“Hay que visibilizar el Día de la Docencia Universitaria para no cejar en la lucha”

Hoy se conmemora el Día de la Docencia Universitaria. Cuatro docentes de la UNL, afiliadas a la Asociación de Docentes Universitarios del Litoral, cuentan sus experiencias con la educación virtual y hablan sobre la brecha de género. En el contexto de la cuarentena, continúa la lucha docente por mejores salarios y condiciones dignas de trabajo.

El 15 de mayo es el Día de la Docencia Universitaria en nuestro país. La fecha recuerda al Correntinazo de 1969, donde el estudiante Juan José Cabral perdió la vida en la represión a una protesta estudiantil. Muchos años después, las y los docentes continúan la disputa colectiva por mejores salarios y mejores condiciones de trabajo. Este año, la pandemia de coronavirus trastocó las formas tradicionales de enseñanza y las y los trabajadores de la educación superior debieron repensar sus prácticas pedagógicas para que ningún estudiante quede afuera.

En este contexto, Pausa dialogó con cuatro docentes de la UNL afiliadas a la Asociación de Docentes Universitarios del Litoral, sobre cómo se trabaja durante la cuarentena y cuáles son las demandas del sector.

Dar clases a través de la pantalla

Norma Levrand es abogada, doctora en Derecho, docente e investigadora. Actualmente se desempeña Jefa de Trabajos Prácticos en la materia Ciencia, Tecnología y Sociedad en la Facultad de Ingeniería en Ciencias Hídricas. “Estamos trabajando virtualmente a través de la plataforma de la UNL. Esas plataformas existen hace mucho tiempo, pero ahora se intensificó porque es el único modo de dictar las clases. Eso implica que como docentes tengamos que repensar el modo de desarrollar las asignaturas en la virtualidad, en un plazo bastante breve. Soy docente de cursos a distancia, y esas propuestas generalmente llevan bastante tiempo de elaboración, de preparación de materiales, pero en este caso tuvimos que resolverlo de manera rápida”, cuenta.

“Hay algunas dificultades de orden tecnológico. Algunos estudiantes volvieron a sus pueblos y no tienen buen acceso a internet”, dice Levrand. El otro aspecto, debatido en foros docentes, es poder evaluar de una forma que permita realmente saber hasta qué punto las y los estudiantes han aprendido.

Patricia Sandoval es ingeniera agrónoma, docente e investigadora. Trabaja en la Facultad de Ciencias Agrónomas de Esperanza. Con respecto a la virtualidad de las clases, señala que “ha sido una oportunidad”. “Lo hemos tomado de forma muy positiva porque hemos consolidado el equipo de trabajo”, expresa. “Nos ha llevado mucho más trabajo en este período porque no teníamos aceitadas las metodologías virtuales, si bien ya contábamos con aulas virtuales”, reconoce.

“La formación de profesionales universitarios es una actividad educativa y como tal es esencial. Esto se ha puesto en evidencia en esta situación y creo que, cuando pase esto, los docentes tenemos que unirnos para reclamar al Estado que el sostenimiento estatal a la actividad y a la función del docente investigador universitario tiene que ser algo mucho más valorado de lo que ha sido hasta ahora”, reflexiona.

“Hay que visibilizar el día de la docencia universitaria para no cejar en la lucha”, afirma por su parte Levrand. “Hay que visibilizar eso: cuáles son los derechos que tenemos y cómo podemos ejercerlos en el contexto de la cuarentena”, agrega.

La brecha de género

El Sistema Público Universitario (SPU) emitió un informe acerca de la participación de las mujeres en las universidades argentinas. El texto informa que, en 2018 y 2019, las mujeres superaron en más del 10% a los varones, tanto en cantidad de estudiantes como de egresadas. Ellas comprenden el 58,1% del alumnado y el 61,2% de las personas egresadas. No obstante, a la hora de analizar su incidencia en altos mandos, ese porcentaje decrece abruptamente. Por ejemplo: solo el 13% de los rectores y rectoras son mujeres.

En el caso de los cargos de dedicación exclusiva, el 56,4% de las y los ayudantes de cátedra son mujeres. El 58,7% de las y los JTP (jefa o jefe de trabajos prácticos) son mujeres. La cifra desciende a medida que se asciende en la escala: el 55,2% de los cargos de docente adjunto o adjunta corresponden a mujeres, el 51,5% de los cargos de docente asociado o asociada son ejercidos por mujeres y el 44,5% de los cargos titulares son ocupados por mujeres.

Respecto a la dedicación simple, el 53,1% de las ayudantes de primera categoría son mujeres, mientras que suman el 51,3% en el cargo de JTP. La participación de las mujeres en las cátedras desciende, también a medida que la escala sube: son el 42,4% de las y los adjuntos, el 36,6% de las y los asociados y el 38,3% de las y los titulares.

“Hay desigualdad”, manifiesta Norma Levrand. “En el ámbito de la investigación, nuestros tiempos como mujeres para ser madres se yuxtapone con el tiempo en el que debemos tener más productividad. Eso va en desmedro de alguno de los dos roles. En mi caso soy madre, tengo tres hijos y es difícil conciliar horarios para priorizar la investigación. Para hacer trabajo de campo tengo que hacer un gran organigrama familiar para poder asegurar el cuidado de los niños”, cuenta.

“Los concursos en la universidad son esporádicos, y cuando uno accede al concurso tiene que poner mucho esfuerzo y a veces si coincide con un momento en que la madre tiene a su hija o hijo pequeño, es difícil conceder tiempo para el concurso”, relata.

«En este tiempo de cuarentena el lugar de las madres con hijos está muy invisibilizado. Son las cátedras las que nos hacen ‘el aguante’. Me ha ocurrido dar la clase con mi hijo menor a upa. Es gracias a los docentes varones o a las mujeres que no tienen hijos pequeños que se puede sobrellevar la situación. Pero no hay una política clara desde la Universidad sobre este tema», cuenta la docente.

Por su parte, Sandoval señala que «en investigación, si tenés los elementos de capacitación, la Universidad te da una libertad que no te da otra institución». «Pero por otro lado, no es una institución exenta de una cierta visión del hombre con más capacidades que la mujer. En nuestra profesión, históricamente ha sido el hombre el profesional de campo, por lo menos hasta hace diez años. De todas las funciones de nuestra carrera, la mujer se dedicaba más a la investigación y a la docencia y el hombre a las actividades de extensionista. Es decir, en contacto con el productor en el campo», matiza.

«En general, las mujeres accedemos menos a los cargos ordinarios de concurso. Eso es porque durante mucho tiempo de nuestras vidas estamos abocadas al cuidado y no podemos producir. A veces, al ocupar los cargos más bajos de la cátedra, estamos a cargo de las actividades más rutinarias. Por ejemplo, organizar la reunión de cátedra, tomar nota de la reunión, sacar las fotocopias. No ocurre siempre, pero cuando una ve la conformación de las cátedras es una impresión que queda», finaliza Levrand.

En el preuniversitario

El sindicato Adul representa no solo a las y los docentes del nivel universitario de la UNL, sino también a quienes dan clases en las escuelas secundarias, la primaria y el jardín de la Universidad.

María de los Ángeles Toledo es docente del nivel primario; trabaja en la Escuela de la UNL desde 2009. La cuarentena la encontró a cargo de un primer grado. “Como maestra disfruto mucho ese grado, pero cuando se presentó este problema fue todo un caos en mi cabeza y en mi corazón, porque el primer grado tiene montones de cosas que lo hacen particular. Es fundante para el niño y la niña como estudiante, entonces la presencialidad, la copresencia, el gesto, la mirada que tiene el aula territorial no la tiene este otro espacio. Fue probar y ensayar este nuevo modo de hacer escuela”, expresa la docente.

“Mis hijos son grandes pero mis compañeras que tiene sus hijos más pequeños y hasta en la escuela, tienen que repartir los dispositivos, los tiempos, el cuidado que siempre recae sobre la espalda de la mujer. Equilibrar todo eso hace que no sea tan simple y tan sencillo”, asegura Toledo. “En mi caso mi hijo tiene tres años, pero el resto de los profes tienen hijos en edad escolar, entonces hay que hacer las tareas con ellos. Es muy complejo dividirse entre todas las tareas y las tareas del hogar”, señala por su parte Jimena Fernández, también docente del nivel preuniversitario.

Fernández es profesora de matemáticas en la Escuela Industrial Superior y en la Escuela Secundaria de la UNL. Como sus colegas, apunta que una de las mayores dificultades con la virtualidad “es que uno tiene conversaciones y debates que se dan en la presencialidad, que requieren de un dinamismo que en las clases virtuales lo vas perdiendo”. Al igual que Toledo, menciona el problema de la conectividad como una dificultad para el acceso igualitario a las clases. “Los profes intentamos que eso no pase, en mi caso grabo las clases para que puedan verlas quienes no pudieron conectarse. Es la forma de ir cubriendo esas desigualdades que se dan para que nadie quede afuera”.

Con respecto a esta fecha, Toledo manifiesta que “hoy nuestros compañeros universitarios y universitarias celebran su día. Pueda ser que se reconozca el trabajo que se realiza, que demanda tanto tiempo, esfuerzo y aprendizaje permanente en este momento tan difícil que nos toca. Más allá de la buena voluntad, no tenemos por qué saber esto que es tan distinto a lo que hacíamos habitualmente. Entonces un reconocimiento simbólico y material vendría muy bien”.

“La lucha sigue, ahora desde este contexto, peleando siempre por los derechos de los docentes”, subraya Fernández. La docente preuniversitaria resume las demandas: “Que se sigan respetando las horas de trabajo, el tener herramientas para intentar hacer el trabajo lo mejor posible y seguir discutiendo la paritaria salarial”.

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