En la vereda del Loco

El premio Fair Play de la FIFA se entregó en 42 oportunidades y el único argentino que lo ganó fue Marcelo Bielsa. Aquí, un elogio de la locura y del fútbol.

Desde que tomamos noción del desastre humanitario que genera el coronavirus se puede leer y escuchar a muchas personas que argumentan (y desean) que hay ciertas actitudes de la humanidad que pueden cambiar. Muchos entramos en vaivenes sentimentales y racionales con respecto a cómo podremos reaccionar luego del aislamiento mundial, más allá de los antihumanos de Trump y Bolsonaro.

¿Seremos mejores? ¿Romperemos con algunas fórmulas del capitalismo que parecían indestructibles? Todas las teorías rondan en la recuperación de ciertos comportamientos y valores. Uno de esos valores es el de la honestidad.

En el campo del deporte argentino, con el fútbol como emblema, fuimos viendo el mismo crecimiento de conductas miserables que abonó el capitalismo durante tantas décadas. En estas tierras se hace un monumental culto a la trampa y se lo elogia a Estudiantes de La Plata como el primer equipo que cultivó una semilla que luego se conocería como “Bilardismo”.

Las innovaciones en los entrenamientos y en las tácticas para plantear los partidos fueron las bases para ganar títulos que pasaron a la historia, eso no se discute y es un mérito enorme de quien fuera el gran líder de dicho movimiento: Osvaldo Zubeldía. La utilización milimétrica de los resquicios que dejaba el reglamento y las maniobras más “creativas” fueron parte de aquel esquema que lo llevó al club platense a trascender en el orden internacional.

Carlos Bilardo fue el preferido del entrenador Zubeldía, el lugarteniente adentro del campo de juego. Cuenta la historia que en 1968, cuando Estudiantes derrota al Manchester y se consagra campeón del mundo, que el DT argentino le daba permiso a Bilardo para que abandone los entrenamientos previos al enfrentamiento con el club británico y así poder concurrir a cursos de inglés; el objetivo: molestar hasta el cansancio y doblegar en su voluntad al cerebro de los ingleses y abanderado de las buenas conductas de aquella época, el legendario Bobby Charlton, que terminó expulsado.

Los vivos

Con el correr del tiempo esas actitudes fueron justificadas con dos palabras: “viveza criolla”. Desde ese lugar aparecieron argumentos simplistas como “el fútbol es para vivos” y otras  explicaciones que hacen mención a la letra sagrada del deporte, “en ningún lugar del reglamento dice que está prohibido darle agua podrida al rival”.

Se van a cumplir 30 años de un partido que también pasó a la historia por un acto que juega de antónimo a todo lo que se puede considerar honesto. Se enfrentaban en el Mundial de Italia 1990 (octavos de final) Brasil y Argentina, el futbolista brasileño Branco bebió del agua que le ofrecieron desde el banco de suplentes argentino, sin sospechar que había un somnífero mezclado con el líquido. Esa anécdota en Argentina se celebra tanto como el pase de Maradona y el golazo de Caniggia.

Bilardo, el DT de aquella selección subcampeona (palabra que llena de vergüenza a millones de futboleros y futboleras), tiene entre sus frases históricas «al enemigo, ni agua». El rival es considerado enemigo, con ese concepto fue creciendo en las últimas décadas socialmente el fútbol argentino.

Tiempo atrás, en sus años de jugador, también se hizo famoso por usar alfileres para clavárselos a los rivales. Esta dolorosa forma de pinchar a los adversarios también es muy celebrada por los festejantes de la ventaja. Por último, cuando entrenaba al Sevilla gritó “pisalo, pisalo», una palabra repetida que sintetiza una práctica deportiva, social y cultural.

Contradicciones

No todo es tan blanco y negro, social, política y éticamente es complicado entender que las mismas personas que condenan la especulación financiera, el vaciamiento del Estado y la riqueza para pocos, celebran el fútbol del engaño, el del padecimiento del otro, de la especulación constante y de la trampa halagada. ¿Será que todavía no pueden ver en el fútbol al más gigantesco pulpo social y cultural que tiene Argentina?

En las frases y acciones del fútbol encontrarán todas las similitudes con una sociedad que navega entre la decadencia individual y la desesperación por salir a flote de forma colectiva.

Mientras tanto el fútbol sigue teniendo a los representantes de esa cultura en los principales medios de comunicación, esos que lucran millones y se regodean con esa cultura estafadora, deshonesta e individualista. Los tipos cuentan historias de trampas y sufrimientos de los rivales con tono heroico y jocoso, los periodistas lo celebran, después repiten esas historias y salen a buscar a otros Ruggeri, sólo por nombrar a un alumno ejemplar del “Bilardimo” (una forma tramposa de jugar y vivir).

La ventaja sigue ganando por goleada y los medios de comunicación lo demuestran cada vez que un acto de honestidad lo transforman en noticia. En este contexto no es complicado entender el protagonismo de Marcelo Bielsa. Así es como el año pasado el Leeds, el equipo que dirige en Inglaterra, jugaba contra el Aston Villa, y un jugador del Aston Villa quedó tendido en el suelo a raíz de una lesión. Sus compañeros quedaron paralizados esperando a que el Leeds tirara el balón fuera, pero continuaron la jugada y terminó en gol. Marcelo Bielsa reaccionó y decidió «devolver» lo que debió entender que no merecía, el gol. Así que en el saque desde el centro de la cancha pidió a sus jugadores que dejaran jugar al rival y se dejaran marcar. Según él, «no regaló un gol al rival, solo se lo devolvimos».

Fair Play

Y si a ese espejo del fútbol que nos devuelve situaciones de nuestra sociedad argentina la enfrascamos solamente en el juego propiamente dicho, vamos a encontrar dos palabras que la FIFA las transformó en premio: Fair Play. Si el deporte más popular y poderoso del planeta necesita de una recompensa para los que “juegan limpio”, quizás ese premio (sin querer) esté desnudando todas las miserias del juego colectivo más hermoso que se haya creado.

Ese premio se otorga desde 1987, un año después del gol con la mano de Diego Maradona a Inglaterra. La indignación de la FIFA por descubrir que su principal adversario adentro de una cancha hizo un gol ilícito (después hizo el más bello de la historia) en uno de los partidos más destacados de todos los Mundiales lo llevó a organizar una entrega de premios todos los años.

Cuando cualquier persona bucea 10 minutos en lo que la casa mayor del fútbol intenta promover, descubre que los principios del programa «Fair Play» de la FIFA pueden resumirse en lo siguiente:

  • Jugar de forma limpia.
  • Jugar para ganar pero aceptar la derrota con dignidad.
  • Cumplir las reglas de juego.
  • Respetar al contrario, compañeros de equipo, árbitros, jueces de línea y espectadores.
  • Promover el interés por el fútbol.
  • Recompensar a aquellos que defienden la buena reputación del fútbol.
  • Rechazar la corrupción, las drogas, el racismo, la violencia, el juego y otros peligros de este deporte.
  • Ayudar a otros a resistir las presiones de corrupción.
  • Denunciar a aquellos que intenten desacreditar el fútbol.
  • Usar el fútbol para hacer un mundo mejor.

El premio se entregó en 42 oportunidades, el único argentino que lo ganó fue Marcelo Bielsa. Fue en la última premiación, el año pasado.

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