En Rafaela la patota se viste de azul

    En la megacausa Rafaela se juzga a cuatro expolicías por delitos de lesa humanidad. Una de las víctimas es Silvia Suppo. Su familia denuncia a la propia Policía provincial por su crimen.

    A Reinaldo Hattemer lo secuestraron en el casamiento de su hermano, en 1977, y nadie más lo volvió a ver; su madre y su hermano se murieron buscándolo. A su entonces novia, Silvia Suppo, la secuestraron cuatro meses después. La torturaron, la violaron, la dejaron embarazada y la obligaron a abortar. Años más tarde, ya en libertad, se enamoró y se casó con Jorge Destéfani, otro militante rafaelino que había sido secuestrado el mismo día que ella pero que había permanecido más años en cautiverio. En la comisaría 4a de Santa Fe, Jorge tuvo que ver el cuerpo colgado sin vida de Rubén Carignano, uno de sus compañeros que también cayó en las redadas del 77. Destéfani convivió con serios problemas de salud –que su familia adjudica a secuelas de las torturas– y murió de cáncer en 2009. Hugo Suppo, hermano de Silvia, también secuestrado en 1977, pudo escaparse del hospital Cullen de Santa Fe, a donde lo trasladaron porque casi se muere durante la tortura; se exilió en Brasil y viene al país sólo de visita. Nunca sintió que estuvieran dadas las garantías para volver a vivir a la Argentina. Y la historia le dio la razón: el 29 de marzo de 2010, su hermana Silvia fue asesinada de nueve puñaladas en su local comercial de Rafaela.

    Los rostros de la represión: Juan Calixto Perizzotti uno de los ex policías de la provincia acusados, en la primera audiencia de la megacausa Rafaela. Fotos: Mural Comunicación.

    En el juicio que empezó el pasado 30 de agosto en los tribunales federales de Santa Fe se juzgan los delitos de lesa humanidad cometidos contra Hattemer, los hermanos Suppo, Jorge Destéfani, Rubén Carignano, Graciela Rabelino y Ricardo Díaz entre 1977 y 1980. Los acusados –eran más, pero varios de ellos, como Jorge Diab, se murieron– son los expolicías de la Provincia Juan Calixto Perizzotti, Ricardo Ferreyra, Oscar Farina y María Eva Aebi. Cuatro de ellos ya fueron condenados por delitos contra los derechos humanos. Perizzotti y Ferreyra cumplen prisión en su casa; Aebi, en la cárcel. Farina llegó en libertad a pesar de que la Fiscalía y la querella habían pedido la preventiva.

    Además de privación ilegítima de la libertad y tormentos, entre otros delitos, a Aebi, Perizzotti y Farina se les atribuye el delito de aborto forzado. De ser encontrados culpables, sería la primera vez en Santa Fe que se condena el aborto como parte del plan criminal de la dictadura.

    Las audiencias continúan los jueves y viernes de septiembre. Los jueces son Luciano Lauría, María Ivone Vella y José María Escobar Cello. Se trata del mismo tribunal que en 2015 condenó a prisión perpetua a Rodolfo Cóceres y Rodrigo Sosa, dos jóvenes lavacoches, por el asesinato de Silvia Suppo. Los jueces consideraron que los “trapitos” mataron a Suppo para procurarse impunidad después de haberle robado unos elementos y un poco de dinero de su comercio de venta de artículos de cuero y bijouterie. Aún sigue abierta una causa paralela que investiga el móvil político del crimen, pero no avanza.

    El Alemán

    A Reinaldo Hattemer le decían El Alemán. En 1977 era trabajador mecánico y militaba en el peronismo y en el SMATA. Vivía en Santa Fe, era novio de Silvia Suppo (con quien planeaban casarse) y compañero de militancia de Jorge Destéfani, entre otros jóvenes de Rafaela. Familiares de Suppo y de Destéfani contaron al tribunal, en las dos primeras audiencias del juicio, que Hattemer había sido secuestrado y golpeado tiempo antes de enero de 1977, en Santa Fe. Sus agresores, miembros de las fuerzas de seguridad, lo dejaron tirado. Cuando se recompuso, pudo ir hasta Esperanza, donde se encontró con Destéfani, que estudiaba en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL. Jorge lo condujo a una casa de campo familiar para que se recomponga y le consiguió dinero para que se escape. Pero Hattemer no quiso irse.

    Oscar Farina, por quien la querella pidió prisión preventiva.

    “Cuando se casa su hermano, El Alemán estaba en peligro”, contó en su testimonio Reinaldo Benítez, amigo de Hattemer, también militante y víctima durante la dictadura. “Él sabía que lo estaban buscando pero decide ir igual a la iglesia porque era importante para él estar en el casamiento de su hermano”.

    La ceremonia era en la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús, en el barrio 9 de Julio. Silvia Suppo era madrina. Patricia Boggio, la novia ese día, fue la primera testigo en declarar el jueves pasado. “Cuando salíamos de la iglesia, dos personas lo tomaron a Reinaldo. Él le pidió a mi marido que lo ayude, pero cuando Oscar quiso acercarse, estas personas le dijeron que eran de la Policía y del Ejército, que se retirara porque le iban a volar la cabeza”.

    Varios testigos señalan que entre los policías locales que participaron de ese secuestro se encontraban Hoffmann, Oviedo y Bravo, que ya murieron. En ese momento, el jefe de Policía de Rafaela era Ítalo Falchini, quien también murió. Otro a quien señalan como agente de inteligencia de la Policía y pieza clave de la dictadura en Rafaela es Felipe Miglietto, también fallecido.

    Hattemer nunca apareció.  En su testimonio, Benítez recordó: “Como parte de la tortura (en los centros de detención de Santa Fe), la patota de Perizzotti nos decía: ‘Por ahora ustedes se salvan, pero el camino que les espera es el del Alemán”.

    El circuito

    Después del secuestro de Hattemer, los siguientes detenidos fueron Hugo Suppo  y Rubén Carignano, el 23 de mayo de 1977; Silvia Suppo y Jorge Destéfani, el 24 de mayo; y Graciela Rabellino y Ricardo Díaz, el 31 de mayo. De acuerdo a los testimonios y pruebas, fueron llevados a la Jefatura de Policía Rafaela y de allí, trasladados a Santa Fe. Pasaron por el centro clandestino “La Casita”, donde sufrieron torturas y por la Comisaría 4a. Después, algunos fueron trasladados a la Guardia de Infantería Reforzada (GIR) de Santa Fe o a la cárcel de Coronda, entre otros penales.

    Tenían entre 17 y 20 años. Militaban en organizaciones estudiantiles, en la Juventud Peronista y hacían trabajo social en los barrios Villa Podio y Güemes de Rafaela, acompañados y apoyados por los curas Raúl Troncoso, Alcides Suppo, Vicente Zaspe y Antonio Brasca, entre otros.

    Tras sus detenciones, las familias peregrinaron por las comisarías de Rafaela y Santa Fe sin tener noticias. Recién dos meses más tarde, luego de que Hugo Suppo lograra exiliarse y denunciar los hechos en el exterior, los “blanquearon”. Todos sobrevivieron menos Carignano, a quien encontraron ahorcado en su celda el 28 de mayo de 1977.

    Perseguidos en democracia

    Ya en libertad y juntos como pareja, Silvia Suppo y Jorge Destéfani continuaron militando en Rafaela, buscando a Reinaldo Hattemer y denunciando a sus captores. “Nunca estuvieron en paz”, afirmaron sus familiares ante el tribunal. Sus hijos, Marina y Andrés; y los hermanos de Destéfani, Rita y José Luis, relataron cómo en Rafaela, agentes de la Policía, entre ellos Miglietto, los seguían por la calle, les impedían conseguir empleos y tomaban represalias, incluso, en contra de los hijos.

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