A 23 días, volvió Florencio, Macri rasca la olla militar y Carrió sigue agitando el falso fraude

Otra jornada más en una campaña gris, con resultado puesto. Alberto Fernández se sacó foto con Florencio Randazzo, Macri consolida su perfil en la familia militar y Carrió continúa con lo suyo. Un grupo de hacktivistas ofrece pruebas contundentes del buen funcionamiento del sistema electoral.

Alberto Fernández tiró una foto por la mañana que dio mucho que hablar. Tuvo un encuentro super «casual» en una estación de servicio con Florencio Randazzo, el ex ministro de Transporte que no quiso presentarse como candidato a gobernador de Buenos Aires en 2015 y que le dividió el voto a CFK en 2017. Se dice por ahí que ocuparía nuevamente un cargo ministerial. Chi lo sá. De no ser por Micky Pichetto y algunos restos que quedan dentro del proyecto de Roberto Lavagna –que tranquilamente pueden saltar el charco después del 27 de octubre–, el peronismo logró una configuración de unidad que no se veía desde 1989.

Una larga relación une al Alberto y al Florencio, con look fin de semana.

No es el mejor triunfo peronista para recordar en esta circunstancia económica, si bien al propio candidato del Frente de Todos se le puede endilgar una evaluación no positiva del menemismo. Al menos así se desprende de su último spot, que hace un recorrido histórico de las últimas crisis de Argentina, llamando a una reconstrucción.

El partido de los milicos

¿Rascar votos del fascismo de Gómez Centurión? ¿Consolidar el voto propio de la familia militar y policial? ¿Fortalecer el relato que tomarán los macristas a partir del 28 de octubre? ¿Azuzar lo que ya se puede prefigurar como una oposición sin cuartel? Todo sí. Hoy un presidente de la democracia, por primera vez desde 1983, hizo un acto de reconocimiento público a las víctimas de una acción guerrillera que luego fue utilizada como justificación para el golpe de 1976, para la dictadura genocida posterior y para ese engendro llamado «Teoría de los demonios», que Ernesto Sábato estampó para siempre al comienzo del Nunca más.

Fiel a sus principios. La única vez que Mauricio Macri tuvo un gesto próximo a la política de Derechos Humanos que distinguió a Argentina en el concierto mundial fue cuando se vio obligado a acompañar a Barack Obama en el Parque de la Memoria. Antes de finalizar su mandato, hizo transparentes sus convicciones. En el Regimiento de Infantería Patricios, pleno Palermo, anunció un subsidio para los familiares de los 12 soldados caídos el 5 de octubre de 1975 en el ataque de Montoneros al Regimiento de Infantería 29 de Monte, en Formosa.

«Nos lo debíamos. Durante mucho tiempo el Estado guardó silencio frente a las víctimas, un silencio que duele. El terror y la violencia de los 70 deben ser recordados como un capítulo oscuro de nuestra historia, como ese país al que nunca más queremos volver. La violencia nunca es la solución. La enorme mayoría de los argentinos queremos respetarnos y vivir en paz». Las sutilezas muestran que no es una frase anodina. La deuda, de existir, fue cobrada con decenas de miles de desapariciones durante la dictadura. Los 70 no fueron en absoluto una década homogénea, todo lo contrario. Para Macri la violencia de Estado no tiene ninguna diferencia cualitativa. Acaso, en verdad, si se distingue de las otras violencias políticas en todo caso sea porque él, como su ministra de Seguridad Patricia Bullrich, la encuentra siempre defendible.

Por último: ¿quiénes quedan afuera de la «enorme mayoría de los argentinos»?

Del homenaje participaron el ministro de Defensa, Oscar Aguad; los jefes del Estado Mayor Conjunto, general Sosa Bari del Valle, y del Ejército, general Claudio Pasqualini, entre otras autoridades, así como familiares de los fallecidos. La lamentable presencia del secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, termina de coronar su gestión.

Por la tarde, Macri partió para otra trinchera de la familia militar, Bahía Blanca. Allí se volvió a mostrar con María Eugenia Vidal y otros líderes provinciales de Cambiemos. El tour Sí Se Puede lo está haciendo bolsa al presidente, se le nota hasta en la voz. Hasta ahora nunca se adentró en tierra de ranqueles, avanzando siempre sobre territorio muy, muy seguro. Enclaves agropecuarios de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, Córdoba, ahora Mendoza.

Previamente, Macri salió a apagar los incendios de su fuego amigo. En diálogo con una emisora bahiense, tuvo que salir a enmendar dichos de Elisa Carrió «Yo confío en Rogelio. En todo lo que Rogelio ha hecho bajo mi conducción y liderazgo, con lo cual estoy tranquilo».

Carrió batiendo 

Lilita Carrió, jefa espiritual del antiperonismo, había lanzado una de sus habituales falopas anoche, en un acto en el Club Aráoz en la ciudad de Buenos Aires, del que participó «Larreta también», a quien amenazó con cagarlo a patadas. Literal.

«Frigerio esconde muchas cosas», dijo Lilita. «A mí no me importa Frigerio. Además nos entregó en toda la Nación, así que no me importa. Porque hizo de los candidatos del PJ candidatos del Gobierno. Porque las obras acá en Buenos Aires pertenecen al gobierno de Rodríguez Larreta y al gobierno nacional, pero en todo el país pertenecen al gobierno nacional de Macri a través del Fondo de Infraestructura. Y todos los gobernadores convencieron a sus pueblos con ayuda de algunos de Cambiemos que esas obras no eran de Cambiemos, eran del PJ. Qué se hagan cargo de la entrega que hicieron de esta coalición», acusó la dirigente.

“Escúchenme, es la única vez que te lo digo Horacito porque sino te cago a patadas, porque ya no hay mas tiempo para nada, a Marquitos los formatos, a la miércoles los formatos”, fue otro de los momentos destacados de la fiscal de la República, quien además arengó una estrategia para el 27 de ocubre: «Ellos van a cantar victoria. Nosotros vamos a decir ganamos, aunque no sabemos si ganamos. Se sale con la certeza de la victoria en todo el país y también en provincia de Buenos Aires».

No rompan el sistema electoral

El resultado del 27 de octubre está más que cantado, excepto en la Ciudad de Buenos Aires. A ver si los porteños se ponen a la altura del resto del país.

Ante esa realidad, Carrió, Micky Pichetto y también el presidente, vienen poniendo en duda el funcionamiento del sistema electoral. Por ahora, es sólo el llamamiento encendido a la fiscalización propia. El objetivo, de primera, es poner en duda la victoria o, al menos, la amplitud de la victoria que van a tener Alberto Fernández y Axel Kicillof, tanto como un eventual, improbable, resultado que lleve al ballotage en la Ciudad de Buenos Aires. De larga, lo que se va creando es el caldo de cultivo para la futura oposición social, activa en las calles como siempre lo fue desde 2003 a la fecha y cebada como nunca, tras haber conocido el fuerte aval cultural del gobierno. Ese es el sentido de la gira del Sí se puede. Es un saludo final y un agite para el futuro.

El macrismo no ha terminado

Con Carrió llamando a pudrir todo el 27 mismo, vale señalar que el mito del fraude se puede descomponer muy rápido. Un equipo de hacktivistas formado en la última Hack & Hackers, en el que participó el informático local Leonardo Martínez, analizó los datos de la última elección y llegó a resultados contundentes, que expuso el politólogo Andrés Tow en una serie de tuits, del que rescatamos el más contundente.

 

La diferencia, como podemos recordar, fue un poquito más grande que del 0,16%. No le va a venir mal a Cambiemos poner más fiscales. Cada uno va a poder constatar así, de primera mano, el sabor de los resultados.

Y NO TE OLVIDES: TODOS LOS DÍAS PODÉS ENCONTRAR EL MEJOR RESUMEN ELECTORAL DE LA CAMPAÑA PARA LAS ELECCIONES DEL 27 DE OCTUBRE

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