Foto: Franco Trovato Fuoco.

Estuvimos en el acto de cierre de campaña del Frente de Todos en Rosario. Casi doscientas mil personas esperaron ya desde las tres de la tarde para escuchar a CFK y a Alberto Fernández. Los cantitos revelaron cómo avanza la fórmula hacia octubre.

Cerca de las ocho de la noche a más de uno le dolían las rodillas. Durante cinco horas la Costanera rosarina se fue colmando, de a poco, por los seguidores del Frente de Todos. Habían cientos de banderas, de todas las agrupaciones. Cada agrupación repetía sus consignas, algunos eran más diestros en sus batucadas que otros. La enorme mayoría eran ciudadanos sueltos. Señoras con reposera, familias. Jóvenes con los pañuelos verdes y naranjas atados en sus mochilas. A las cinco y media, cuando se suponía que el acto tendría que haber empezado hace rato, el viento del río cambió de dirección, empujando hacia el Monumento a la Bandera y el escenario, y el humo de decenas de carritos de choripanes hizo temblar por un rato a la concurrencia.

Alberto Fernández gusta del rock de los 70, tirando más hacia la balada. Durante la tarde el sonidista pasó los habituales temas de Los Redondos. La concurrencia se agitó más con los sonidos nuevos del trap. Hubo también mucho Miss Bolivia, que levantó calor. Como un guiño, no faltó para el candidato una serie de canciones del Flaco Spinetta, desde la conocida Seguir viviendo sin tu amor hasta El anillo del Capitán Beto. Pero el protagonismo musical lo tendría luego Fito Paéz y su Mariposa Tecknicolor. Sonó cerca de las siete, cuando finalmente subieron todos los gobernadores provinciales, junto a los candidatos y candidatas para las próximas elecciones y los protagonistas de la fórmula presidencial. Con la misma canción se hizo la eufórica despedida, plagada de petardazos lanzados al cielo. En la previa, hubo también otros hits del rosarino.

La jornada también tuvo esas canciones que cantaron todos. Para tomar calor, hubo varios MMLPQT y otros tantos “Vamos a volver”. Pero la que más se coreó, la que se entonó más fuerte, la revelación, fue otra, otra que marca cuánta historia ha pasado desde 2015, desde ese peronismo fragmentado, con una conductora sin continuidad y un candidato en su deriva a la derrota.

Entre la gente

Acodado sobre una valla, el periodista y pre candidato a senador por La Capital, Claudio Turco Cherep, no larga prenda respecto de cómo viene la transición provincial, al menos en lo que refiere a los nombres del gabinete. Se ríe bajo por momentos, señala cómo los diferentes sectores del peronismo tratan de instalar sus postulantes para los ministerios. El contingente santafesino es numeroso, los sindicatos facilitaron transportes y, además, muchos se lanzaron a la autopista en sus coches particulares.

Un navío gigantesco con la bandera al frente. El Monumento parece volcarse sobre el público, buscando el Paraná. A las cinco de la tarde comienzan los primeros movimientos tácticos de las agrupaciones. Ocupar lugares, acercarse, arriar y estirar banderas.

“No sabés lo que era la cola de autos y colectivos de Villa Constitución. Allá están cerrando talleres todas las semanas. De a diez, de a quince quedan sin trabajo. No se puede vivir», dice un albañil de la localidad del sur de Rosario, cerca del límite con Buenos Aires. “Es la primera vez que vengo” confiesa sobre el acto. Sonríe sin parar. Ahora está jubilado, con la mínima, un vecino lo trajo en el auto. Tiene una bandera argentina bastante a grande. Cuenta que es evangélico, como su joven amigo, y que aprovechó la circunstancia para salir un poco, ver gente. “Hacemos cosas en el templo el fin de semana, pero también está bueno salir un poco. Mirá cómo está toda la gente que vende. Esto es bueno, la gente vende, con la necesidad que hay”.


Del otro lado del Monumento, más cerca de la peatonal, un Spiderman nacional, popular y pasado de achuras oferta banderitas, remeras, lo que venga. Es una marea de gente la que va llegando. Se extienden por Belgrano, se acercan a la plaza del Mercado de Pulgas, bordean el río. No es el fútbol y su adrenalina, no es un espectáculo artístico, el entretenimiento y la idolatría. Es un acto político, faltan horas para que suceda y ya hay un mundo de personas esperando por no más de 40 minutos de discursos.

A la derecha del escenario vacío se va llenando una gran grada donde están sentados, bajo resguardo, unas doscientas figuras políticas del peronismo y de otros partidos y organizaciones sociales. Se ve, a lo lejos, hasta una pechera de la CCC. Todavía no es de noche y en ese palco ya no entra más nadie.

Foto y música

El sol se había ido hace rato cuando finalmente se produjo la foto histórica con los referentes provinciales. En una hilerita estaban todos. Todos. Claro, faltaba Alicia Kirchner, de cierre de campaña en el sur. Pero después, no faltaba ninguno. Fueron nombrados uno a uno. Omar Perotti se llevó una gran ovación, pero el que arrancó la mayor cantidad de aplausos, casi en tono Beatle, fue Axel Kicillof (y también Verónica Magario, en un tercer puesto en el podio). El ex ministro de Economía es una figura nacional, hoy lo ratificó el aplausómetro.

Los discursos fueron prolijamente registrados por centenares de celulares. El mayor rugido, cuando Alberto Fernández instó a que se salga a la calle a reclamar si en el futuro se corre respecto de sus promesas actuales: «Si alguna vez me ven claudicar, salgan a la calle y recuérdenme que les estoy fallando». También hubo una gran reacción cuando dejó caer el titular: «Nunca más me voy a pelear con Cristina». CFK arrancó un estruendo similar cuando mencionó que si bien algunos hablan de Nación y otros de República, al final todos estamos bajo la misma bandera. En el pase de discursos, Fernández arrancó con el reconocimiento del gesto del 18 de mayo de CFK.

Ese video difundido para quemar las lagañas de un sábado fue la llave maestra que abrió la nueva etapa del peronismo. Hasta ese momento, Fernández era el operador que había estampado la dificultad electoral en un epigrama: «Sin Cristina no se puede, sólo con Cristina no alcanza». Fernández iba enhebrando acercamientos, pero el reloj iba avanzando y el peronismo parecía que iba a continuar desgajado, aun con las enseñanzas de la derrota de 2015 y su repetición como parodia randazzista en 2017.

Visto desde atrás, el escenario parecía rodeado de blancas velas digitales que cercaban un zumbido imparable de banderitas, todas juntas bien al centro y al frente, cerca de las figuras amplificadas por pantallas gigantes verticales (un artilugio ocurrente pero ineficaz). Desde ese punto, bien adelante, surgió la nueva canción, la que todos cantaron más fuerte, casi como si fuera una liberación. Cuando CFK tomó el micrófono, se entonó suavemente. Cuando le tocó el turno al candidato a presidente el grito fue mayor. Como no sucediera hace cuatro años, el peronismo marcha unido detrás de su candidato. El candidato no es el modelo, la concurrencia lo dejó en claro con el canto que fue la revelación: “Se siente, se siente, Alberto presidente”.

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