Un grito que traspasa fronteras por el derecho a la vida

Foto: Nicolás Pisani.

Ayer se realizaron actividades en diversas ciudades de América Latina para reclamar por la legalización y despenalización del aborto en la región. Santa Fe también se sumó a ese #GritoGlobal.

Las movilizaciones de la marea verde se parecen a una fiesta. De fondo suena Sara Hebe y las pibas comparten el mate, sentadas sobre el pasto escaso de la Plaza del Soldado. La Regional Santa Fe de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito armó su gazebo en el centro de la plaza. Folletos, preservativos y pañuelos esperan sobre la mesa la curiosidad de quienes pasan. Dos micrófonos auguran el comienzo de una nueva actividad por el 28 de septiembre; tres compañeras se agrupan junto a él para dar inicio y leer el documento.

El 28 de septiembre como fecha emblema de la lucha por la despenalización y legalización del aborto en la región nació en el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en San Bernardo, Argentina, en 1990. La efeméride posibilitó la visibilización del derecho al aborto como una demanda que recorre las diversas geografías y traspasa todas las fronteras, desde el Río Grande hasta Tierra del Fuego.

«En América Latina y el Caribe, más del 97% de las mujeres en edad reproductiva, viven en países con leyes de aborto restrictivas. Se realizan, sin embargo, 6 millones y medio de abortos inducidos por año. 3 de cada 4, se hacen de forma insegura», consignan desde la Campaña. «El 30% de las mujeres de entre 15 y 49 años no tienen acceso a métodos anticonceptivos modernos; 60 mil niñas de 9 a 14 años son obligadas a maternar, aún cuando sus embarazos son producto de violaciones» informan, a partir de un relevamiento de datos provistos por la Organización Mundial de la Salud y Amnistía Internacional.

La situación se profundiza en gobiernos que recortan en materia de salud pública: la falta de métodos anticonceptivos y de implementación efectiva de la educación sexual integral, se suma a los fundamentalismos religiosos como una verdadera traba para el pleno ejercicio del derecho a la salud. Recientemente, la legalización del aborto en el Estado de Oaxaca en México, significó una nueva esperanza en materia de cambios jurídicos.

Una lucha por la vida

Los colectivos pasan y se detienen en la plaza. Es un viernes de primavera en Santa Fe, y entre el ruido del tránsito se escuchan los temas favoritos del cancionero feminista: “A ver Mauricio/a ver si nos entendemos/las mujeres nos morimos/por abortos clandestinos”, corea un grupo de mujeres vestidas del color de la lucha.

Silvia Ferrero, militante de la Campaña, cuelga carteles mientras conversa con sus compañeras. Para seguir difundiendo la necesidad de una ley que es justa para el derecho de las mujeres, tenemos que ir explicando toda la consigna de la campaña: seguir insistiendo con la educación sexual, seguir insistiendo con la anticoncepción, y que el aborto sea la herramienta para cuando esté en riego la vida de la mujer, o cuando la mujer o cuerpo gestante no quieran ese embarazo”, señala.

“Esta es una problemática social, no sólo de salud. Tiene que ver, por un lado con el derecho a decidir, y por el otro, con quiénes son las que pueden decidir hoy, o qué cuerpos son los que pueden decidir. Ahí es donde se ve la brecha de la desigualdad, y donde esto es un tema social y de derechos humanos” puntualiza.

“La Campaña está a favor de la vida: de vidas que deciden, de vidas se acompañan y se sostienen en proyectos. No eso vacío de ‘la vida por la vida’ y después dejar a estas mujeres solas” manifiesta. “Se trata de poder entender y ponernos en el lugar, sobre todo para quienes no acuerdan con el aborto, de esa mujer que por distintas situaciones no quiere ese embarazo. Porque tenemos violación, o anticoncepción que falló o porque no está el deseo. Entonces: poder escuchar eso sin los prejuicios, y hacer el ejercicio de la empatía con otro ser humano” indica.

Foto: Nicolás Pisani.

En las calles y en las plazas

«La idea que quisimos mostrar hoy en la plaza es que a pesar de que el proyecto de ley el año pasado quedó trunco en la Cámara de Senadores, vamos a seguir en las calles y tenemos la firme decisión de seguir conquistando nuestros derechos» indica Julia Sollberg, también integrante de la Regional Santa Fe de la Campaña.

“No queremos ni una muerta más por abortos clandestinos, ni que se nos juzgue por decidir sobre nuestros cuerpos. Si bien hay un debate del orden de lo moral, la realidad es que en Argentina se producen entre 300 mil y 500 mil abortos por año. Sabemos que sobrevivir a un aborto muchas veces es un privilegio de clase”, argumenta Julia.

Las charlas se interrumpían cada tanto por la música. En el escenario se escuchó la voz de Lorena Niere (Señorita Miraflores) -que a más de una emocionó hasta las lágrimas-, y luego vino algo de candombe y más cancionero del folklore verde y violeta con las Docentes Feministas. Cuando todas las voces comenzaron a corear aborto legal/en el hospital, los pañuelos se alzaron una vez más. Un nuevo Pañuelazo en Santa Fe, como en Buenos Aires, Córdoba; o también, como en Colombia, Venezuela, Panamá o El Salvador.

Para la activista Marcela Giacomino, “La lucha sigue con el nuevo anteproyecto y con todas las actividades que la mayor parte de las organizaciones feministas están desarrollando, en todos los barrios, en todas las escuelas, para que la educación sexual se implemente, para que se abran talleres, y por supuesto tratando siempre de unirnos cada vez más con mujeres de todos los sectores sociales y de todas las ideologías para poder avanzar en mayores derechos para las mujeres, que protejan su salud, su derecho a decidir y a una vida más plena”. “Actividades como estas nos revitalizan y nos llenan de fuerza para seguir andando”, expresa Marcela.

En Santa Fe

La lucha por la ley de interrupción voluntaria del embarazo corre junto a la disputa por el reconocimiento del derecho a la interrupción legal: la despenalización por causales (violación o salud), vigente desde 1921, y reafirmada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 2012. En Santa Fe, la Campaña ha sostenido la demanda porque se garantice la ILE en todos los efectores y en los hospitales Cullen e Iturraspe, donde el servicio de ginecología se declaró objetor de conciencia.

Sobre el acceso al derecho a la interrupción legal del embarazo en la ciudad, Paula Gomítolo, de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir, cuenta que «Es variado”. “Hay efectores donde garantiza todo el personal, hay otros que hay sólo uno o dos profesionales que garantizan, y hay otros que nada”. “Lo que está pasando es que a lo mejor tenés un enfermero, o la psicóloga que acompañan, pero no el médico que recete la medicación. Entonces estamos un poco rengos en algunos centros de salud”. “Hay muchos profesionales que todavía no tienen en claro que esto es legal, y que se puede garantizar sin problemas”, comenta.

Con respecto al misoprostol, Gomítolo indica que “Está llegando bien. En Santa Fe prácticamente no tenemos problemas, estamos a la espera de que salga el misoprostol del LIF, que todavía no ha llegado a los hospitales que centralizan y reparten. Donde sí está más complicado es en el interior de la provincia”, describe.

En la plaza, Luciana Espíndola hace referencia a la experiencia del grupo de socorristas de la Línea Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. “Nosotras tenemos la particularidad de que tratamos de articular la mayoría de los acompañamientos con el Estado, con todo lo que eso implica”.

“Entendemos que a esa lucha la damos desde asumirlo como un derecho de salud pública, tratando de saltar todos los obstáculos que nos pone el mismo Estado que nos ampara, y que todas las personas que llegan a la línea sientan que están accediendo a un derecho y que lo puedan vivir así: no como un hecho aislado de una persona que en su individualidad accede, sino que como un derecho adquirido”, afirma. Luciana explicita que la militancia socorrista “Se da de boca en boca, tratando de concientizar, siempre en las calles y tratando de visibilizar lo más que podamos”.

Las movilizaciones de la marea verde se parecen a una fiesta. Aunque el Senado nos haya negado nuestro derecho, la libertad comienza a ejercerse desde la lucha. Eso se vivió ayer: vamos a cantar, a bailar, y a llenarnos de glitter en cada movilización. Porque esa celebración compartida es una forma de resistencia: abrazadas, en manada, con las cuerpas y las voces al viento, vamos a seguir en cada plaza, agitando hasta que sea ley.

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