Querido diario

 

• Ayer vi dos películas: Katyn, de Andrzej Wajda, quien, pasando los 80 años presenta la historia del fusilamiento por parte de los soviéticos de cerca de 22.000 presos polacos, oficiales de las Fuerzas Armadas Polacas y de policía, funcionarios de administración pública y representantes de la élite intelectual y cultural, en 1940, entre los que estaba el padre del mismo Wajda. Los nazis invaden Polonia en 1939, lo que da inicio a la segunda guerra mundial; pero por el otro lado invade Stalin, pinza en la cual se desangra el país. Los rusos pretenden que los asesinatos los cometieron los nazis, pero los nazis saben que fueron los otros. Esto dio lugar a una larga historia para determinar la verdad hasta que en 2010 los rusos dan a conocer documentación sobre el episodio, pero todavía no se cerró esta historia. Los últimos minutos son aterradores.

La segunda película que vi ayer fue Tully, con Charlize Theron. El tema es, digamos, la maternidad. Hay dos madres que son cuñadas. Una luce como de publicidad: el cuerpo perfecto, los niños atendidos por una niñera a la hora de la cena: tiene con qué pagar para aliviar la cuestión. La otra, más pobre, sufre todos los problemas de cargar con tres hijos mientras ve desvanecerse su juventud, la belleza de su cuerpo, con un marido atareado con el trabajo y un jueguito de video por la noche. La verdad de la mayoría de las madres. No sé muy bien de qué va la película, pero el trabajo de Theron es magnífico y quizá por eso sea importante verla.

• En otra ocasión les voy a contar lo que estoy leyendo.

• Al momento en que salga este periódico, ya vamos a saber si la ley sobre el tema del aborto seguro y gratuito ha salido o no de senadores. Dos fuerzas ideológicas están enfrentadas en nuestro país. Por un lado, de mujeres y jóvenes que luchan por una reivindicación que lleva mucho tiempo, y que implicaría el reconocimiento histórico de que el cuerpo de una mujer le pertenece sólo a ella y no puede ser objeto de intervención por parte del Estado ni de nadie. Por otro lado, de personas que se autodenominan provida, cuyos argumentos son básicamente los de la religión y se basan en que el feto en gestación tiene tanto derecho a la vida como la madre. En esta discusión hay dos temas fundamentales: las víctimas de abortos son de cuerpos gestantes que carecen de dinero para pagarse una intervención segura; haya o no haya ley, los abortos van a seguir ocurriendo como siempre. Este último argumento provoca un corrimiento en la línea de demarcación de la sociedad actual: por un lado, personas que reclaman que tengamos derecho a decidir sobre nosotras mismas; por el otro, personas que reclaman que el aborto siga siendo inseguro y clandestino.

• Si el juego de la política se percibe como deleznable para muchos, por cuanto los intereses que se ponen en juego no tienen nada que ver con el bien común, etc., y a menudo se rozan con la falta de ética y el interés económico de pequeños grupos, en este caso, legislar en contra de una mayoría que reclama por un derecho fundamental equivaldrá a que la gestión de gobierno se perciba como inmoral y canalla. Ojalá que ese senador que está parado frente al mar pueda darse cuenta de que no se trata de una ola; es un tsunami.

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