«La gestión actual en cultura es pésima»

Diego Peretti vendrá a Santa Fe a presentar «Por H o por B», en ATE Casa España. Antes, charló con Pausa y le mandó un saludo de cumpleaños a Federico D’elia, su excompañero en «Los Simuladores».

El Tarta, Emilio Ravenna o Guillermo Montes. Diego Peretti es una figura reconocidísima de la actuación argentina gracias a haberle prestado el cuerpo a personajes inolvidables. También es psiquiatra, aunque no ejerce hace casi 20 años, justamente, para la época de Gasoleros.

También pateó muchísimo el teatro, claro, el ámbito por donde un actor regularmente empieza: «Me acuerdo de que en el ámbito de la medicina nadie te preguntaba cómo estabas, y yo venía cargado emocionalmente a eso de los 22 años. Cuando empecé en la escuela de Raúl Serrano fue el otro extremo: nos la pasábamos preguntándonos si habíamos llorado o no, ¡por ahí nos vamos de pajeros los actores!» dice explotando en carcajadas.

La seriedad lo domina cuando se le pregunta si conoce cómo viene la mano con la crisis en el Instituto Nacional del Teatro y en la gestión de la cultura en general: «Mirá, yo simpatizaba con la ideología del gobierno anterior… obviamente que aborrezco todo lo que tenga que ver con la corrupción y esas cosas. Pero por hablar, por ejemplo, del INCAA, que hoy funciona como el… mal, funciona mal. La gestión actual es pésima, pésima, muy mala. Yo no sé si Liliana Mazure se llevó plata o no, pero en lo que respecta a lo que a mí como artista me toca vivir. Veía un proyecto, preocupaciones por temáticas nacionales, por terminar hasta los proyectos más chicos, como las miniseries. Pretenden que una ópera prima rinda lo mismo que una de Campanella, y no. Así los pibes se van a dirigir a Europa. Simple. Algo que me parte la cabeza son los cortes que hay ahora por estos Juegos Olímpicos de la Juventud. Pero entiendo que eso hace a la cultura del deporte, por ejemplo, lástima que no pasa lo mismo con el arte. Pero hoy, para este gobierno, si no hay ganancia, lo mismo da cerrar un cine o un hospital.»

Juan Taratuto, Ariel Winograd y Damián Szifrón, son los directores que primero le vienen a la mente cuando piensa en un ida y vuelta ideal con directores.

— Y vos, que hiciste personajes tan dispares, ¿cómo manejás ese ida y vuelta entre los modos del hacer reír y el conmover?

— La risa es más extrovertida, entonces se hace notar más, creo yo que a partir de que en situaciones humorísticas, el público se ve a sí mismo en perspectiva y ahí es donde explota. Nosotros en las obras que estamos haciendo ahora generamos que la gente se retraiga en sí misma. En el drama te das cuenta de que hay varios momentos en los que la tensión se va quebrando, primero, se empieza a escuchar que tosen, que se suenan la nariz o se tocan las caras. Después de un tiempo de sostener ese clima, ya se empiezan a quedar en silencio. Como cuando hice La muerte de un viajante, con Alfredo Alcón diciendo frases de Arthur Miller, me temblaban las piernas. Cuando salía bien, parecía que no había nadie, aún cuando había 500 personas, parecía que no había nadie.»

Peretti, descendiente de un papa (Sixto V), tiene 55 años y lleva una rutina bien activa respecto a la actividad física. No le pasa lo mismo con las redes sociales: «Aprovecho para aclarar que no tengo Twitter, Facebook ni Instagram, solo WhatsApp«. Aunque sí que está atento a Netflix (se lo puede ver en Cuando mi madre mató a su padre Wakolda), plataforma que hace poco amagó con bajar Los Simuladores, pero que gracias al agite de los cultores de la serie, logró permanecer: «Me pone contentísimo de que, a pesar de que hayan pasado solo 14 años, Los Simuladores ya sean un clásico. Hay gente que trabaja muchísimos años y nunca tiene la suerte de poder participar en uno.»

Para el final de la charla, y ante el recordatorio de Pausa, Peretti aprovechó para mandar un saludo a su excompañero de la serie: «(Por su cumpleaños) un abrazo enorme a Fede D’elia, un gran amigo».

Sobre la obra

Por H o por B es una comedia sobre los vínculos, los secretos, el amor y sobre todo, la culpa. Se trata de «una sesión de terapia donde se desnuda la naturaleza humana y con mucho humor vemos aquello que siempre queremos tapar».

Los personajes son Gerardo, interpretado por Diego Peretti, un arquitecto -muy psicoanalizado- que está en pareja con Bárbara (Paula Staffolani). Una tarde conoce a Helena (Agustina Cerviño), una mujer hermosa por la que se siente flechado.

Desde ese momento Gerardo vive una odisea intentando mantener una doble vida que lo terminará desgastando. Y, como las mentiras tienen patas cortas, -y el corazón es débil- lo inevitable llega: sobre las cartas, la mesa, las tres partes se tienen que juntar a hablar.

El resto de la obra, les personajes se la van a pasar intentando contestar: «¿Se puede amar a dos personas a la vez y que todos estén de acuerdo?».

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