El 28 de diciembre, Día de los Inocentes y el cumpleaños de Linus Torvalds, Netflix liberó un especial de Black Mirror. La miré dos veces y tomé estas notas.

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La quinta temporada de Black Mirror no es una serie, sino una película. Pero una película con un twist. La acción se desarrolla en 1984 con una estética retro parecida a la de Maniac (pero más ecualizada). Se nos presenta a un joven programador que, obsesionado con una novela del tipo “escoge tu propia aventura”, decide crear un video juego con el mismo concepto.

Lo sorprendente (o “la primera sorpresa”, me guardo las siguientes para evitar spoilers) es que en el desayuno, el padre le da a elegir entre dos tipos de cereales y en la parte de abajo de la pantalla, aparecen las dos opciones para que uno, el “televidente”, elija. Lo hace, pensando: “Bah, qué decisión más trivial” y la película sigue. Pero después de otra decisión trivial, se encuentra con una que sí desestabiliza la historia. El protagonista ha presentado el juego en una empresa y le ofrecen desarrollarlo ahí: ¿acepta o rechaza?

2

“No hay futuro”, se lee escrito en aerosol en una de las primeras escenas y puede ser verdad. ¿Hay futuro si hay infinitos futuros? En el infinito estamos siempre quietos, dice la Matemática.

Se nos plantea, entonces, la existencia de universos paralelos. Pero aunque con las acciones es suficiente para entenderlo, los personajes no dejan de mencionarlo cada vez que tienen oportunidad.

Estos universos paralelos son no estancos. ¿A qué me refiero? Entre universo y universo hay leaks, pérdidas de información, recuerdos fantasmas que los personajes arrastran. Como si al borrar archivos de un disquete, algunas secuencias de bits quedaran magnetizadas y reaparecieran en nuevos archivos. La idea era prometedora, pero la trama no la explotó.

3

Las referencias a Matrix son muchas: el programador que cree que todo es un sueño, el guía que le da dos opciones, el oráculo, el agujero del conejo, el salto. Pero también hay otras más sutiles, como a la novela Ubik de Philip K. Dick (en la que, otra vez, los personajes están dentro de una no-realidad). Incluso, hay alusiones a otros capítulos de Black Mirror.

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¿Pero qué es lo diferente? Muchas obras exploran la idea. Desde Next con Nicolas Cage hasta El jardín de senderos que se bifurcan de Borges pasando por El día de la marmota con Bill Murray. Sin embargo, aquí lo diferente no es la narración, sino el medio con el que se narra. En esta, llamémosla, “aventura cinematográfica”, Netflix es dueña tanto de la película como del televisor que usamos para verla. Y con “televisor”, el aparato, me refiero a su plataforma. Al controlar el medio por el cual reproducimos la obra, es capaz de ofrecer una experiencia nueva.

No obstante, hay que tener cuidado. No tenemos que comer cualquier cosa solo porque nos la pongan en el plato. ¿Qué tipo de experiencia nos ofrece Netflix? En este caso, una experiencia solitaria.

5

No es difícil imaginar a una pareja en la cama viendo la película y peleando por elegir la opción A o la B. Ni que hablar si los que se reúnen a ver la película son un grupo de amigos.

¿Podría un film de este tipo estrenarse en el cine? En las salas que tenemos hoy, no. Hago el ejercicio intelectual de imaginar una sala adaptada en la que cada butaca tenga dos botones, uno al alcance de la mano izquierda y otro al de la derecha. Ante una decisión, una bifurcación inminente en la trama, los espectadores aprietan uno u otro y luego el personaje procede según lo haya decidido la mayoría.

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La sinopsis afirma “solo tú tendrás el control sobre lo que ocurre” y durante un tiempo, esa ilusión permanece. El espectador cree estar dirigiendo al personaje por los caminos más exóticos, alejados de la planificación de la multinacional. ¡Cuánta inocencia! No tarda en darse cuenta de que si elige un camino con poco desarrollo, la película “termina”, pero es enviado a un punto anterior para elegir la otra opción, la “correcta”.

Ciertamente, en la versión en papel de Elige tu propia aventura, el lector era mucho más libre. Podía saltar a cualquier página, a propósito o por error. Aquí somos llevados por la pasarela, como vacas al matadero.

De hecho, el mismísimo protagonista lo revela en uno de los finales posibles al explicar un problema que tenía (en el único en el que su juego sale al mercado y obtiene una reseña de cinco estrellas): “Trataba de darle al jugador muchas opciones. Así que simplemente retrocedí y eliminé varias de ellas. Ahora tienen la ilusión del libre albedrío, pero, en realidad, yo decido el final”.

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