La energía de la tierra

En su paso por la ciudad, charlamos con Julia Varley, una de las actrices más importantes dentro del Odin Teatret de Dinamarca. Un repaso por su trayectoria y sus ideas. 

Algunos dirán que Julia Varley fue -y sigue siendo- la actriz preferida de Eugenio Barba, fundador del Odin Teatret y del concepto de la Antropología Teatral. Pero ella opta por decir que siempre los asocian porque mientras Eugenio teoriza, ella representa lo que él dice.

Si bien es inglesa, se crió en Milán. A los 17 años dejó la educación formal para trabajar y estudiar teatro. La escuela de artes a la que acudió era una casa ocupada que funcionaba como un espacio de enseñanza de teatro, cine y letras, hasta que se dio la posibilidad de un intercambio con el Odin Teatret. “En 1976 me fui a Dinamarca, mi idea era ir y volver pero me di cuenta que no sabía nada y ahí estoy todavía… 43 años después”, comenta la actriz con la humildad que caracteriza a los más grandes.

Pero lo cierto es que Julia Varley muy lejos estuvo de quedarse quieta o en una posición de “preferida”. Desde 1990 forma parte de la Escuela Internacional de Antropología Teatral (ISTA, según sus siglas en inglés). En el 86, por iniciativa propia junto a Jill Greenhalgh, impulsa la concepción y organización de Magdalena (Red Internacional de Mujeres en el Teatro Contemporáneo), un proyecto por fuera del Odín, aunque con sus principios pedagógicos.

Varley es, además, directora artística del Encuentro y Festival “Transit” en Holstebro, Dinamarca. Es también directora teatral y tiene tres libros publicados. Y la noticia más trascendente es el nuevo cargo que asumirá a partir del 2020 como Directora Artística del Nordisk Teatret Laboratorium del Odin, tras la despedida de Eugenio Barba de la dirección de una de las compañía más influyentes en la evolución del teatro europeo contemporáneo.

En el marco del VI Encuentro de Magdalena 2da. Generación “Mujer, teatro, banquete”, que visitó la ciudad del 1 al 5 de mayo, la actriz y directora internacional pasó por Santa Fe. Si bien no fue la primera vez, la ciudad pudo tenerla estos días en sus tierras más de una noche y disfrutar de dos de sus espectáculos emblemáticos: “La alfombra voladora” y “Las mariposas de Doña Música”, así como también de la presentación de su ultimo libro, “Una actriz y sus personajes”. En esta oportunidad, Varley pudo tomarse una pausa para dialogar con Pausa.

-En el marco de este encuentro se presentó su nuevo libro. ¿Qué la motivó a escribirlo y en qué se diferencia del anterior, “Piedra del agua”?

-“Piedra del agua” es un libro más técnico donde hablo sobre la técnica de la actriz y trato de compartir los procesos de aprendizaje que he tenido. Mientras que “La actriz y sus personajes” son historias de los personajes que toman la primera palabra como si no soy yo la que hablo como actriz, sino los personajes quienes deciden hablar y, claro, a través de los personajes, existo también en cada historia. La idea empezó con Doña Música, el personaje de Kaosmos que se hizo en 1994 y cuando el espectáculo terminó era como si Doña Música quisiera continuar viviendo, entonces ella decidió hacer un espectáculo donde cuenta también como nació, como se comporta, de donde viene: “Las Mariposas de Doña Música”. Esta obra la hice a la inversa: partí del personaje para después sacar el vestuario y quedarme como persona. Entonces fue el diálogo de la actriz, el personaje y la persona. Una tiene una imagen total del libro después de leer todo, los cuentos son varios y no son cronológicos ni lineales, ya que la creación es también un fenómeno complejo. Una no puede decir cuando algo empieza y termina, sino que todo se mezcla en una red de eventos. En este libro quería dejar al lector la posibilidad de comprender que la realidad aveces es más compleja de lo que vemos.

-En su entrenamiento de tantos años ¿pudo encontrar el equilibrio con Eugenio Barba entre sus deseos como actriz y la obediencia al director?

-Es complejo explicarlo, porque yo he tenido espacios de dirección afuera del Odín y dirigiendo tu comprendes mucho más los problemas de un director, con relación a los actores. Entonces es como si aprendes a dialogar con el director de otra manera. ¿Qué pasa con el director, con Eugenio? Al principio te formás, después como actriz encontrás autonomía y traes tus propuestas. Pero ahora es como si hubiera vuelto al inicio, ya que después de tantos años como actriz una tiene la tendencia de presentar las mismas fuerzas, energías, propuestas; entonces es como si el director se vuelve más duro en el buscar como generar un cambio. Entonces ahí el equilibro cambia, no es siempre igual, que siempre estamos de acuerdo o en desacuerdo. Nuestra costumbre en el Odin Teatret es resolverlo con propuestas prácticas. Si a mí no me gusta algo que Eugenio me pide entonces tengo que ir con otra propuesta. No es una cuestión de discutir o de hablar.

-¿Cómo fue el proceso de creación del espectáculo de Ana Woolf, “ Semillas de la Memoria”, obra autobiográfica sobre los desaparecidos bajo su dirección? ¿Gracias a él pudo conectarse con la historia argentina?

-Yo ya tenía mucha conexión con la historia Argentina porque comencé a hacer teatro en Italia en los inicios de los años 70, donde también había muchos artistas exiliados de Argentina. En Milán estaba la “Comuna Baires” el grupo de teatro independiente argentino fundado por Renzo Casali y Liliana Duca, y del cual nació ya en Italia otro grupo que integraron Cesar Brie, Cora Herrendorf, Horacio Czertok, entre otros artistas valiosos. Varios vivieron un tiempo en la casa de mis padres. Por eso conocía mucho de toda la historia argentina antes de conocer a Ana. Lo que pasó fue que durante un Festival ‘Transit’, en los 90, organizado por el Odin Teatret, Ana Woolf presentó una escena con la técnica Tadashi Suzuki (la que pisa fuertemente en el escenario, como una marcha) pero con el pañuelo blanco de las Madres de Plaza de Mayo en la cabeza, de esta forma era como si la escena cobrara fuerza y comenzamos a trabajar desde ahí. La escena de la desaparición de su hermano de corazón vino después, porque al principio ella lo que quería era que la historia de las Madres se conociera en el extranjero.

Con respecto a su rol, Julia rescata que lo más importante fue justamente aquel extrañamiento que poseía de nuestro país, lo que no implicó perder la sensibilidad hacia los acontecimientos ocurridos en la dictadura: “mi rol mas importante estuvo justamente en poder tomar distancia y ayudar a Ana a contar, sin dejarse ‘comer’ por lo que significaba en su historia. Me acuerdo que tuve que leer mucho de los documentos y fue terrible. Recuerdo que aún en democracia la gente tenía miedo de andar con libretas telefónicas. Había una gran desconfianza de que quizás tu vecino era un torturador. La dictadura crea un sistema de terror que vive mucho más allá de la dictadura en sí”.

En relación a la historia de los personajes, Julia reflexiona: “lo que aprendí de las Madres era la necesidad de contar la historia de los vivos. Es decir que para que toque la desaparición de alguien primero tiene que aparecer, entonces tienes que dar vida a la persona para poder decir después decir ‘lo desaparecieron’ y que no quede como una mera noticia”.

-¿Que le dirías a una actriz o actor que ingresa hoy al Odin?¿Cuál sería tu consejo?

-Si hoy entra una persona a trabajar en el Odín normalmente viene con una experiencia previa, se acerca a nosotros con un camino recorrido. Los últimos que entraron son dos chilenos, Carolina Pizarro y Luis Alonso. Lo que pedimos como condición es que vengan a vivir a Holstebro, Dinamarca. Pero además deben construir una propia autonomía que no tiene que ver directamente con el grupo. Carolina y Luis, por ejemplo, tienen un plan pedagógico que se llama Proyecto Ikarus, muy convocante. No hay que pensar solo en el entrenamiento, ni en la técnica, sino en muchas de las otras actividades que pueden existir alrededor del espectáculo. Cuando yo entré al Odin el tiempo que se dedicaba al entrenamiento, al aprendizaje, era más largo. Hoy los tiempos son otros. Por eso es importante tener continuidad en el aprendizaje y cultivar intereses que son propios mas allá de los espectáculos.

-¿Qué expectativa tenés sobre el encuentro de Santa Fe?

-A través de Ana Woolf vengo siguiendo el trabajo que vienen realizando en el Laboratorio de Antropología teatral (LAT), el armado y la programación de este VI Encuentro de Magdalena 2da. Generación. Creo que para Ana es importante que esté aquí. Hoy me crucé con actrices locales que están haciendo la residencia y estarán en la Cantata y me decían: “¡Eres Julia! hemos escuchado hablar tanto de ti”. Entonces es como llegar a un lugar que conozco pero que no conozco. Es maravilloso que sigan trabajando juntos y juntas a pesar de ser tantas, y consiguen continuar con Ana a la distancia. Me da mucha curiosidad ver los trabajos. Todas la historia de Ana comienza con un encuentro que yo hice en Buenos Aires, fuimos a ver un espectáculo suyo con Eugenio y luego nos encontramos en Uruguay. He venido muchas veces a la Argentina e incluso hice manifestaciones en zancos cuando fue el intento de golpe de Estado al presidente democrático de aquel entonces, Raúl Alfonsín, en 1987.

-A partir del año 2000 los movimientos de las mujeres avanzaron mucho en los derechos adquiridos, pero ustedes ya en los 80 con la red magdalena intentaron generar un empoderamiento de las mujeres a través del arte.

-No lo pensamos conscientemente en ese momento, se dio el proceso a través del deseo de trabajar juntas, de aprender la una de la otra, de intercambiar experiencias más allá del empoderamiento que eso significó. Al principio surge como un deseo de encontrarnos y potenciarnos. Después fue creciendo. Pero siempre en la base de nuestros encuentros subyacía el elemento profesional del trabajo con el teatro y era esto que hace que los encuentros pasen por algo concreto y práctico que tiene que ver con las acciones de nuestro oficio más allá de las ideologías políticas. Tiene que ver con algo mucho más concreto: la centralidad del cuerpo existe porque hacemos teatro y en la centralidad del cuerpo existe también una autoridad de la mujer que tiene una relación cercana con el cuerpo y sabe aprender a hablar con él y no necesariamente solo con palabras y significaciones. Y hoy esta capacidad de pensar con el cuerpo, de hablar con el cuerpo, de pensar con el cuerpo, es central para todo lo que está aconteciendo en el mundo en esta era, donde en general lo que se trata es eliminar el cuerpo, esta fuerza de brujas que tenemos. Por eso creo que las mujeres que trabajamos en teatro tenemos una gran responsabilidad en la historia.

-¿Qué es para usted actuar?

-Recoger energía desde la tierra, hacerla pasar por mi cuerpo para acrecentarla y brindarla al espacio.

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