La hija que parió a una madre

La hija que parió a una madre

por -
1 46
María Eugenia Ludueña junto a Estela de Carlotto. Foto: Ariel Gutraich.

María Eugenia Ludueña, autora del libro “Laura. Vida y militancia de Laura Carlotto”, cuenta el aprendizaje de la escritura con mirada de género, de la mano de Estela de Carlotto.

Es una mañana de lluvia persistente. Ella permanece concentrada frente a su pequeña notebook, sentada en la mesa del bar, con el pañuelo verde en su muñeca derecha. Mientras se ocupa de un trabajo pendiente, saluda y sin más se abre la charla. Es porteña, pero sostiene “una cultura santafesina muy importante”. Aquí nació, aquí residen familiares y amigos, pero ella desde pequeñita vive en Buenos Aires. En una nueva visita, siempre ligada a los afectos, María Eugenia Ludueña presentó su libro “Laura. Vida y militancia de Laura Carlotto” (Planeta, 2013) en nuestra ciudad y la ocasión se prestó para conocer detalles de la propia publicación e indagar sobre la mirada de una periodista que se ha desempeñado en diversos medios, que encara nuevos desafíos comunicacionales, que también ejerce la docencia y que “batalla” el feminismo a diario.

Resulta ser que cuando Abuelas de Plaza de Mayo encontró al nieto número 100, desde la revista dominical del diario La Nación le encomendaron una entrevista a Estela Barnes de Carlotto, presidenta de la asociación que supo imprimir su sello en la historia argentina de los últimos 41 años. De esa forma, Ludueña llegó hasta el derrotero de Laura. “Fue estar en el momento justo en el lugar indicado. La entrevisté (a Estela), nos juntamos dos veces y le pregunté si guardaba algo para el día que encontrara al hijo de Laura. Me dijo que había recorrido el mundo trayéndose souvenirs. Eso ya tenía un tamaño inusitado y me dijo que lo que quería darle a Guido era la historia de Laura. Le dije ‘yo lo hago’. Fue a fines de 2009. La nota salió en la revista de los domingos de La Nación en 2010”, narra la autora en diálogo con Pausa.

Las palabras de Ludueña deslizan familiaridad y compromiso por el cometido emprendido. “Estoy muy agradecida con Estela y con la familia Carlotto porque me abrieron las puertas para contar esa historia que no es solamente la historia de Laura, sino muchas historias colectivas que están vinculadas entre sí”, dice la autora.

—¿A que respondía ese interés por Laura?

—Me interesaba Laura porque es mujer y me interesaba abordar esto con perspectiva de género. Me interesaba por haber sido una militante de base (de la Juventud Universitaria Peronista), lo que muchos consideraban “perejiles”. “Perejiles” que fueron asesinados por el terrorismo de Estado. Y el lugar de las mujeres en las organizaciones revolucionarias, donde los hombres en general tenían los cargos de poder. Hablaban de El Hombre Nuevo, incluso –observa–. Y estas mujeres, en los centros clandestinos de detención, sufrieron un tipo de violencia particular que tiene que ver con la identidad de ser mujer. En el caso de Laura, una mujer cis. Pero también sufrieron violencia las mujeres trans, perseguidas por su identidad de género. A las mujeres les robaban los bebés porque consideraban que no eran buenas madres, buenas familias para criarlas. Las interpelaban por su militancia y porque tenían un rol de muchas libertades. Me interesaban esas cuestiones a medida que fui escuchando los testimonios de las compañeras de Laura del centro clandestino La Cacha donde estuvo, en las afueras de La Plata. Sabemos que Laura cayó con su pareja a fines de noviembre de 1977. Tuvo su hijo en junio, en coincidencia con el inicio del Mundial ‘78.

—¿Qué le enseñó Laura?

—Me enseñó lo poderosas que son algunas historias. En el plano periodístico, empecé hace muchos años y el libro sigue su camino. Contar una historia como esta es algo de lo que me siento muy agradecida. También me enseñó el trabajo a largo plazo. La paciencia para saber esperar para que se abran datos. Me enseñó también a mirar a Estela y a la familia Carlotto desde otro lugar, desde cómo una hija también parió a una madre –subraya–. Estela no era la Estela que es hoy. Era una mujer independiente, directora de una escuela. Era mamá de cuatro hijos, pero también tenía su cuarto propio. La historia de los Carlotto está vinculada a La Plata porque era una ciudad obrera y estudiantil y fue una de las ciudades saqueadas por el terrorismo de Estado. También me enseñó mucho de las mujeres, de lo que fueron los cuerpos de mujeres en los centros clandestinos de detención y ese tipo de violencia. Me enseñó que los libros no se terminan cuando se terminan de escribir. Sigo indagando acerca de estas cuestiones. Lo más importante es poder haber mantenido un embarazo y pensar que hay un lugar al que el terrorismo de Estado no pudo llegar, dentro de su cuerpo. Y también acerca de la verdad porque en algún momento se va a saber –asegura–.

—¿De la visión de Laura, de su composición de época, qué se mantiene vigente?

—Algo que me enseñó el libro es que las militancias fueron muy diferentes y que, incluso, personas que estaban dentro de la misma organización podían pensar bastante distinto con trayectorias similares. Algo que sigue vigente es que los grandes logros se consiguen colectivamente y eso no ha cambiado a pesar que cambió el mundo. Esos ideales por los que luchaban son los mismos por lo que hoy muchas personas despliegan un activismo, aunque no estamos en un auge del activismo. Aun así, en Argentina, en América latina y en el mundo siguen habiendo activismo en muchos sectores y el deseo de transformación que se consigue a través de la lucha sostenida y colectiva.

—¿Qué no se dijo hasta ahora de la lucha de aquella generación?

—Me parece que es un buen momento para mirar eso profundizando la perspectiva de género. Algo en lo que posé el ojo es el tema de los abusos sexuales en los centros clandestinos de detención. El cuerpo de las mujeres era un botín de guerra en los centros clandestinos. Estar embarazadas, en un estado de vulnerabilidad frente a la tortura. Las amenazaban con provocarles abortos. A veces, los abortos se producían producto de la tortura. Las violaban. Sufrían vejaciones por ser mujeres –acentúa–.  

—¿Qué le enseñó Estela, de qué manera la interpeló?

—La fortaleza de las mujeres. Esa es la enseñanza que me deja el libro. Y la capacidad de poder transformar todo ese dolor en una lucha colectiva. Eso muy conmocionante –exalta–. Después que salió el libro y empecé a ir con Estela a distintos lugares, vi lo que ella genera. Y lo que ha logrado. Eso es producto de esa lucha. Lo que representa Estela para los argentinos en el mundo. Lo que representa la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo y eso está inspirado en la lucha de las hijas y de los hijos. Lo que genera Estela es muy conmovedor.

—¿Cómo se encuadran los derechos humanos en el actual momento histórico?

—La lucha es la misma. Los derechos humanos involucran muchas áreas. Hoy está el acento en los derechos de las personas LGBT. No hay derechos humanos sin feminismos y sin la inclusión de todes en este planeta. La diversidad, en su sentido más amplio, es muy rica y hay que garantizar que los derechos humanos sean los derechos de todas las personas. No sólo los crímenes de lesa humanidad que se asocian con esa expresión.

—¿Qué significado le otorga al término memoria?

—Tiene una connotación de escritura en mi resonancia interna. Para mí, memoria significa que no se repita, recordar para que no se repita y escribir para no olvidar.

El feminismo como praxis

Ludueña integra hoy día la Agencia Presentes, dedicada a noticias del colectivo LGBTI para América Latina, además de ser docente del Taller de Narrativas en Derechos Humanos de la Maestría de Comunicación y Derechos Humanos de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata y trabajar en la Asociación Miguel Bru.

—¿De qué manera vincula el feminismo con el periodismo?

—Me considero feminista. Y el feminismo hace batalla todos los días, desde que te levantás hasta que te vas a dormir. Me interpela desde mi profesión, pero también me interpela en mi propia casa y en mi relación con mis hermanos varones y con mi compañero. Me interpela desde hace muchos años. Ahora, me alegro de ser testiga de todo lo que pasa alrededor del feminismo. Creo que hay una vida feminista. Me interesa el femenismo como una praxis de vida.

—¿Qué desafíos o luchas vienen después del aborto legal?

—En las luchas por la igualdad, todas. Una de las luchas que viene, y es un trabajo de los feminismos, es tratar de llegar más allá de las mujeres urbanas de clase media para conseguir paridad para todas. Hay un problema de estructuras heteronormativas, patriarcales y machistas que históricamente han oprimido no solamente a las mujeres, sino también a las sexualidades disidentes y a las disidencias. Me parece que tiene que ver con una igualdad real y estructural de oportunidades para las mujeres. Es un tema de generar políticas públicas para cerrar las brechas y hay que revisar todo de nuevo, desde el trabajo doméstico hasta cuánto ganamos.

Trayectoria

Ludueña trabajó en La Nación, Página/12, The History Channel, Gatopardo, Diario Crítica, Infojus Noticias, Anfibia, TXT, Mujer, Para Ti y Radio Nacional. Es autora del libro “El mundo no necesita más canciones” (La Parte Maldita, 2017), que incluye el cuento “La canasta mágica”. “Uno de los personajes se llama Laura pensando en la hija de Estela, mucho antes de que escribiera el libro (sobre su vida)”, comenta la autora.

Un solo comentario

  1. Muy buena la nota, felicidades por ella a María Luisa Lelli. También quiero expresar mi admiración por María Eugenia Ludueña y acotar algo que me resulta increíble. Ambas hemos escrito una historia sobre una Abuela de Plaza de Mayo y al leer ésta entrevista me maravillo al descubrir que ambas hemos tenido experiencias muy parecidas al investigar e ir descubriendo que, aún después de ser publicado, el libro sigue un camino y la historia continúa creciedo. Si bien María Eugenia es una profesional con una interesante experiencia en su rubro y yo no, ambas vivimos cosas parecidas con nuestros respectivos libros. Envío saludos y celebro que existan medios periodísticos como el periódico digital Pausa.

Enviar comentario