Machismo y misoginia se esconden tras una pretendida idea de neutralidad y universalidad.

El año pasado el Instituto Estadístico de la Unesco realizó un relevamiento para conocer los puestos que ocupan las mujeres en la ciencia a nivel mundial. Los resultados fueron contundentes: sólo el 28% de los puestos científicos de investigadores son ocupados por mujeres. Esto no sólo evidencia la brecha de género, en la que las mujeres quedan en inferioridad de posibilidades para acceder a cargos de mayor jerarquía, sino en lo que se investiga y cómo se investiga.

“Hay que interpelar las formas de producir conocimiento para develar que ahí también hay sesgos machistas; hay que desafiar esos sesgos para hacer ciencia de mejor calidad”, afirmó Erica Hynes, ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la provincia, en un panel que compartió con Agostina Mileo, más conocida como “La Barbie Científica”.

Mileo es licenciada en Ciencias Ambientales, doctoranda en Historia y Epistemología de la Ciencia, y la divulgadora científica feminista que eligen les jóvenes en las redes sociales.

El intercambio entre estas mujeres de ciencia, que se hizo en Demos a sala llena, comenzó poniendo sobre la mesa la importancia de la perspectiva de género en las ciencias médicas, esas que median nuestra salud y bienestar, y cómo la vida de las mujeres parece valer menos para algunos investigadores.

“No es que la vida de las mujeres vale menos sino que ni siquiera existimos”, arremetió Mileo. “Nosotras hablamos de una epistemología de la ignorancia: en general solemos centrarnos sobre la teoría del conocimiento y cómo se produce conocimiento, pero lo que se desconoce también tiene un por qué, una raíz, y hay métodos para el desconocimiento”.

La Barbie Científica es una de las integrantes del colectivo Economía Feminista y la coordinadora de la campaña MenstruAcción, desde la cual se concientiza y exigen políticas públicas para garantizar los productos de gestión menstrual. “La menstruación es un ejemplo muy clásico en esta epistemología de la ignorancia. Es bastante evidente que la menstruación existe para una gran cantidad de personas, pero sin embargo no hay mucha investigación al respecto ¿Por qué? Es tan fuerte la cuestión cultural de asignarle a la mujer un rol reproductivo que entonces la menstruación no interesa porque evidencia que, de alguna manera, ese rol no se está cumpliendo”.

MenstruAcción brega por la quita de impuestos para productos como toallitas y tampones, y por la provisión de éstos de manera gratuita por parte del Estado. Mileo explicó que su momento fundacional en el feminismo estuvo ligado, justamente, a la menstruación: “Fue cuando me di cuenta de que si vos no podés acceder a los productos de gestión menstrual, vas a faltar a la escuela. Hay ausentismo escolar por esta causa. ¿Cómo pude ser que no nos demos cuenta que algo tan evidente, que nos pasa a todas, todos los meses de nuestra vida, no es algo trivial? El tabu de la menstruación es tan grande que es constitutivo de todas las clases sociales. Las preguntas que me hacían sobre esto compañeras de doctorado o chicas en los barrios, son las mismas. La fábula de la vagina devoradora de ‘si esto me lo meto, se me va para adentro, se pierde’, aparecía todo el tiempo. No es que las ideas son algo inmaterial que nos sobrevuela, tienen mucho que ver con la forma en que vivimos el mundo, y como también esto se interrelaciona con nuestra experiencia de clase, porque poder comprar toallitas y tampones, copas, tiene que ver con si vas a poder ir a la escuela o no, si vas a tener una infección urinaria por usar lo que tenes a mano”.

Remedios para varones

“La menstruación es un ejemplo clásico de la epistemología de la ignorancia”, sostiene Agostina Mileo, conocida como “La Barbie Científica”. Foto: Diego Gentinetta.

Si a un auditorio repleto de personas de diversos géneros e identidades se les pregunta si saben cómo se manifiesta un infarto, con seguridad la gran mayoría diría: con dolor en el pecho y en el brazo izquierdo. Bueno, no. Las características promedio de todos los sujetos que habitan el mundo no son las de un varón blanco, adulto y heterosexual, sin embargo es el modelo mayoritario de las investigaciones científicas.

“En la farmacología esto tiene consecuencias muy puntuales, porque salen medicamentos al mercado sin haberse probado en mujeres o, aún cuando se prueban, lo que se hace es medir efectos secundarios en términos promedio y no discriminados por sexo”, explica Mileo. “Entonces la muestra me revela que ese efecto secundario no es significativo cuando si lo separamos por sexo tal vez se vería que en las mujeres se presenta con una frecuencia considerable. Entonces salen al mercado sin distinguir la dosis recomendada por sexos”.

En el mismo sentido Hynes indicó: “Las enfermedades cardíacas son quizás el ejemplo más paradigmático, porque esto hace 30 años que se sabe pero todavía en las facultades de medicina se sigue diciendo que las mujeres tenemos infartos atípicos. No, no son atípicos, son distintos. Hoy eso ya debería estar en la bibliografía de las carreras de medicinas, pero es muy dispar, algunos profesores lo dan, otros no”.

Ambas científicas coincidieron en que si hay docentes e investigadores que incluyen la perspectiva de género, suelen ser siempre mujeres, quienes se ven en la obligación de ocuparse de esas problemáticas, lo quieran o no, ante la apatía de sus colegas varones.

“Parece que tener en cuenta el género en las investigaciones es algo que atañe solo a las feministas, cuando en realidad de lo que estamos hablando es de justicia social, de ser tomadas en cuenta como personas. Un médico que no sabe distinguir un infarto en una mujer, es un mal médico, es una manera irresponsable de ejercer la medicina. Entonces nosotras no estamos reivindicando el género, estamos reivindicando la salud”, afirmó Mileo.

Biología versus ideología

Los sectores más conservadores de la sociedad libran hoy un batalla contra la Educación Sexual Integral, a la cual tildan de ideológica y sin sustento científico. Ante esto esgrimen como una verdad universal y objetiva a los conocimientos proporcionados por la biología. “De todas las ciencias experimentales, exactas y naturales, probablemente sea la biología la que más contenido ideológico tiene”, indicó la ministra. “La biología ha sido muy funcional para perpetuar muchas discriminaciones, por ejemplo, a principios del siglo XX, en los estudios donde se trataba de demostrar que el cerebro de los negros era más chico que el de los blancos. Cuando vieron que no había evidencia de eso, hicieron fraude con los resultados. La ideología está en el ojo del que mira. Tanto es así que recién el año pasado hubo, en un manual de educación sexual en Francia, un dibujo acertado de un clítoris, mientras que dibujos de penes hay desde tiempos inmemoriales. Por eso es importante comprender esto, cómo se construye el conocimiento y cómo la biología, que lo construye, no es neutra”.

Educación sexual para cuidarse, para evitar abusos y embarazos no deseados, y también para aprender a disfrutar, en eso coincidieron ambas expositoras. “El clítoris no aparece porque lo que aparece son los aparatos reproductores, y el clítoris no tiene esa función. El pene, que tiene ambas funciones, aparece siempre. Mala suerte chicas”, bromeó, un poco, la Barbie Científica.

Todo tiene que ver con todo: educación, clítoris y recortes presupuestarios en ciencia. “Si bien la ciencia se verifica a sí misma, también es un producto cultural que necesita verificación ciudadana, porque sino pasa lo que vemos ahora, no hay más Ministerio de Ciencia y parece que solo nos preocupa a quienes estamos en la ciencia; como si no tuviera ninguna incidencia en nuestra vida material”, explicó Mileo. “Pero ¿cómo hacemos para construir ciudadanía si no hay apropiación social de ese conocimiento, si la ciencia queda sólo entre científicos? Tener otra visión del orgasmo solo es posible si vos lees estudios al respecto. ¿Cómo vivís tu sexualidad si pensás que el sexo sólo es penetración? Un tercio de las personas con clítoris y vagina reportan no sentir orgasmos durante la penetración y eso se asocia a frigidez, cuando en realidad el clítoris está afuera de la vagina, pero como no tiene fines reproductivos pareciera algo prescindible. Y después vemos en los estudios que las mujeres heterosexuales son las que menos reportan tener orgasmos durante las relaciones sexuales y los varones hetero los que más. Entonces ¿no es evidente que tenemos una cultura orientada al placer de los varones? Como decían en el debate sobre el aborto: ‘eso les pasa por abrir las piernas’, bueno, cuando abrí las piernas el que se divirtió fuiste vos, Raúl”, interpeló Mileo.

Que la ciencia te acompañe a luchar por tus derechos, es el nombre del libro donde Agostina Mileo muestra y analiza casos de esta ceguera de género a la hora de diagramar investigaciones y evaluar muestras, y desde donde concluye: “Lo que en definitiva estos estudios promueven son narrativas para mantener las estructuras de poder”.

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