Cuando una cantidad supera cierto límite se produce un cambio cualitativo. Hasta hoy tal vez muchos tuvieron la duda razonable de que un plesbicito nacional sobre el aborto legal tendría consecuencias negativas para quienes defienden los derechos de las mujeres. Después de hoy, esa afirmación carece completamente de sentido.

Y no es por defender o postular la herramienta política de la consulta popular como método para zanjar lo que hace décadas las mujeres vienen reclamando, con una cadena sólida de argumentos en todos los niveles –de salud, de soberanía–, que no viene al caso repetir. Es simplemente para constatar qué significó esta jornada histórica nacional, comparable con fechas como el 20 de junio de 1973 en Ezeiza o, mucho más acá en el tiempo, las movilizaciones contra el 2×1 a los genocidas.

Hoy del lado verde se movilizaron millones de personas, completamente de a pie. Millones. Cuadras y cuadras y cuadras y cuadras como nunca se vio en la historia Argentina. Pero del lado celeste no se juntaron más de dos cuadras. Dos. Dos cuadras para defender eso que llaman el derecho a la vida. Dos cuadras. ¡Dos cuadras!

Policía y política

Para acceder al lado celeste por la calle que lleva a ver el Congreso de frente, Hipólito Yrigoyen, había que pasar un cerco policial que, por momentos, estaba guarnecido con dos combis azules cortando la calle. Estaban apostados sobre Hipólito Yrigoyen, pasando por poco la calle Uruguay. Pocos metros después arrancaba el vallado a lo largo de la plaza. Los policías tomaban del brazo a las personas y, por razones de seguridad, decían, pedían que no se muestren divisas verdes.

A la inversa, sobre Uruguay, que lleva hacia Avenida de Mayo, que ya estaba colmada por verdes desde 9 de Julio hasta Callao (siete cuadras), integrantes del Movimiento Popular La Dignidad eran quienes realizaban la misma tarea.

El bebito

Camino al Congreso una serie de carpas reunían a personas orando. Los credos cristianos dominaban el lugar, evangélicos o católicos, sin presencia de otras creencias. No se podía notar en los asistentes, sus banderas y sus agrupamientos, ninguna distancia entre sus ideas y la religión. Si bien hay católicas que reconocen y defienden el derecho al aborto, no hay celestes que no crean en un Dios, o no se distinguen como tales.

Los rezos se sucedían con fervor, las imágenes también: Jesús, la Virgen, los buzos de innumerables colegios privados confesionales. Junto a Dios, la tradición. El poncho gaucho, las botas, las boinas, los rosarios largos de madera oscura, las invocaciones a la patria al tono Esteban Bullrich.

La masa se acumulaba a partir de Virrey Ceballos, apenas a una cuadra del Congreso. Por ahí andaba el becerro provida, El Bebito, mojándose con la garúa que hizo huir a buena parte de los concurrentes. Había batucadas sin ritmo: el bombo y el redoblante se dominan cuando se tiene la gimnasia de la protesta.

Jóvenes raperos evangélicos arrancaron agitación. Un cura en un costado, con parlante, invocaba fundamentos médicos para oponerse al aborto. A eso se ha reducido la fe, ni se soporta a sí misma.

La otra cuadra

En perpendicular, sobre Avenida Entre Ríos, la masa también tenía una cuadra, y es mucho decir. Empezaba varios metros después de Adolfo Alsina. Sobre Alsina un hombre repartía banderitas argentinas de plástico, gratis. Las banderas nacionales no faltaban en ningún lado. Dios, patria, hogar. Los conductores de los actos requerían continuamente, apremiados, que todos dieran un paso para atrás. Había mucho espacio para ocupar.

Circulaban volantes con canciones para cantar. La coordinación no prosperaba, los grupos estaban muy marcadamente divididos por edad y por género. “Adolescentes, no crean las noticias, salvemos las dos vidas”, cantabas chicas del secundario. Eran de escuela privada cara. Se puede sumar en la distinción: los grupos se cerraban por edad, por género y por clase.

Eso nomás

Dos cuadras. La visita de cualquier pastor evangélico congrega muchísimas más personas, la peregrinación a Luján también. Las jornadas de sanación del Padre Ignacio son más multitudinarias.

Potencia de organización para mover masas no le falta a las iglesias. Difícil es saber si no movieron el músculo porque ya daban por sentado el resultado del Senado, adonde verdaderamente apuntaron los cañones. O quizás sencillamente sea que la dimensión política real de los celestes está completamente sobrevalorada y quienes encuentran paz en el pastor, consuelo en la peregrinación y sanación en la palabra también aborten.

Fotos: Juan Bordas y Mauricio Centurión

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