Bondiola

No sé por qué no me tomé el 1, nunca lo tomo, capaz porque no sé bien el recorrido pero es como que no le tengo confianza, me parece un bondi fantasma… Ni sé cuál tomé, del sur al centro todos me dejan, el uno también, por qué no lo tomé, no sé.

Me pareció que ya había estado mucho parado, pero el centro al mediodía es un bardo, se puede esperar cualquier cosa. Cuando terminé de mandarte el primer audio levanté la cabeza y ya vi una movida rara y la gente comentaba cosas y miraba para el fondo. Al lado venía una pareja con dos criaturas, unos baldes con limpiavidrios y unas mochilas y unas bolsas con algunas compras. Las nenas venían contentas, las había escuchado que hablaban y jugaban. La madre era muy joven y no decía nada, el padre me comentó algo que no entendí cuando los policías ya estaban subiendo y él ya sabía que lo iban a bajar, era fija. Ya tenía en la mano el pucho y el encendedor.

Vos la tocaste a mi sobrina en la calle, te reconoció, dijo un tipo desde adelante. Después los polis le dijeron que bajara, que tenían que aclarar unas cosas, la gente ya hablaba más fuerte y era todo un quilombo. La nena más grande le preguntaba al papá adónde iba, que volviera que se iba a ir el cole, uno de la comitiva le dijo que no se preocupara que tenían que hablar de una cosa y que después el papá iba a volver. La madre no decía ni hacía nada.

Una mujer dijo que los había visto subir en el ministerio, que no podía ser él, que seguro había una confusión, que estaba con criaturas. Otra contestó que siempre usan a las criaturas para cubrirse y para todo. Otra le decía a la madre de las nenas que se bajara a defender a su marido, en un tono que no se sabía si era un consejo o una orden. Insistió, aclarando que ella le cuidaba las nenas y las cosas, la piba seguía sin ninguna reacción, eso capaz puso más nerviosas a varias mujeres que se sumaron: bajá nena, bajá y defendé a tu marido, aclará las cosas, andá. 

Otra mujer dijo que muchos pendejos estaban robando en los colectivos pero que ese era un hombre y que no estaba robando, que venía de trabajar. Alguien aclaró que no lo acusaban de robar sino de violar.

Ahí, la que primero había hablado gritó que los policías eran peores que nosotros, que no se podía confiar, que al hijo de puta que la había violado en su barrio lo habían dejado escapar. A mucha gente no le gustaba el discurso de la mujer y murmuraba una reprobación que no se alcanzaba a entender. Un chabón decía claramente que había que matar a todos los negros de mierda.

Las mujeres empezaron a interrogar a la chica, si habían subido en el ministerio, de dónde eran, qué hacían. La chica habló por primera vez, dijo que eran de Alto Verde y que venían de trabajar. En eso subieron dos mujeres policías y la hicieron bajar con las nenas y les revisaron las dos mochilas, a las bolsas las miraron y las dejaron ahí. Abajo, el muchacho fumaba tranquilo o resignado. 

Fácil media hora perdí con ese bondi, cuando bajé manotié una de las bolsas que habían dejado, y seguí caminando hasta la plaza. Una lástima que no hayas venido, 200 de mortadela y pan, no será Paladini, pero zafa.

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