El barrio que es una ciudad también vive su cuarentena. Las calles están vacías y los pobladores saludan desde las ventanas. Otro día del aislamiento social, preventivo y obligatorio, retratado en imágenes.

El sol se cae por el oeste y al otro lado, en el distrito La Costa, la tarde se apaga. El murmullo de las familias en los balcones, la explosión del martillo del que aprovecha para arreglar un mueble y una sirena que anticipa una orden: «apure el paso, caballero». La advertencia no les hace falta a les que así y todo tienen que salir a revolver los containers, el apuro ya lo tienen.

La bicicleta de Henry en la plaza, más sola que nunca. Los departamentos parecen pantallas pasando películas distintas cada uno. A cada rato, los pibes de la ambulancia se levantan a atender alguna consulta, ya no se escuchan los sumbidos desde la 168, miles de autos duermen también en los cordones y las cocheras que se comen las veredas.

 

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