En 2008, la ración valía $2. Hoy, $31,28. El desafío de agudizar el ingenio para elaborar un plato nutritivo.

En mayo de 2008, el valor de la ración para comedores escolares ascendía a $1,50, a lo que se añadía el aporte de $0,50 proveniente de fondos nacionales en concepto de Refuerzo Nutricional, lo que totalizaba $2, mientras la copa de leche alcanzaba $0,55. De esa manera se abastecía a 1.014 escuelas que asistían diariamente a 189.398 chicos y a 439.895 con copa de leche.

El gobierno santafesino ya en marzo último anunció el incremento correspondiente a las dos actualizaciones anuales –según lo estipulado por la Ley 13.296 que rige en la provincia desde 2012– y elevó a $31,28 cada ración completa de comedor escolar y a $10,98 la copa de leche. Si bien se nota la variación del monto, la diferencia cuantitativa del servicio no parece ser significativa. Este año se abastecen 166.381 raciones diarias de comedores escolares y 418.255 copas de leche. No obstante, cabe consignar que en 2017 se crearon 38 nuevos servicios de copa de leche que equivalen a 5.580 raciones y en el transcurso de 2018 ya se abrieron seis servicios con 841 raciones.

A estos valores se los puede ponderar también según la variación del dólar, lo que determina que en 2008 la ración de comedor escolar equivalía a USD 0,63 y en 2018 a USD 1,25 (en mayo de 2008, el dólar cotizaba a $3,16; en mayo de 2018, a $25).

En el cruce de los números, los efectos inflacionarios y la tarea cotidiana de quienes deben alimentar a los chicos en los comedores escolares, deviene una realidad que puede sintetizarse en la suma del empeño y el ingenio. En varias ocasiones, Pausa se encontró con la misma respuesta: “No alcanza”, aun respetando los parámetros alimenticios elaborados por el Ministerio de Educación. Y ante la insuficiencia monetaria para elaborar un plato nutritivo, los ecónomos “hacen todo lo posible” por abastecer una necesidad que excede los límites de la institución educativa. En palabras de directivos y referentes de las cooperadoras escolares, el plato que cada niño o joven recibe puede resultar el único que ingiera en el día ya que en su hogar se sufre la falta de sustento. Pensar en el rol social del comedor escolar obliga a observar la pobreza como un condicionante, pero también al Estado que no deja de aportar y abastecer aunque debería planificar políticas que trasciendan el mero incremento de las partidas. Porque, en definitiva, el comedor reemplaza la mesa de la casa.

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