Empleados del pop

Matilda, dúo histórico para la escena rosarina, presenta un nuevo trabajo que condensa desde sus principios fundacionales y también su deconstrucción, la fuga de la rutina y el Puma Rodríguez.

En 2001, cuando Los Redondos no terminaban de separarse y sus “herederos” también llenaban estadios, otros géneros se atrevían apenas a acercar esporádicamente algún que otro hit al oído popular y bandas como Los Piojos y La Renga lo dominaban todo al frente de la escuadra del rock chabón o barrial. A los costados, se destacaban como excepciones un Yerba Brava o, acaso, un Babasónicos. Con la actitud de unos y la estética de otros, en Rosario, se formó Matilda.

Según cuenta su cantante, Juan Manuel Godoy (el “Checho”, por lo parecido que es a Sergio Batista), decidirse por hacer pop en ese momento no era lo más fácil, “estaba mal visto, era de cheto”. De aquella época fundacional también formó parte su histórico coequiper Nacho Molinos y un tal Maxi, que se encargaba de las programaciones pero que claramente no trascendió en este grupo que se consolidó como un dúo.

Como objetivo la cosa estaba clarísima: al contexto de crisis social querían ofrecerle un sonido fresco, algo para bailar, así que eligieron las formas conjugadas del pop y el tecno, siendo más discípulos de Federico Moura que de Adrián Dárgelos; en otro nivel, querían “que no sea una cosa pasatista sino que haya un contenido que, de alguna manera, ponga en jaque determinados pensamientos establecidos.”

Con un poco más de modestia, lo que esperaban como retribución era más fácil de conseguir: “la expectativa era pasarla bien” recuenta el Checho de ahora con 41 años, con la suficiencia de quien se embarcó buscando cobre y encontró oro.

Mayores de edad

Con Imaginario Popular, su sexto disco publicado hace algunas semanas el tándem Checho & Nacho demuestran haber consolidado un estilo propio compuesto con beats mecánicos y melodías fluctantes, pegadizas. Checho habla con la tranquilidad de quien tiene un panorama completo de las cosas que les pasan y de cómo les pegan. Sobre la libertad que ahora se pueden tomar para hacer pop, piensa que el género “veinte años atrás estaba medio estigmatizado, hoy ya no; siento que a estocada final a la cabida de otras expresiones creo que la dio un poco el feminismo para que las nuevas generaciones las reciban con menos prejuicios.”

Otra de las canciones que se podrían linkear a la ola feminista y los efectos de su sistema de ideas es “Anti romántico”, un buen funk con escenas de deconstrucción explícita: “no quiero ser tu dueño/ni voy a morir de amor”. Sofía Pasquinelli se luce en la guitarra de este tema, mientras que Maia Basso le da cuerpo a las vocales coreando.

Hablando con Pausa, el cantante identifica en las bandas con las que va a compartir cartel en el Festival Harlem de Santa Fe, el fin de semana del 15 al 17, distintas síntesis de un tiempo en el que el arte busca salirse de los márgenes, degenerarse como quien dice, y que, como necesidad intrínseca, siempre está intentando borrar los horizontes del deber ser. O del deber sonar.

Sobre este nuevo disco en su totalidad, dicen que “es el imaginario popular de lo que nosotros creemos que es nuestro propio imaginario popular”, en el que puede manifestarse un Puma Rodríguez, Prince o el propio Federico Moura, quien es homenajeado en “FM”.

Apto para todo público

Aunque la aventura de Matilda lleva 18 años, Checho sostiene una doble identidad en su día a día: mientras que a la tarde ejerce de músico en plan distendido, durante las mañanas rellena una ventanilla desde la que atiende la necesidad de contención de las personas que asisten al centro de salud de Villa Moreno, donde él trabaja como administrativo: “Estoy muy agradecido con este trabajo, sobre todo por lo que aprendo de lo humano.” Cada tanto, algún vecine que lo engancha cantando en la tele lo saluda al recibir de sus manos el turno para atenderse.

Aparte de su media docena de álbums con el dúo, Checho grabó otro par de álbumes: Canciones para Lena y Canciones para Amador, que están hechos para sus hijes de 6 y 3 años. La paternidad a veces les tira para no agarrar horarios con la noche tan entrada; incluso, para la presentación del disco en Rosario, no cobraron entrada a menores de edad, “así los padres podían ir con sus hijos y, además, de que los chicos de esa edad generalmente no tienen un mango”.

—¿Por qué haces música?

—Uno se va dando cuenta de que la vida, sobre todo en las ciudades, es bastante rutinaria, se va andando y viendo los mismos lugares y haciendo siempre lo mismo. Lo que está bueno de la actividad artística es que de alguna manera te permite enfrentar situaciones inesperadas, permanentemente te presenta sorpresas, sea encontrarte con alguien a la que le gustan tus canciones o sencillamente conocer personas de lugares a los que no hubieras llegado de otra forma; obviamente también sirve como vehículo para exponer las cosas que uno siente o piensa, siempre como un aporte positivo al mundo, por más pequeño que sea.

El dúo rosarino vuelve a Santa Fe el domingo 17 para presentar su nuevo trabajo, Imaginario Popular, en el tercer día del Festival Harlem, en la Estación Belgrano desde las 18:30.

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