Yesterday, por Jorge Luis Borges

No soy un fan de Los Beatles. Me gustan. Te puedo tararear diez canciones, pero nunca me compré un CD. No son de mi generación. Cuando tenía siete años, mi amigo Ale podía recitar los nombres de los cuatro de Liverpool de corrido, pero a mi siempre me faltaba uno.

Hay una película llamada Yesterday que está circulando por las redes, con un planteo muy atractivo: un músico fracasado tiene un accidente (lo choca un colectivo mientras vuelve en bici de su última presentación) y cuando se despierta, descubre que nadie recuerda a Los Beatles. Nunca han existido. Los busca en Google y no hay referencias. Le pregunta a la gente y nadie los conoce. Revisa su colección de CDs y ni siquiera ahí están.

La película es muy divertida, con escenas como en la que el protagonista toca Yesterday para probar la guitarra que le regalaron postaccidente y sus amigos se quedan muy emocionados, con los ojos húmedos, y le preguntan cuándo la escribió. “¡¿Cómo cuándo la escribí?!”, contesta enojado de que se burlen de él. “La escribió Sir Paul McCartney. Los Beatles la escribieron”. “¿Los quiénes?”, nadie sabe de lo que habla. “Ah, ya sé”, dice uno de los amigos, “este es el problema con los músicos. Creen que todos tenemos el conocimiento enciclopédico que ellos tienen sobre oscuras y desconocidas bandas de pop, y te hacen sentir un estúpido cuando no las conocés”.

Entonces, Jack Malik, ese es el nombre del protagonista, se lanza a la tarea de reconstruir tantas canciones de Los Beatles como su memoria se lo permita para finalmente componer un álbum que lo ayude a alcanzar su sueño de fama y fortuna.

Hay una escena clave. Una vez que ya logró componer y grabar un puñado de temas, publicar un demo, salir en un programa local de televisión, ser descubierto por Ed Sheeran, birlarle la manager y mudarse a Los Ángeles, tiene la responsabilidad de escribir suficientes canciones como para llenar un álbum doble que cambie la historia de la música pop para siempre. Lleva unos días intentando reconstruir, sin éxito, Eleanor Rigby. En la lista de pendientes también tiene Strawberry Fields Forever y Penny Lane. Lo decide: “Tengo que ir a Liverpool. Creo que puede ser inspirador”, le dice a la manager, que no está muy convencida. Vuela hasta ahí y recorre las calles, las estaciones, los cementerios que inspiraron esas canciones. Y finalmente lo logra, atrapa todas esas palabras que se le negaban y puede completar las letras de las canciones. Más adelante, una misteriosa señora que lo espió mientras recorría esos lugares le explicará: “No podés cantar canciones sobre lugares en los que nunca estuviste”. También le recriminará el error en el orden de las estrofas de una canción.

Todo esto me hizo pensar en Pierre Menard, autor del Quijote, el cuento de Borges sobre un misterioso escritor francés cuyo mayor logro fue escribir El Quijote en el siglo XX. No realizó la transcripción mecánica del texto, ya que su objetivo no era copiarlo, sino que ambicionaba producir unas páginas que coincidieran ­palabra por palabra y línea por línea­ con las de Miguel de Cervantes. Inventa, luego de años de trabajo, la técnica del anacronismo deliberado, que permite leer novelas tranquilas y aburridas como renovadas aventuras.

El narrador del cuento dice que en algunos pasajes del Quijote logra reconocer el estilo de Menard. Y eso me lleva a la famosa anécdota de Borges, según la cual leyó El Quijote originalmente en inglés. Cuando finalmente llegó a la versión en castellano, le pareció solo una mala traducción de la primera.

En Yesterday, Jack Malik es invitado a tocar en Moscú como telonero de Ed Sheeran y en el vuelo reconstruye Back in the USSR, un rock potente que cautiva al público local; una canción de Los Beatles que yo desconocía totalmente, nunca la había escuchado y ni siquiera me sonaba el título. ¿Qué me pasa con esa canción ahora si escucho la versión de Los Beatles? Me parece un mal cover de la que escuché en la película.

Las mismas preguntas que están al final de Menard están al final de Yesterday. Su formulación y el intento de respuesta quedan como tarea para el lector.

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