Siempre es interesante navegar en la historia para encontrar detalles que nos acercan al presente. En estos tiempos de recortes en diversas áreas del Estado, pensar en términos de soberanía cultural parece al menos una empresa imposible. Si bien entendemos la cultura como aquello que excede al hecho artístico y, desde ya, como algo más que algo que se produce a escala industrial, es interesante ver cómo en los últimos 3 años el recorte a la cultura (bajo el lema “No se puede vivir por encima de nuestras posibilidades”) cala hondo en distintos espacios, hasta el punto de degradar un Ministerio a Secretaría.

El principal ajuste a la cultura se ve en el salario. Cobrás menos y dejás de ir al cine, no comprás un libro y dudás de disfrutar de una obra de teatro. Luego, como Estado te retiras de a poco y quitás financiamiento a diversas áreas de cooperación, promovés que un realizador intente vender una serie de doc-ficción que cuenta la historia del caníbal de Cayastá en Cannes, ante los grandes productores del mundo. Sí, obvio… son re fáciles de convencer.

En particular, el cine argentino suele ser “atacado” por la participación del Estado en el financiamiento de las producciones. El ejemplo a seguir sería Hollywood, donde también participa el Estado pero no de una manera evidente. En una hipótesis descabellada podríamos demostrar que Walt Disney fue un empleado de inteligencia.

La Office of the Coordinator of Inter-American Affairs fue una agencia de Estados Unidos que promovía la cooperación interamericana durante la década del 40, especialmente en áreas comerciales y económicas. Fue iniciada en agosto de 1940 como la OCCCRBAR (Office for Coordination of Commercial and Cultural Relations Between the American Republics) con Nelson Rockefeller como su jefe, nombrado por el Presidente Franklin Delano Roosevelt.

En su primeros días, una preocupación particular de la CIAA era la eliminación de la influencia alemana en América del Sur. Y de otras Potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial.

La Oficina también estaba preocupada por la opinión pública en América Latina.

Walt Disney y un grupo de animadores había sido enviado a América del Sur en 1941 por el Departamento de Estado de Estados Unidos como parte de su Política de buena vecindad y garantizaron la financiación para la película resultante: Saludos Amigos.

Sí, el Departamento de Estado puso plata para que Walt viaje por Latinoamérica, bailara samba en Brasil, recorra Uruguay y se coma un asado en Argentina.

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