El búnker de Cambiemos en el Río Grande quedó rápidamente vacío.

La crisis por sí misma está dejando escuálido al gobierno nacional en un año electoral. Y tras una serie de terceros puestos en distritos electorales pequeños, llegó el voto castigo en uno grande, generalizado en todas las categorías y en las grandes ciudades. Nada está dicho aún, pero el impacto político es inmediato en el acotado margen de maniobra presidencial.

Las derrotas comenzaron temprano y duro. Carlos Mac Allister y el presidente estuvieron juntos desde que uno era el 3 de Boca y el otro era, también, el presidente. Perdió en una interna, La Pampa. Luego, varios terceros puestos al hilo, junto a esforzados festejos de los segundos puestos del peronismo. Los distritos electorales eran menores, la Patagonia, las montañas, hasta que llegó Entre Ríos y el gobernador Gustavo Bordet juntando más de la mitad de los votos y el vicegobernador Adán Bahl picando en punta para arrebatarle la intendencia a Sergio Varisco, el narconeoliberal. Un poco antes, a partir de enero, todos los efectos de las políticas económicas de Cambiemos finalmente comenzaron a sincronizarse en una espiral negativa o, más bien, una vertiginosa caída libre a la miseria. El bajón del poder adquisitivo ya había comenzado en 2016, como los tarifazos, pero la inestabilidad financiera recién empezó a picar fuerte en 2018. Hubo ajuste del Estado en 2016 –cuando se fue la grasa militante–, pero no en 2017. En los últimos dos años el Estado se achicó ferozmente. El desempleo también disminuyó su ritmo en 2017, escondido en miles de monotributistas. Por donde se mire, todo se desmorona. Pero venía pasando a diferente velocidades. El espectáculo hoy es el del derrumbe general.

Con la moneda más devaluada que nunca, los precios galopando y el espanto histérico de la prensa extranjera que leen esos extranjeros que toman decisiones globales mirando todas nuestras vidas como un torrente de bits en una pantalla, que se pueden apagar sin más, en Santa Fe Cambiemos salió tercero limpio, perdiendo una enorme masa de votos respecto de 2017 y de todas y cada una de las elecciones anteriores del macrismo. Quedó apenas por arriba de aquella primaria de 2011 donde Miguel Torres del Sel arrancó, también, en un tercer puesto.

El presidente Mauricio Macri y su candidato, José Corral, hicieron un video de Instagram en Venado Tuerto, con tamberos, la semana pasada. Marcos Peña visitó la provincia. La gobernadora María Eugenia Vidal mandó su video. El senador Esteban Bullrich le mandó su apoyo a una candidatura celeste de Cambiemos en la provincia. La ministra de Seguridad Patricia Bullrich fue una de las figuras que más aportó en la campaña local, que hizo eje en las fuerzas de seguridad y el delito. A Hernán Lombardi, responsable de los medios públicos, también se lo vio seguido. La mediática Lilita Carrió –que le hizo las mil y una en 2017– tuvo su aparición por la provincia, sin efectos electorales concretos. El candidato Corral nunca le sacó el pecho a su alineamiento con el gobierno nacional, ni perdió oportunidad de tomar referencia con sus funcionarios, ni de replicar sus apoyos. Salió tercero como frente y como lista.

Pero también salió tercero Roy López Molina en Rosario. El joven concejal había obtenido una prometedora victoria en 2017 y en el verano último se hizo desear con un silencio largo, haciendo saber que quería ser directamente ungido por el presidente. Ayer, desencajado y sin su ángel habitual le tiró a 5RTV, el canal oficial de la provincia, que en Santa Fe no se estaba eligiendo ministro de Economía ni muchos menos presidente. Despegue total.

Otro gran ganador de 2017, que en la ciudad de Santa Fe había triunfado en todas las escuelas, excepto cinco, quedó tercero. Albor Cantard mira muy de lejos a Emilio Jatón y, en el medio, están los votos de Juntos, que como frente superó claramente a Cambiemos.

Tercero también salió el candidato a diputado provincial de Cambiemos, Gabriel Chumpitaz. En esa categoría, el gobernador Miguel Lifschitz fue el más votado de la provincia. El frente Juntos presentó diez listas, por lo que sumó mucho más que el candidato de Cambiemos. Amalia Granata le llegó muy de cerca, con la primera aparición sólida de un voto unidimensional de los celestes.

Para el senado santafesino, Adriana Chuchi Molina no pudo con Marcos Castelló, que renovó su intento en la categoría por el frente Juntos y obtuvo un claro primer lugar. Esta vez quedó en segundo lugar el Frente Progresista, como tal. Esa interna quedó en manos de otro radical, Jorge Henn, cuyos orígenes y trayectoria casi nunca se cruzaron con el Grupo Universidad. También radical es el candidato a senador de Cambiemos en Rosario. Quedó tercero detrás de Juntos y de la intendenta Mónica Fein.

En los concejos municipales de Santa Fe y Rosario se repitió el mismo escenario. Las internas llaman a muchos más precandidatos en esa categoría, pero en los dos casos las sumas de votos dejaron atrás a Cambiemos, abajo de Juntos y del Frente Progresista.

Si en todas las categorías de los principales distritos electorales de la provincia el oficialismo nacional salió tercero, el principal problema no son los candidatos sino la marca. De triunfar con outsiders o desconocidos, Cambiemos le quebró las patas a los pingos que eran números puestos (o al menos eso decía el suplemento de turf). Esta es la primera gran derrota del macrismo en el hilo de elecciones de 2019. En Córdoba no le espera un escenario más alentador.

Para el 16 de junio falta todavía, pero no importa en absoluto. Hoy no importa que este resultado sea provisorio, porque el gobierno nacional no tiene tanto tiempo, como las siete semanas que faltan para las generales. La crisis es una topadora que acelera de frente, empujando cuerpos a la pobreza, y la gobernabilidad necesita buenas noticias ya, no como la que llegó desde Santa Fe el domingo 28.

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