Trabajan gratis o ganan menos: las desigualdades estructurales siguen afectando el desarrollo de las mujeres en los ámbitos laborales y se profundizan en contextos de crisis.

“Un documento que se corrió de foco con un claro mensaje político”, tituló el autoproclamado “gran diario argentino” respecto de los reclamos y demandas del colectivo de mujeres el 8M. La nota hacía referencia al acto en Capital Federal pero es perfectamente extrapolable a lo que sucedió en Santa Fe.

El mensaje político acá –plasmado en el documento de la Mesa Ni Una Menos Santa Fe–, y allá también, fue claro: “Nos asfixian con políticas neoliberales dictadas por el FMI, de ajuste, recesión y endeudamiento, que implican un golpe mortal para la clase trabajadora y ganancias extraordinarias para las empresas multinacionales y para el capital financiero y especulativo”.

A algunos todavía les sorprende que los reclamos feministas excedan a los femicidios; porque hasta ahí estamos todos bastante de acuerdo: “no hay que matar a las mujeres”. Cuando la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito tiñó el violeta de verde, ya se pusieron en juego otras cosas: el derecho a decidir, la autonomía, el deseo; con las denuncias de abuso y violación, que tocaron a más de un poderoso, aliado o padre de familia, comenzaron a develarse los pactos de silencio que protegen a los violadores y abusadores; cuando las mujeres empezaron a alzar la voz para pedir paridad en las listas, fútbol femenino profesional y cupos en los festivales, el miedo a perder privilegios se volvió bien concreto y real. Claro que el reclamo es político. El reclamo es a todos los Estados, es a la Justicia, a los sindicatos y gremios, a la sociedad en su conjunto.

Feminismo Nivel 1 (o Lógica Nivel 1): Las mujeres son personas. Esto quiere decir que la falta de trabajo, las políticas de ajuste, la represión a quienes luchan, también las afecta, pero de una forma particular, justamente por ser mujeres.

Desigualdad laboral

En Argentina el desempleo y la informalidad laboral afecta más a las mujeres que a los varones. Durante 2018 esta situación se intensificó: según los datos del tercer trimestre brindados por el Indec, las mujeres registraron tasas de desempleo de 10,5% y los varones de 7,8%. La cifra alcanza al 21,5% entre aquellas que tienen entre 14 y 29 años (en el mismo rango etario los varones desocupados son el 14,5%), siendo el grupo más afectado, considerando el género y la edad.

La realidad de las mujeres en el Gran Santa Fe es similar: un 4% se encuentra desempleada, mientras que entre los varones ese número desciende a 3,4%. La tasa de empleo, por otra parte, fue del 48,7%. De este porcentaje total, las mujeres conforman el 37,8% y los varones el 62,5%.

Pero además de ser mayoría entre la población desocupada, las mujeres también ganan, en promedio, 26,2% menos que los varones. Esto se explica, principalmente, por la desigual distribución entre trabajo productivo y reproductivo: las mujeres le dedican seis horas diarias al trabajo doméstico y de cuidado, mientras los varones le dedican tres. A más trabajo no remunerado, menos posibilidades de acceder y cumplir en un empleo formal, por eso los datos muestran que los varones participan un 20% más que las mujeres en el mercado laboral.

El Centro de Economía Política de Argentina (Cepa) publicó este 8 de marzo el informe “Mujeres argentinas: entre la organización por la conquista de derechos y la profundización de las inequidades económicas”. Allí señalan que la desigualdad salarial no es un factor asociado solamente a la cantidad de horas vertidas en el trabajo reproductivo o la informalidad laboral, sino a la penalidad de las profesiones asociadas a tareas de cuidado (sanidad, docencia y servicio doméstico), que tienen peores remuneraciones horarias que otras profesiones con similares características en términos de formación profesional y experiencia laboral y en las que son mayoría las mujeres (sólo el 5% de los varones se insertan laboralmente en tareas de este tipo, mientras el 34% de las mujeres se desempeña en estas áreas).

Feminización de la pobreza

Cuando el Estado se retira del rol de redistribuidor de recursos sociales, cuando se aplican políticas de ajuste y se recortan programas sociales, sobre todo en áreas como salud y educación, estas necesidades vuelven a recaer en la familia y eso se traduce en un aumento del trabajo no remunerado que las mujeres realizan en el hogar.

Según el informe de Cepa: “Si bien no existen diferencias tan significativas entre el porcentaje de mujeres pobres y varones pobres (32% mujeres y 30% hombres en base a INDEC-EPH, II-2017) el fenómeno de feminización de la pobreza aparece cuando se considera la maternidad, particularmente en aquellas mujeres que crían a sus hijos solas. Tanto la desigual distribución de ingresos, como de las tareas de cuidado se potencian en los hogares monoparentales donde una mujer está al frente. El 27% de los hogares argentinos con menores son monoparentales. De éstos, el 84% tiene jefatura femenina”. En cifras más concretas: hay casi 900 mil hogares que en realidad son monomarentales. Pero hay otro dato más: dentro de ese 27% de hogares monoparentales/marentales con menores, el 66% son hogares pobres y el 60% de éstos tienen jefatura femenina.

 

En estos hogares la Asignación Universal por Hijo (AUH) es central ya que el 47% la percibe como ingreso principal. Sin embargo, una mirada de género sobre esta política pública debería incluir montos diferenciales para las madres jefas de hogar (y padres también aunque solo representan un pequeño porcentaje del universo) en virtud de los mayores costos que acarrean por la necesidad de conjugar el trabajo reproductivo, productivo y la informalidad laboral.

Aunque Mauricio Macri anunció el adelantamiento de la actualización del monto de la AUH previsto para 2019 a partir de marzo, sigue estando por debajo de la variación de la inflación y de la canasta básica. Además, tal como señala Cepa, “el coeficiente de actualización de la AUH es el mismo que aquel que corresponde a las jubilaciones, por lo cual el cambio con la aprobación de una nueva ley previsional en diciembre de 2017 implica que la evolución y actualización de los haberes sea inferior a la que habría operado con la anterior Ley de Movilidad del año 2009”. La poda a las jubilaciones también se llevó puesta parte de la plata para los pibes y pibas que más lo necesitan.

Así se configura el escenario de la feminización de la pobreza: mujeres madres a cargo del hogar y de sus hijos, desocupadas o con trabajo informal, y con la asistencia estatal recortada.

“Las mujeres, lesbianas, travestis y trans llevamos las marcas de las políticas de saqueo en nuestros cuerpos, nuestros tiempos, nuestros derechos”, señaló el documento leído en la plaza 25 de Mayo, luego de una marcha masiva por las calles de Santa Fe, donde el movimiento de mujeres volvió a mostrar su organización, potencia, diversidad, transversalidad, y a sentenciar: “Si cada una de nuestras vidas vale $11, los hacemos responsables de cada violación, de cada muerte, de cada abuso, de cada piba desaparecida. Ahora que sí nos ven, aquí estamos de pie, contra todas las violencias machistas, la brecha salarial y por el reparto de los cuidados”.

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