Educar en medio de la carencia

Quienes llevan adelante tareas de alfabetización en los barrios coinciden en la necesidad de contemplar la individualidad de cada sujeto, sus conocimientos y el entramado social.

Resulta imposible abordar la alfabetización en barrios populares  sin considerar el contexto socioeconómico, los trayectos de vida y la labor colectiva de educadores y educandos. Podría ser esa una síntesis pertinente, aunque no suficiente. “No podemos trabajar si no es desde la afectividad y desde la emotividad. Sin esas herramientas no podríamos avanzar, seguiríamos chocando la cabeza contra la pared. Muchas veces estamos trabajando entre la quema de la basura o en el medio de los griteríos de la familia del vecino. Sin romantizar, es muy importante parar la pelota en ese momento y preguntarse qué pasa con ese compañero o compañera. Usarlo de insumo para pensar esa alfabetización”, analizó Florencia Álvarez, coordinadora del Frente de Educación del Movimiento Popular la Dignidad.

La organización lleva adelante la tarea de educar en Villa Hipódromo, Los Hornos, San Domingo, 12 de Octubre, Arroyo Leyes, Villa Juana y Santa Marta. Allí son cinco mujeres las que realizan el trabajo con adultos y adultas, a la vez que también se aborda la población infantil que transita la escolaridad primaria. Y esto se debe a que “la escolaridad de los pibes en las barriadas no hace que se garanticen las herramientas de lectoescritura. Tenemos gurises de 10, 11, 12 años que no saben leer ni escribir. O saben interpretar el código de la lectura y la escritura, pero no pueden interpretar un texto, no lo pueden explicar ni reformular”, manifestó la militante a modo de descripción de un cuadro de situación que habla a todas luces de la desigualdad.

Ciudadanía

El objetivo de abrirle paso a las oportunidades o, más concretamente, darle sentido el derecho de la ciudadanía es un punto en común para quienes se abocan a alfabetizar en territorios marginados. El caso del Proyecto Revuelta y su Bachillerato –que el año pasado logró acceder a los títulos oficiales y tuvo su primera camada de egresados– da cuenta del reconocimiento de las realidades de franjas etarias que van desde los 18 hasta los 50 años. Justamente, la heterogeneidad responde a que en La Vuelta del Paraguayo no existe ninguna institución de enseñanza media formal, mientras que al mismo tiempo se brinda como una herramienta para “pensar la convivencia”.

“La convivencia se labura en cotidiano y no hay una fórmula preestablecida dentro del bachillerato desde la cual guiarnos. La cuestión de la edad no implica que todos los sujetos sean  iguales por su edad. Se intenta pensar desde los sujetos individuales, pensando en normas de convivencia, en las asambleas donde están estudiantes, docentes y coordinadores. Y en el espacio de tutorías donde se intenta fortalecer la identidad y ver los conflictos que van surgiendo”, expuso Nube Taleb, referente del “Bachi” de La Vuelta.

El Bachillerato Popular de la Vuelta del Paraguayo es uno de los espacios de alfabetización que llevan adelante las organizaciones sociales.

Este bachillerato popular homologa disposiciones de las Escuelas de Enseñanza Media para Adultos (Eempa) y de los Núcleos de Aprendizaje Prioritarios planteados por el Consejo Federal de Educación, aunque el acento está puesto en “las cuestiones del territorio, en lo que atraviesan los estudiantes como inquietudes y necesidades”, subrayó la educadora. Cada clase, a propósito, se basa en una dinámica de preguntas que pretende “construir el conocimiento” con dos o tres profesores juntos en el aula. “El conocimiento y el concepto se construyen dentro del aula. Los estudiantes no son cajas vacías en las que depositar conocimientos, sino que ellos también traen conocimientos populares o científicos”, enfatizó Taleb.

Desde una perspectiva similar se posiciona Álvarez a la hora de fundamentar su labor. “Nuestras formaciones teóricas giran en torno a la educación popular, no solo desde la perspectiva de Paulo Freire sino que todos los educadores y educadoras que nos rodean le dan frescura al laburo. Pensar la alfabetización no solamente como el aprender a leer y escribir, sino como un elemento de ciudadanía. Pensar para qué sirve leer y escribir, más allá de que me puedo manejar en un mundo simbolizado de determinada forma”, adujo.

Mujeres

Marilin Monzón es alfabetizadora de La Dignidad y trabaja particularmente en Los Hornos con una mujer de 37 años. “Es una mujer que no pudo ir a la escuela, no sabía leer y escribir. Ahora sí, le cuesta un poco porque está en proceso, pero trabajamos mucho con ella. También trabajamos el hecho del por qué aprender. Le interesa ayudar a sus hijos con la tarea, saber qué es lo que firma y poder manejarse sola”, precisó e insistió con las circunstancias y las historias que rodean a cada individuo particular.

“Cuando trabajamos en el territorio nos fijamos mucho en el contexto en el que están, si tienen hijos, si tienen familia, vemos la clase de vínculos, a qué se dedican. Porque a la hora de trabajar con palabras, textos, siendo que primero les enseñamos las vocales y demás, usamos palabras de su cotidiano, si trabajan con carros, con caballos, para que se facilite el entender”, argumentó Monzón.

En los entramados propios de las barriadas, las mujeres se posicionan como actores centrales, habida cuenta de que son ellas las que deben pedir un turno en un centro de salud, realizar trámites, sostener el tejido familiar y, en paralelo, son quienes necesitan disponer de herramientas para atravesar situaciones de violencia personal. “La cuestión de género aparece todo el tiempo en los territorios y muy potenciado –aseveró Álvarez–. Aparecen problemas de la salud, la alimentación, la vivienda. Muchas veces, esas mismas mujeres a quienes estamos alfabetizando son la clave del avance del núcleo familiar y socioafectivo”.

El Estado

A menudo son noticia niños, niñas o jóvenes que realizan desmedidos esfuerzos para asistir a clases o aprender, a pesar de sus precarias condiciones de vida. Así es como surge –trabajo discursivo mediante– la admiración por aquella persona que con esfuerzo y sacrificio alcanza las metas. Sin embargo, es válido –o inexcusable– pensar esas realidades desde “la falta de respuestas”. En palabras de Taleb, “el Estado está decididamente ausente en ese territorio al no apostar a poner una institución educativa. Poder pensar en este tipo de experiencias educativas –como el “Bachi”– es una salida para que el chico que camina siete kilómetros no lo tenga que hacer. Se trata de construir organización y espacios donde se brinde esa posibilidad. La deserción no se da porque los pibes no tengan ganas de ir a la escuela, los pibes dejan la escuela por un montón de situaciones económicas y sociales”.

En una crítica similar se ubican las militantes de La Dignidad. “La primera hipótesis es que el Estado está presente de otra forma, está presente con lógicas que reproducen el lugar donde ese compañero o compañera está. No promueve movilidad social, crítica, y termina creando focos funcionales a un determinado modelo de ciudad de centro periferia”, planteó Florencia Álvarez y apuntó hacia las políticas de educación formal con relación a los adultos. “Muchas veces las políticas no están pensadas desde las condiciones reales –esgrimió–. Hay que repensar la copia del pizarrón, el no preguntar, un solo docente con muchas personas. Se empiezan a ver lógicas micro que tienen que ver con lo vincular, con la disposición dentro de un aula, reproducir sin saber qué se está reproduciendo. No por nada nuestros pibes pasan de un jardincito a un quinto grado sin saber leer ni escribir”, concluyó.

La universidad va al barrio

Una de las misiones de la universidad pública es el trabajo de extensión: el anclaje de los conocimientos y su práctica en los territorios. Bajo ese horizonte, la Federación Universitaria del Litoral moviliza cursos de alfabetización en la órbita de las Escuelas de Trabajo municipales. “Estamos en Barranquitas dando una mano muy grande con alfabetización digital para personas de entre 18 y 30 años. Les explicamos cómo generar un curriculum vitae, cómo hacer trámites administrativos, cómo buscar fuentes laborales. La idea es tratar de insertarlos en el mundo laboral”, resaltó el presidente de la entidad, Guillermo Ferrero. “Una de las grandes deudas que tenemos como movimiento estudiantil es tratar de buscar herramientas que generen mayor inclusión a la población universitaria”, asumió.

Por su parte, el Movimiento Nacional Reformista también impulsa un trabajo de extensión. Se llama Conectate con Alto Verde y “busca garantizar derechos fundamentales que vemos vulnerados”, según Germán Rosas, coordinador del proyecto. Cada sábado asisten 40 chicos, de tres a 13 años, a salas de tecnología, artes, lenguaje corporal, y otras, de educación no formal lúdica e interdisciplinareidad.

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