“Si el 13 y 14 de junio fuimos un millón en las calles, este 8 tenemos que ser dos”. La consigna se replicó, se repitió y se hizo carne durante toda el día de hoy.

Desde la 9 de Julio hasta el Congreso, desde temprano, era difícil caminar y era casi imposible llegar a la plaza. Las calles paralelas y toda la zona no facilitaban el traslado: la marea verde era ya, claramente, un tsunami.

Entre puestos de comida con bondiolitas y choripanes humeantes, con hamburguesas veganas y empanadas fritas, las y los jóvenes copaban las calles. La característica, claramente, de esta movilización histórica, es la edad de la mayoría de sus asistentes: adolescentes y sub 30.

Centros de estudiantes de colegios secundarios y facultades, grupitos de amigas, se movían por las calles entre cánticos y bailes, en una fiesta a la que poco le importaba lo que estaba sucediendo dentro del Congreso. Las caras pintas, llenas de purpurina, los cabellos a tono -verde-, las parcantas y pegatinas que decoran las paredes de toda la zona gritan con claridad “aborto legal”.  Mientras, la mesa donde se podía realizar el trámite de apostasía, no daba abasto para atender la demanda. Ahí, esperando su turno, las actrices Valeria Bertucceli y Erica Rivas, y la cineasta Lucrecia Martel. También, entre abrazos, besos y muestras de cariño, intentaba moverse Sergio Maldonado.

Entrada la tardecita porteña, la lluvia que venía amenazando finalmente apareció. Llovizna molesta, por momentos intensa, y viento frío para joder todavía más. Pero poco importó, nadie se movió. Al contrario, las columnas no paraban de entrar por Rivadavia, Mitre, Perón, y por Callao, Rodríguez Peña, Montevideo y más allá.

En los escenarios, ubicados en tres puntos estratégicos, bandas, solistas, murgas, actrices y referentes de todos los ámbitos agitaban a la pibada, y un hit comenzó expandirse: “esta lluvia de mierda no quiere parar, esta lluvia de mierda no quiere parar,  es la Iglesia que no para de llorar”.

Se abrieron los paraguas y los pilotos improvisados con bolsas; nadie tiene la intensión de moverse ni de irse a casa. Mientras del otro lado las imágenes muestran un grupo muy minoritario de manifestantes, algo queda claro en las calles: este tema no divide a la sociedad y el rechazo a la legalización dentro del recinto no representa el clima que hay afuera. Las mujeres, con el empuje de las más jóvenes, ya despenalizamos el aborto y estamos exigiendo su legalización; los senadores, dándole la espalda a ese grito ensordecedor, solo muestran la desconexión que esta clase política, plagada de varones casi adultos mayores, tiene para con el pueblo. Sépanlo, no será gratuito y no serán eternos. Hoy o muy pronto, el aborto será ley.

 

Fotos: Juan Bordas y Mauricio Centurión

 

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