Foto: Virginia Benedetto.

Dialogamos con Alessia Dro, del Movimiento de Mujeres Kurdas, ante el avance de tropas turcas con el aval de Estados Unidos. “La resistencia es en las calles», dice Alessia. «Defender la revolución de Rojava hoy es defender la humanidad y la revolución de las mujeres en el mundo».

Luego del retiro de las tropas estadounidenses del norte de Siria, Turquía ha avanzado en una nueva ofensiva militar –la tercera desde 2011–, bajo el nombre “Fuente de Paz”: el objetivo son las fuerzas populares kurdas. El anuncio fue realizado a través de Twitter por el presidente islamista de Turquía, Recep Tayyip Erdogán. La invasión territorial se da en el marco del proceso de liberación emprendido por el pueblo kurdo, especialmente por las mujeres.

En las últimas horas, el primer mandatario de Turquía justificó la invasión y amenazó a la Unión Europea con enviar “millones de refugiados” a Europa si continuaban las críticas por los crímenes que está cometiendo el Estado turco en la zona de Kurdistán. Donald Trump también enunció una suerte de distanciamiento de los ataques y justificó el retiro de las tropas del territorio sirio.

Pausa dialogó con Alessia Dro, integrante del Movimiento de Mujeres Kurdas, quien da cuenta de la situación actual de la resistencia kurda. “Es una emergencia humanitaria”, afirma la mujer, e informa que, como consecuencia de los bombardeos, hasta el momento se contabilizan 34.000 personas heridas y 64.000 desplazadas. “La resistencia —dice Alessia— es en las calles y la guerra es contra el fascismo y el patriarcado a nivel internacional”.

—¿Cuál es la situación que se está viviendo hoy en Kurdistán?
—La situación en el norte de Siria, Rojava, es una situación de atracos e invasión militar a través de bombardeos y de la reactivación del Estado Islámico por Turquía. En la frontera hay muchas ciudades como la ciudad de Raqqa, y la ciudad de la histórica resistencia de Kobane que se encuentran viviendo duros enfrentamientos en las aldeas de la zona. El estado turco quiere desplazar a todas las poblaciones que desde hace 8 años han tenido una coexistencia pacífica en la diversidad y en la autonomía democrática de los pueblos, y que en estos momentos se ven en una histórica resistencia popular. En muchos lugares tenemos números altos de desplazamientos y de heridos y muertos por los bombardeos.

—¿En qué contexto se produce esta nueva ofensiva?
—La ofensiva que está ocurriendo en Kurdistán, norte de Siria y Rojava se da en el marco de una guerra internacional. Tiene que ver con la complicidad de los poderes en el mundo para mover acciones contra el área que desde hace más de ocho años llevó a cabo un proyecto democrático basado en la liberación de las mujeres, la ecología, la necesidad del autogobierno, de la autodeterminación de los pueblos y de la autodefensa. Desde este último punto ahora está saliendo a las calles para defender sus tierras de las guerras invasoras que Turquía puede hacer con la complicidad de Estados Unidos. Los Estados Unidos tenían un rol de mediador que decidieron dejar a inicios de octubre para que inicie una guerra como la que lleva adelante el dictador Erdogán contra los pueblos autoorganizados en la confederación democrática del norte de Siria. Es una voluntad de hegemonía, de Estados Unidos especialmente, sobre Medio Oriente y Kurdistán. El Estado Islámico, las bandas yihadistas que están activas en Rojava son bandas que fueron creadas y financiadas por Estados Unidos, por Israel y sobre todo guiadas y manejadas por Turquía. Y que después de la derrota que han visto por parte de la Unidad de Protección Popular de Rojava y las Unidades de Protección de Mujeres, en este momento han sido revivificadas. En estos momentos se encuentran en la ciudad del Califato de Estado Islámico, Raqqa, más de cincuenta bandas que desde el interior de Siria y de Rojava pretenden difundirse para sustraer el territorio y destruir las aldeas democráticas y de paz que han sido construidas. Estamos frente a un escenario muy difícil, muy duro de la guerra que Turquía lleva adelante. Estamos hablando de una crisis humanitaria que se está llevando a cabo en Siria y de la responsabilidad de las instituciones internacionales de toda la humanidad de parar esta guerra.

También vía Twitter, Donald Trump tomó distancia de la invasión turca.

—¿Qué opinión tienen respecto a las declaraciones mediáticas de Donald Trump luego de que Turquía comenzara la invasión?
—Trump ha declarado que Turquía no tiene que hacer una invasión en el norte de Siria pero al mismo tiempo ha dado el permiso de utilización del espacio aéreo. Es el motivo por el que ahora Turquía está bombardeando las aldeas. Trump hace declaraciones que tienen una necesidad de salvar la crisis de su gobierno. Lo que el movimiento de liberación kurdo está haciendo en esta contradicción entre la democracia y los poderes de los Estados es poner en crisis el mismo gobierno de Trump, que por primera vez en la historia vio a demócratas y republicanos unidos contra las decisiones de guerra y de reactivar el ISIS. En estos momentos Trump está atravesando una crisis diplomática e interna muy fuerte. Sabemos de protestas en Estados Unidos frente a la embajada de Turquía y a sedes del mismo gobierno. Somos también el frente de levantamientos históricos y de sublevaciones en todas las ciudades europeas. En estos días hubo marchas en centenas de ciudades y todo esto es debido a una dimensión de solidaridad con los pueblos. No se trata de detenerse en declaraciones diplomáticas. Las estamos escuchando, sabemos que la Turquía ha sido aislada diplomáticamente por sus mismos aliados, pero también sabemos que la voluntad de tener intereses hegemónicos en Medio Oriente por parte de Rusia, de Estados Unidos, de Irán es la motivación de este conflicto.

—¿De qué manera se organiza la resistencia?
—Nuestra respuesta está siendo en las calles, desde las mujeres organizadas que han producido un conocimiento de la sociedad desde la ecología y la necesidad de vivir en la diversidad. Estamos hablando no sólo de mujeres kurdas, sino armenias, chechenas, asirias, que viven juntas y que están poniendo su cuerpo para defenderse ante las invasiones.

Foto: Virginia Benedetto.

—¿Cómo afecta esta invasión a las mujeres en particular y a la organización generada a partir de la lucha por la liberación kurda?
—El ataque de Turquía es un ataque a las mujeres. El Estado Islámico, que ha sido creado por los servicios secretos internacionales para desestabilizar el Medio Oriente tiene su cara más brutal y más destructiva de los poderes patriarcales y fascistas globales. El Estado Islámico es un llamado a la guerra contra las mujeres. Lo decimos por las acciones que han realizado, desde la esclavitud sexual hasta la venta de mujeres.

Alessia contextualiza el ataque en la resistencia que las mujeres han organizado contra las fuerzas del Estado Islámico. En marzo las Fuerzas de Defensa de Protección Femenina recuperaron la zona territorial de Baghouz -al este de Siria-, anteriormente ocupada por el ISIS. La victoria, según referencia el sitio ANF News, fue dedicada «A todas las mujeres del mundo, pero especialmente a las mujeres yazidíes».

—Ha sido una victoria para todas las mujeres de la humanidad contra la brutalidad del fascismo. Ahora de nuevo el Estado Islámico pone como eje la revolución misma de las mujeres. Lo que han hecho las mujeres de esta área ha sido reorganizarse en cada aspecto de la vida. Por eso la guerra las está afectando muy duramente. Son el objeto de la agresión del Estado Islámico, pero son también las que en mayor medida ponen el cuerpo para defender su tierra y para defender la revolución, que es una revolución de la experiencia de la historia de todas las mujeres en el mundo. Las personas que están defendiendo en este momento Rojava tienen la conciencia histórica de que la humanidad está siendo responsable de enfrentarse a una guerra internacional, de desarrollar una sociedad sobre valores éticos y desde ahí poder ganarle a los intereses políticos de los Estados. Defender la revolución de Rojava hoy es defender la humanidad y la revolución de las mujeres en el mundo. Es una responsabilidad histórica que todas y todos tenemos en cualquier lugar del mundo.

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