Canchas copadas de machirulos

Desde siempre las canchas argentinas son un compendio de lo peor de la homofobia, la misoginia y la furia violenta como cultura. Foto: Maximiliano Luna/Télam

Machista, violento, caro y discriminador: lejos del mito popular, el fútbol expulsa a la familia.

En el fútbol argentino se pueden encontrar muchos mitos, de esos que involucran a futbolistas, dirigentes, directores técnicos, árbitros e hinchas. Y es en este último donde nos vamos a detener a partir de ahora.

El fútbol tiene como indispensables protagonistas a los jugadores, todo lo demás puede faltar. Un árbitro, un dirigente, un técnico y un hincha pueden no estar en un partido, pero sin el futbolista el fútbol no vive. Esta aclaración profundamente obvia derriba frases demagógicas que, entre tantas cosas, dicen: “el hincha es lo más importante en el fútbol”. En todo caso es un argumento romántico que apela a los sentimientos de hombres y mujeres que les dan ideas geniales a escritores para plasmar historias que se hacen libros.

Los hinchas comenzaron a cobrar protagonismo cuando el fútbol tomó la ruta de la popularidad a fines del siglo XIX, cuando los ingleses, otros tantos inmigrantes y criollos empezaron a jugarlo en sus momentos libres. Ya en los comienzos del siglo pasado, con la fundación de la mayoría de los clubes que tendrían al fútbol como estandarte, la inserción del hincha fue un ítem a destacar. Pero el rol más protagónico lo tomó a partir del profesionalismo, cuando los dirigentes necesitaron de ellos para solventar los sueldos de los futbolistas y otras cuestiones básicas que tienen que ver con la mantención de un plantel de fútbol profesional.

Y si lo traemos a estos tiempos, fueron las empresas televisivas las que supieron explotar por millones al hincha. Sabiendo de las enormes bondades del que “deja todo por su equipo”, los empresarios le sacaron el jugo a un gran negocio llamado “pasión”.

El mito

En las bifurcaciones que se pueden tomar en el camino del hincha, una tiene que ver con la familia. En esa palabra aparece una de las tantas frases que tienen que ver con los mitos futboleros: “En el pasado la familia iba a la cancha y volverá cuando se acabe la violencia”.

Ese mito se puede derribar en tres puntos: 1-¿Cuándo fue la familia a la cancha? 2-El fútbol es machista. 3-El valor económico de las entradas.

Muy sueltos de cuerpo solemos escuchar a dirigentes, periodistas y jugadores que afirman: “la familia debe volver a la cancha”. Seguramente tienen las mejores intenciones de que así sea, pero la familia argentina nunca pisó de forma masiva los estadios.

Nunca jamás

La foto familiar es imposible encontrarla en los años del blanco y negro, casi como una contestación a gritos para el mito en cuestión. Recién vamos a encontrar algunas fotos familiares a partir de la década del noventa. Pero los últimos diez años del siglo pasado fueron tan o más violentos que los de la actualidad. Vale recordar que había visitantes y un encuentro con hinchadas “enemigas” era declarado por el sistema de seguridad como “partido de alto riesgo”. Toda una invitación para que la familia se quede en la casa.

Y si nos metemos en las agradables escenas de cancha, sobre todo en aquellos años setenta, ochenta o noventa., ningún hombre veía con espanto a otro tipo que se bajaba el cierre del pantalón y empezaba a orinar para hacer una catarata de meada. Ningún hombre denunciaba que un grupo de desaforados silbe y chifle hasta cansarse a una mujer que osaba caminar por el pasillo de la tribuna. Ningún hombre se espantaba por los cientos de escupitajos que volaban hacia el jugador rival. Ningún hombre miraba hacia otro lado mientras otro se agarraba los genitales en señal de insulto para la hinchada contraria. En todas esas escenas, y otras tantas más, las familias argentinas nunca estuvieron.

“Es de hombres”

El machismo es otro de los puntos que puede explicar la ausencia de la familia a lo largo de la historia del fútbol argentino. Más allá de un leve retroceso machista en los últimos años (producto de la lucha que llevan adelante las mujeres para parir una sociedad de iguales), el fútbol como espectáculo deportivo siempre tuvo el sello del macho. Las escenas dantescas anteriormente narradas son propias de un circo machista a la que ninguna mujer es invitada a participar.

La denominada familia que antes iba a la cancha es mentira por donde se la mire. La verdad está en cientos de imágenes televisivas y de cine nacional donde la “patrona” hacía las pastas y luego los varones partían a la cancha. Y si no era con la familia, la reunión previa era y es con los amigos, con la “barra del barrio” o con otros, pero siempre varones.

Y ya en la cancha, el machismo explícito se hace insulto. Las puteadas se multiplican en un festival para el goce continuo del homofóbico y misógino argento. “A estos putos le tenemos que ganar”, cantan desaforados como un himno de guerra. Y desde las tribunas también se escuchan insultos como: “a vos te gana hasta una mujer”. Así podemos hacer una colección de frases para ser publicadas en el libro gordo de Baby Etchecopar.

¿Popular?

Por último, todos vamos a coincidir que el fútbol es el deporte más popular del planeta, y Argentina es uno de los países con mayor índice de dicha popularidad. Ahora bien, ¿qué tienen de populares los valores de las entradas, si la más barata cuesta 400 pesos?

Para ir en familia (cuatro integrantes) a la cancha, en el lugar más barato y con una serie de incomodidades aseguradas, hay que desembolsar 1600 pesos. Ese dinero representa sólo las entradas, si algún integrante de la familia quiere comer o tomar algo ya tiene otro precio. Pero si a todo esto le sumamos la movilidad, un estacionamiento o transporte público, nadie zafará de gastar en un Defensa y Justicia-Aldosivi la módica suma de 2000 pesos.

Estos números son letales para una sociedad que pelea a diario para llegar a fin de mes, para mantenerse en el trabajo o para salir a buscar ese bendito empleo. Algo queda claro: esa suma de dinero no representa en nada a ese deporte que llamamos “popular”.

El fútbol es machista, violento, caro y discriminador, de la familia también.

Un solo comentario

  1. Está bien, es cierto pero el futból tiene roles sociales en la sociedad positivos y negativos. No es tan blanco o negro. Me parece !

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