Hay un par de partidos que lamentablemente van a entrar en la historia. Son los mismos protagonistas, un equipo italiano y otro español, “casualmente” representantes de dos de los países más afectados por el coronavirus. El 19 de febrero, por los octavos de final de la Copa de Campeones de Europa, Atalanta, el equipo de Bérgamo (capital europea del Covid-19), recibió en el mítico estadio Giuseppe Meazza (Milán) al Valencia español.

Atalanta, donde el argentino “Papu” Gómez es como Maradona en Nápoles en los años ’80, por primera en la historia está jugando el torneo más importante de clubes del viejo continente, motivo por el cual abandonó su reducto en Bérgamo (el Atleti Azzurri d’Italia) para llevar más público en el estadio que ocupan los equipos milaneses (Inter y AC Milan). El Giuseppe Meazza tiene capacidad para 80.000 espectadores y la cancha de Atalanta está habilitada para 16.000.

La distancia entre un estadio y otro es de 59 kilómetros, es como si Unión o Colón jugasen de local en la cancha de Sarmiento de Humboldt.

El orgullo y la peste

La noticia transmite una enorme sensación de epopeya en el sitio oficial atalanta.it: “ATALANTA-VALENCIA: 45.792 ESPECTADORES”.

Y en pocas líneas dice: “Nuevo récord de espectadores para un partido en casa. Para el partido Atalanta-Valencia, ida de la primera ronda eliminatoria de la UEFA Champions League, se emitieron 45.792 entradas.

Este es el nuevo récord para los espectadores en un juego en casa de Atalanta, el anterior fue fechado el 16 de septiembre de 1984 con 43.426 personas presentes en el estadio de Bérgamo para la Serie A Atalanta-Inter”.

A los casi 46.000 hinchas de Atalanta hay que sumarle 2.500 del Valencia. Ese 19 de febrero, cuando los medios del norte de Italia empezaban a darle algo más de trascendencia al Covid 19, en la ciudad de Milán miles de ciudadanos de Bérgamo se abrazaban, gritaban y besaban entre ellos por el aplastante triunfo de su equipo. Papu Gómez y su banda le daban una paliza histórica al Valencia: 4 a 1.

Francesco Le Foche es un inmunólogo italiano que asegura que ese partido fue determinante en la expansión del virus. «Ha pasado un mes desde ese partido. Los tiempos son relevantes. La congregación de miles de personas, a dos centímetros una de la otra, aún más asociada a las entendibles manifestaciones de euforia, gritos, abrazos, puede haber favorecido la replicación viral». Como toda serie de copas internacionales hay una ida y una vuelta. La revancha se jugó el 10 de marzo en Valencia (victoria de Atalanta por 4 a 3), sin público, como prevención por el virus. A esa altura ya era tarde.

Hay un dato que es contundente en el mundo del deporte en Europa: Valencia fue el primer equipo de fútbol en el que se detectaron casos positivos de coronavirus en España y varios periodistas que viajaron al partido fueron diagnosticados como positivos. «A pesar de las estrictas medidas adoptadas por el club, distanciando a la plantilla del entorno laboral y del público en general, los últimos resultados demuestran que la exposición inherente a los partidos ha provocado en torno a 35% de casos positivos», detalló el club en un comunicado.

Entre el 19 de febrero y el 10 de marzo Atalanta jugó en el Stadio Comunale Via del Mare del Lecce y ganó 7-2 por la Serie A. En tanto, el 6 de marzo Valencia viajó para enfrentar al Alavés por la Liga de España, el partido terminó 1 a 1. Mientras que dos semanas después el partido del coronavirus terminó con 15 casos positivos entre jugadores y cuerpo técnico del Alavés.

Hoy Italia y España no dan abasto para detener la goleada del Covid 19. Por estas horas ya nadie habla de aquella epopeya popular de los hinchas de Atalanta a Milán, hoy Bérgamo es una foto de calles desoladas que sólo son transitadas por camiones del ejército italiano que buscan centenares de muertos.

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