Carlos Reutemann y Jorge Obeid condujeron el PJ santafesino durante 16 años. Desde 2007, ningún dirigente peronista logró ocupar ese espacio vacante. Durante los dos gobiernos de Cristina Kirchner el partido, en la provincia, estuvo dividido entre K y anti-K. Esa dispersión favoreció primero al Frente Progresista y luego también al PRO-Cambiemos.

Agustín Rossi condujo al peronismo K pero los números no lo acompañaron: quedó tercero en las elecciones de gobernador de 2011 y en el siguiente turno electoral Cristina lo bajó del escenario.

Omar Perotti hizo equilibrio entre ambos bandos y logró dos veces el aval de la ex presidenta: en 2011 para encabezar la lista de diputados nacionales, elección que ganó con comodidad pegado a la boleta de Cristina-Boudou, y en 2015 para ser el candidato de la unidad en los comicios de gobernador. El rafaelino quedó tercero, como Rossi, pero apenas un punto por debajo de Miguel Lifschitz. Está en la línea de partida para 2019.

María Eugenia Bielsa, la gran aparición política en la provincia post-crisis 2001, nunca pudo entenderse del todo con el partido. Identificada con el liderazgo nacional de Cristina, buscó disputar la conducción del peronismo K con Rossi. En las urnas le fue mucho mejor que al Chivo: ganó con comodidad la elección de diputados provinciales en 2011, en el debut de la boleta única, pero luego fue dejada de lado por el resto de los sectores internos y renunció a su banca un año después de asumir. No participó de las campañas de 2015 y 2017. Ahora, amaga con reaparecer en 2019 es un escenario que, para el PJ, es más favorable.

Sin líder y sin candidatos naturales, el PJ intenta rearmar sus piezas y convertirse en una opción de poder ante el desgaste del Frente Progresista tras 12 años de gestión y el incierto futuro de la alianza Cambiemos, que está atado, en territorio santafesino, a la suerte de gobierno nacional.

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