Orientación, movilidad, uso del bastón blanco y del verde, talleres y más ofrece la escuela especial Valentín Haüy a 57 personas con discapacidad visual de la ciudad y la región.

Según los datos del último censo a nivel nacional, de 2010, en Argentina viven más de 5 millones de personas con discapacidad, un 12,9% del total de la población. Y de ese total, más de la mitad, un 59,5 %, posee diversas dificultades de origen visual. Frente a esta problemática, y a ciudades y espacios que están lejos de ser pensados y construidos en función de un diseño universal, el invento del bastón blanco, que data de la década del 30, representa un gran paso para la autonomía de las personas con discapacidad visual.

“El bastón es mis ojos, sin él no puedo salir a ningún lado. Al principio no quería saber nada, pero después entendí que si quería independizarme lo iba a tener que usar”, cuenta Analía Rodríguez, alumna de la Escuela Especial 2117 “Valentín Haüy” de Discapacidad Visual, uno de los dos establecimientos públicos que existen en la provincia orientado al trabajo con jóvenes y adultos con ceguera y baja visión.

Esta escuela, que depende del Ministerio de Educación de la provincia, tiene abierta la inscripción durante todo el ciclo lectivo y recibe hoy a unos 57 alumnos de Santa Fe, Recreo, Santo Tomé, La Rubia, Sunchales y Sastre, entre otras, que concurren en días pactados y según sus necesidades. “Nosotros trabajamos en distintas áreas”, explica su directora, Diana Figueroa. “Hay una que tiene que ver con la orientación y movilidad, con los desplazamientos, donde se enseña, entre otras cosas, técnicas de uso del bastón blanco, para personas ciegas, y del bastón verde para quienes tienen baja visión. Además trabajamos sobre comunicación y tecnologías, educación física, talleres de mimbrería, de encuadernación y actividades básicas cotidianas, donde se trabajan cosas que van desde cocinar y planchar ropa, hasta el aseo personal”.

A través de todas estas áreas, la institución persigue su misión: la de lograr la independencia de la persona con discapacidad visual. “Estas actividades y espacios forman parte de un proceso de rehabilitación para la persona”, comenta Soledad Jordán, integrante del equipo docente. “Después, de acuerdo a los intereses, hay jóvenes y adultos que, cuando logran la independencia funcional, pasan a una instancia pre-laboral, laboral o de formación, en una facultad, en cursos, escuelas técnicas”.
En este sentido, la escuela Haüy articula pasantías y prácticas laborales o pre-laborales que brindan la municipalidad y algunas empresas locales. “Nosotros tratamos que quienes brinden las prácticas acondicionen los lugares para que sean accesibles y por otro lado tratamos que la persona que vaya a hacer esa práctica esté lo más preparada posible”, indica Rodríguez. “También hacemos acompañamiento en instituciones educativas para quienes tienen que terminar la primaria, secundaria o van a insertarse en un nivel superior, hacemos el acompañamiento a ellxs y a sus profesores”.

La diversidad de edades, de necesidades educativas y de posibilidades de asistencia a la escuela, hacen que el proceso sea individual y personalizado. “Nosotros somos un puente, brindamos herramientas a los docentes sobre la especificidad de lo que es la ceguera o baja visión justamente para lograr la inclusión, porque si no una persona se termina formando sola y no está bueno”, agrega Jordán.

Ser visibles

El bastón, tanto el blanco como el verde, tiene una función personal, para quien lo porta, y una función social, que visibiliza ante el resto de la población que estamos ante una persona que no ve o ve poco. “El bastón me sirve para desenvolverme solo, pero aunque salga con una guía también lo llevo para que la gente sepa que hay una persona no vidente”, afirma Ovidio Suárez, uno de los alumnos que desde hace cuatro años llega a la escuela desde Sunchales.

Pero el uso del bastón no es simple ni es igual para todes, por eso son necesarios los espacios para aprender su correcto uso y beneficios. Para Adrián Yosen, que se moviliza cada semana desde Franck para asistir a la clase de mimbrería, el uso del bastón blanco lo hace solo para venir a Santa Fe. “Lo uso acá y cuando voy a lugares que no conozco, para orientarme”, afirma.

El bastón es un símbolo de la independencia, permite a la persona con ceguera poder movilizarse de manera autónoma, sin esperar que alguien lo acompañe o asista. “El desplazamiento independiente es muy importante para la autonomía, sobre todo para quienes perdieron la vista ya de adultos, que por ahí tienen mucho miedo, es una ayuda muy grande para poder andar por su barrio, por su ciudad, en colectivo”, comenta la directora.

Consultados sobre las dificultades que observan en la ciudad para desplazarse, los tres alumnos indicaron que se encuentran con muchos obstáculos: baldosas salidas, autos estacionados en las esquinas, carteles a baja altura, bicicletas y motos en las veredas. Pero también resaltan algunos avances, como la reforma de la peatonal y la incorporación de los distintos tipos de suelo, con relieve; así como también la instalación de cada vez más cajeros con sonido, ascensores con audio o braille, y algunas experiencias aún incipientes en determinados supermercados donde hay un empleado que acompaña a la persona ciega a realizar la compra. “Las ciudades ya están hechas y hay que cambiar muchas cosas, no es un proceso fácil, pero creo que hay un avance”, finaliza Jordán.

Fotos: Mauricio Centurión

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