El teatrino es eterno

Una escena de Renata, que cuenta la historia de una niña que mientras juega con su pelota va rompiendo moldes sociales.

Homenaje al titiritero Héctor Di Mauro el domingo 12 agosto a las 19 en el Centro Cultural y Social El Birri (Gral. López 3689).

Ya en 1980, luego de una extensa trayectoria, el titiritero Héctor Di Mauro se definía como “un trabajador de la cultura” más que como un artista. Estaba convencido de que el teatro de títeres debía tener una función social. “Creo que si un niño es atravesado por una experiencia estética va a ser mejor persona que el adulto actual de nuestro país”. También se definía como juglar, haciendo alusión a aquel artista ambulante de la Europa medieval que a cambio de dinero o comida actuaba en las plazas públicas o en los banquetes de los reyes.

Pero Di Mauro no elegía los banquetes reales para sus presentaciones, sino las escuelas más alejadas, los parajes perdidos de nuestro país donde poco o nada de educación artística llegaba. Aparecía con su Citroën 3CV y apenas dos valijas de cuero, donde cargaba su teatrino y sus títeres con ojos increíblemente expresivos, tal como quedó registrado en el documental del cineasta argentino Jorge Preloran, estrenado en 1980.

Si bien Héctor Di Mauro era de origen cordobés, el Centro Cultural y Social El Birri de nuestra ciudad, es el escenario elegido para realizar, el próximo 12 de agosto, el primer homenaje a uno de los maestros titiriteros más recordados. Confluirán las producciones de los grupos cordobeses El Chonchón y El Lucero, que lideran el discípulo del maestro y reconocido titiritero, Miguel Oyarzún, y la nieta del mismo Di Mauro, Cecilia, dedicada cuidar y reproducir el legado familiar.

El homenaje

“La idea del homenaje fue una espontánea –asegura Oyarzún– ya que en el mismo lugar donde yo aprendí en mi juventud el arte de la pantomima, el taller de la casa del maestro Di Mauro, estaba dirigiendo ahora a su nieta Cecilia, con su primer espectáculo solista y entonces se dio que ambos sentimos ahí la presencia de Héctor. Yo como mi maestro y ella como su abuelo”.

Héctor Di Mauro, el titiritero homenajeado.

Por su parte Cecilia recuerda “todavía tengo las imágenes de cuando mi abuelo dirigía a Miguel, yo era muy pequeñita, tenía tres años, y con Miguel nos pusimos a recordar cómo me quedaba mirando los ensayos hasta caer dormida en el sillón que aún existe en el taller”.

—¿Cómo definirías a tu abuelo?

—Mi abuelo fue ese tipo feliz que vivió de lo que amó y amó como vivió y no fue de casualidad ni por suerte: lo logró por atrevido, audaz, coherente, inquieto, solidario, obsesivo y por una perseverancia nunca antes vista.

—¿Cómo se despertó tu vocación?

—Desde que nací veo títeres, aunque al principio me negaba y se me dio por estudiar y hacer teatro. El día que levanté las manos y agarré un títere para mí fue mágico. Yo trabajo para niños, sigo el legado de mi abuelo, hago hincapié en la parte educativa, hago funciones en las escuelas.

—¿Y cómo juega ser la nieta de Héctor Di Mauro para esta profesión?

—El apellido a veces es pesado, mi abuelo vivía solo para los títeres, era su gran vocación. Yo tengo tres hijos y a veces tengo que tener otro ritmo. Si bien era muy familiero a veces se iba por un año y medio a recorrer la Argentina. Actualmente con mi grupo El Lucero organizamos el Festival de Títeres de Villa Carlos Paz y un año no quería hacerlo, pero soñé con mi abuelo y tuve que seguir adelante, él me guía.

La jornada homenaje está integrada por las obras Los cómicos del 900 del grupo El Chonchón y se compone de pantomimas animadas por Miguel Oyarzún, en un homenaje a los cómicos del cine mudo. Personificados por títeres de guante, Carlitos Chaplín y el Pibe, Harold Lloyd, son algunos de los que aparecen haciendo de las suyas en las distintas pantomimas que integran el espectáculo. Renata del grupo El Lucero, interpretada por Cecilia Di Mauro, cuenta la historia de una niña intrépida y con las más variadas inquietudes, que mientras juega y se divierte con su pelota va rompiendo los moldes sociales. Oyarzún dirige la segunda de las obras que componen el ensamble. El evento incluirá la proyección de un video breve y luego de la función se invitará a participar de una charla con los artistas.

El homenaje Héctor Di Mauro, abuelo y maestro, para toda la familia y con entrada a la gorra, se realizará el 12 agosto a las 19.00 en el Centro Cultural y Social El Birri, Gral. López 3689.

Mucho más que dos

Héctor Di Mauro nació en Córdoba en 1928 (falleció en 2008) y junto a su hermano mellizo Eduardo conocieron a los 12 años la que sería su vocación de la mano de Javier Villafañe, padre argentino del títere, cuando éste fue a presentar una función al patio de la escuela donde asistían.

En los 50 comienzan a actuar profesionalmente en La Pareja, una agrupación considerada mítica en el género en la escena argentina. Con ella recorrieron más de 120 pueblos y 40 villas con funciones para niños y adultos.

Los 70 no fueron fáciles para los hermanos Di Mauro. Eduardo se exilió en Venezuela pero Héctor quiso quedarse en el país y continuar con su tarea de llevar sus títeres (y sus ideas) hasta el último rincón de la Argentina. Fue así que tuvo varios rechazos: “Se perdieron giras muy grandes llegaban a los lugares pactados y les decían ‘Se tiene que ir’. Y se le hizo muy difícil seguir con las presentaciones”, confiesa Oyarzún.

El titiritero Miguel Oyarzún junto a Cecilia, nieta de Di Mauro.

En 2013, cuando el Ministerio de Defensa reveló las “listas negras” halladas en el edificio Cóndor que incluían artistas, periodistas e intelectuales perseguidos durante la última dictadura, los hermanos Di Mauro integraban la categoría 4 “la que registraba antecedentes marxistas y era considerada la más peligrosa” afirma el discípulo.

Los hermanos, entre otras actividades, gestaron el Primer Encuentro nacional de Titiriteros, además de otros festivales nacionales e internacionales, cursos, encuentros y talleres. Bregaron juntos por capacitar a los docentes en el trabajo con títeres como una herramienta educativa para la inclusión. Crearon las Escuelas provinciales de Títeres en Misiones (1971), La Pampa (1973), Neuquén (1969) y Tucumán (1958). Recibieron numerosos premios al mérito y el reconocimiento por el Instituto Nacional de Teatro.

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