En los últimos anuarios de Pausa se viene acusando una “primavera” de películas de distinto corte que supieron alargar la tradición santafesina de documentales, así como de romperla con el estreno de historias de ficción.

En cuanto a los cortos, este año Betania Capatto presentó Frankie, un documental con condimentos ficcionales cuya locación es el Centro de Observadores del Espacio. Claudia Ruiz estrenó (en el Festival de Cine de Mar del Plata, ni más ni menos) una historia protagonizada por nenes. Su título es 11.40 y sucede alrededor de aulas y cárceles, aunque, según nos dijo la directora, el propósito es “pensar la ternura más allá de los contextos”. También se destaca Yo pasto de los leones, de Milton Secchi, una exquisitez que trata la inundación de 2003 mechando material de archivo con testimonios interpretados por actores. Su fuerza fue tal que, al término de su proyección, todo el Cine América se tomó unos segundos de silencio antes de aplaudir.

En materia de películas: Aire, dirigida por Arturo Castro Godoy y protagonizada por Julieta Zylberberg, fue uno de los hits del año. También hubo grandes intérpretes locales, como Silvana Montemurri y Camilo Céspedes. Otra de las que se estrenó (y premió) en Mar del Plata fue Vendrán lluvias suaves, de Iván Fund, en la que los nenes de un pueblo deben hacerse cargo de sí mismos al ver cómo los adultos empiezan a quedar como en estado vegetativo.

Prohibido silbar también se constituyó como una de las imperdibles del año: se trata de una serie web cuya historia es de terror, ambientada en el Teatro Municipal con sangre, bestias y links a David Lynch. Sus directoras fueron María Eva De Sanctis y Ludmila Wagnest.

Fantasías del teatro en internet

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