Adiós al payaso rebelde

Contó Fernando Trompa González que su inicio en el teatro fue en aquellos memorables Encuentros de Teatro Estudiantil. Ya tenía todo su pelo largo cuando representaba al Nacional de Comercio de Santo Tomé, uno de los platos fuertes de esa semana de noches de primavera en las que se llenaba el Teatro Municipal de jóvenes de la secundaria.

¿Se habrá calzado por primera vez una nariz roja en el Anfiteatro del Parque del Sur, en los primeros Encuentros de Teatro Popular Latinoamericano? Decenas de jóvenes de todo el sur americano se aventuraban a llegar hasta Santa Fe, que era el polo y la referencia del arte teatral callejero, la risa y la cultura como derecho popular. La ciudad bullía de tipos raros que hacían malabares, mujeres sobre monociclos que revoleaban fuegos, payasos y payasas que hacían de la melaconlía el telón de fondo de la carcajada, de la sonrisa el gesto de la tragedia. Ya estaba él allí.

Desde mediados de los 90 el Trompa dominaba el oficio del clown como si fuese un experto maestro francés, inigualable en la improvisación. Siempre se contó con su compromiso y su entrega a las tablas. La vieja salita de La Tramoya, a pasos del Parque del Sur, la sala del Teatro del Abadía, durante los últimos años, lo cobijaron en sus trabajos como docente y creador, en su espíritu independiente y en su jetona y fuerte voz.

«Yo pensaba, cuando era adolescente, que ese era el momento en el que debía ser rebelde. En el que quería gritar un par de cosas que no me gustaban. Pero después me dí cuenta que estaba equivocado. En la juventud es el momento de la verdadera rebeldía. Después me di cuenta de que estaba equivocado y que ahora en la adultez, ahora es el momento de la verdadera rebeldía. Y cuando sea viejo creo que voy a pensar que la vejez es el momento de la verdadera rebeldía».

Fernando González, el Trompa, falleció anoche a los 43 años.

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