porque existe mucha subestimación de nuestras capacidades. Esa película es una suerte de homenaje a los miles de maestros, profesores y científicos anónimos que, a pesar del maltrato gubernamental y los malos presupuestos, siguieron desarrollando sus proyectos. Y después en las otras películas el foco estuvo en la generación de energía y la destrucción del medio ambiente: Tierra sublevada y La guerra del fracking. Todas ligadas al modelo energético: minería y petróleo. Actualmente el 90% de la energía que producimos es fósil, es las más contaminante. Si Argentina no discute el modelo energético, no salimos. Hay que transformarlo y hacer un fuerte giro hacia las energías limpias y renovables. Viaje a los pueblos fumigados trata otro tema central del país.

“No se pueden entender los votos que han tenido este grupo de muchachos ignorantes sin el rol de los medios de comunicación”

—¿Hay alternativa a este modelo de monocultivo de soja transgénica y pueblos fumigados?

—El país tiene que definir su perfil en el mundo. Yo lo veo como un velero que lo lleva la corriente de un lado y a otro. Tiene que definir estratégicamente un perfil para el futuro, con las potencialidades agrarias que tiene. Argentina no va a poder dar satisfacción a las necesidades de bienestar de sus mayorías si no cambia de modelo. En primer lugar, no puede seguir envenenando a la población. Yo en esta película doy testimonio de que buena parte de la población está contaminada sin saberlo. Son pequeñas contaminaciones que todos los días se van sumando, que generan enfermedades funcionales o casos más graves, como malformaciones. Argentina tiene que ir hacia la ecoagricultura. Hoy en el mundo crece la demanda de alimento sano y natural. Nosotros tenemos todas las condiciones para hacer eso. Por eso el primer mito que hay que derribar es que la ecoagricultura no puede producir en escala.

El cine y la militancia

—¿A qué se debe su elección por el cine?

—Desde chico me busqué en varias cosas: empecé siendo músico, estudié composición y piano. Pero después me fue seduciendo el cine porque es el medio de expresión más completo que existe. Por ejemplo, un libro siempre tiene mucha más información. Pero lo que no tiene el libro son las emociones. Cuando uno va leyendo, algunas cosas se retienen, otras se van. Faltan las imágenes. En cambio el cine es un vértice donde concluyen casi todas las artes, junto con la reflexión y la literatura dramática. Y digo el cine, no la televisión. Porque una pantalla chica ya no es cine. Cualquiera que hace una película, se plantea un plan visual: la escala entre el individuo y el paisaje, etc. Entonces en la pantalla grande ves cosas que es imposible que verlas en la computadora o el celular. Hay dos aspectos fundamentales del cine: uno es poder compartir con otros la proyección y el otro es que el impacto emocional es tan grande que te mete dentro de su universo.

—Desde sus comienzos ha relacionado su militancia con la realización de películas. De hecho, su primera película La hora de los hornos marcó a una generación y el espíritu de la época.

—Bueno, cuando la hacía no tenía conciencia de la repercusión que podía tener. Pero era consciente de que estaba intentando hacer un ensayo escrito en película. Es decir, dividida en partes, en capítulos, con citas de autores, con testimonios y análisis. Yo me había formado para la ficción y nunca pensé que mi primera película iba a tener una fusión de géneros como fue esa.

El debate sobre el aborto

—¿Cuál es su postura como senador nacional del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo que ya tiene media sanción en el Congreso?

—Yo me he pronunciado siempre sobre este tema. Pero no hay que plantearlo en términos de si estás a favor o en contra del aborto, eso me parece una enorme trampa. Por un lado, como legislador, yo represento a una fuerza política compuesta por personas que comparten los lineamientos de Proyecto Sur, pero sus orígenes son plurales. Entonces coincidimos en muchos temas de la política económica y social, pero en este tema es más difícil porque atraviesa todo orden religioso, ético y moral. Yo, personalmente, creo que de ninguna manera se le puede quitar la decisión de tener un hijo o no a una mujer. Esto es un tema de decisión. Yo no creo en los hijos por accidente. Los hijos tienen que ser hijos deseados para que sean lo suficientemente queridos y puedan sobrevivir en un mundo que es un infierno.

—¿Cree que hay posibilidades de que se apruebe?

—No lo sé, creo que sí. Depende de la presión que ejerzan los distintos grupos. Yo lo respeto mucho al Papa, creo que es un líder extraordinario que está produciendo una revolución en la Iglesia, pero hay muchas cosas que no comparto. En este caso, si hay una fuerte movilización, estoy convencido que sale. Ninguna ley importante sale de un Congreso o Legislatura sin una fuerte movilización previa. No hay cambios sin movilización social. Cuando una movilización gana el espacio público, los medios de comunicación no pueden dejar de expresarla. Es decir, no va a salir sin movilización popular.

 

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