Siete santafesinos fueron espiados por la Agencia Federal de Inteligencia durante el gobierno de Mauricio Macri. Hablamos con la interventora Cristina Caamaño sobre ese hallazgo y el futuro del AFI. Además, Valeria Silva, una de las espiadas, reflexiona sobre lo sucedido, en vistas a la apertura de una causa judicial.

Sería injusto adjudicárselo en exclusiva pero su currículum lo entrega: Macri evade, fuga, contrabandea, trafica en beneficio propio y corporativo y te escucha. Te escucha, te graba y te opera. Es el Señor 1 y acaba de ser imputado por segunda vez por un delito recurrente y del que ya fue sobreseído a pocos días de asumir como presidente: espionaje ilegal agravado por su condición de máxima autoridad del Estado y de una estructura dedicada a la extorsión y delitos conexos como ocupación central. El presidente cambió, Cristina Caamaño y su intervención son una esperanza para la Agencia Federal de Inteligencia y el fiscal es otra vez Jorge Di Lello. ¿Final abierto?

Todo pasa y ellos quedan (pero lo nuestro es pasar mejores)

Las estructuras de inteligencia suelen ser las zonas más oscuras y autonomizadas de las burocracias estatales. Trascienden los cambios de gobierno, poseen agentes inorgánicos que a veces doblan a los orgánicos (en cantidad, en calidad de data, en peso operativo), acopian información más o menos sensible para los intereses nacionales y clave para intereses particulares, proveen y se complotan con otras estructuras del poder perenne para conformar verdaderos “grupos de tareas” mixtos, casi paraestatales. Son un servicio opaco y crítico del Estado en todas sus versiones –de derecho o de facto– poseen una estructura y logística operativa que se desmarca de toda regulación explícita y chantajean a todes: comunicadores, jueces, empresarios, políticos e incluso a presidentes en ejercicio del poder, superiores jeráquicos que terminan condicionados por la lógica de un servicio que acepta órdenes pero siempre tiene otros planes.

En nuestro país fue Cristina Fernández la primera en 32 años de democracia que –a días del suicidio de Nisman– se decidió a meter mano en esa catacumba impresentable disolviendo la SIDE para crear la actual Agencia Federal de Inteligencia. Hacía décadas que el organismo central de inteligencia nacional se había transformado en una corporación ingobernable con fines delictivos que la mismísima ex presidenta padeció durante sus dos mandatos y que demostraba su total incapacidad para anticipar nada de utilidad para el país ni para el gobierno en particular. «Era una deuda que tenía la democracia, de todos los que hemos estado gobernando desde 1983, pero también es necesario que la justicia comience a repensarse ya que hemos visto una corporación permanente que interviene expedientes y maneja jueces, hay que cortarlo de cuajo», sostenía la actual vicepresidenta. 2015 fue un año rabiosamente electoral y plagado de complicaciones hasta la derrota a manos del actual imputado por hacer lo de siempre. Cristina nombró a Oscar Parrilli (hoy senador nacional) y a Juan Martín Mena (hoy secretario de Justicia), transfirió las escuchas (legales) al Ministerio Público Fiscal y despidió a Jaime Stiusso, clave en la operación Nisman que pegó en la línea de flotación del por entonces Frente para la Victoria. No alcanzó. Con la derrota más cantada y dolorosa desde el retorno de la democracia, llegó el Señor 1 con vasta experiencia en espionaje y extorsión, nombró a Gustavo Arribas y Silvia Majdalani al frente de la AFI, blindó el uso de fondos reservados, amplió a más de 2000 los agentes de inteligencia inorgánicos, armó una mesa judicial para monitorear causas contra ex funcionarios kirchneristas alimentadas por operaciones conjuntas entre la AFI, los grupos mediáticos Clarín, La Nación y América, llenar de causas para procesar y condenar a Cristina Fernández y presionar jueces federales que –si no fallaban como el gobierno esperaba– serían directamente relevados, según se floreaba el propio Macri.

Valeria Silva y Lucila Puyol, de HIJOS Santa Fe, fueron ilegalmente espiadas por el macrismo

Pero algo salió inexplicablemente mal, Cristina resistió, consolidó un tercio combativo y leal de electores, se recompuso y armó la fórmula perfecta para pescar fuera de la pecera y recrear la mayoría de los años felices: el tercio que vota al peronismo con convicción sumado a los fluctuantes que votan por conveniencia y espanto. ¿Llegó la hora de retomar la tarea inconclusa en 2015? La historia nos regala estas persistencias: Cristina Fernández es vicepresidenta y clave en la gestión de gobierno, Macri vuelve al banquillo de los imputados por un delito en el que suele reincidir, el fiscal que recibe la nueva denuncia por espionaje es Jorge Di Lello, el mismo que dictaminó el sobreseimiento de Macri en 2015 y reaparece uno de los cuadros de gestión más formados y sólidos del kirchnerismo, la presidente de Justicia Legítima, Cristina Caamaño, a cargo del Departamento de Intercepción y Captación de las Comunciaciones en 2015 y actual señora número 5.

1800 veces no deben

Más allá de la probidad con la que desempeñó cada cargo que ocupó hasta el momento, este escriba escuchó elogios para Caamaño de dos mujeres de enorme carácter y trayectoria, una peronista y otra no: Nilda Garré y Eva Giberti. Dicen cosas como “Cristina hace que todo parezca sencillo en esta complicación enorme que es la política, resuelve siempre” y “Es un cuadro impresionante, se aprende con sólo verla trabajar”. La AFI es un desafío enorme para probar semejantes cualidades. Ella sonríe, devuelve los reconocimientos y pasa a cosas más importantes: “Me encontré con un lugar que es tal cual como dijo el presidente, con los sótanos de la democracia. Un lugar donde no hay registro de nada ni se puede rescatar algo que se hubiese hecho bien porque no dejaron ningún vestigio, es imposible. Con un gran descontrol desde todo punto de vista y sobre todo financiero”. Caamaño asegura a Pausa que “nosotros armamos una nueva estructura que la semana que viene seguramente va a salir en el Boletín Oficial. Simplificamos una súper estructura heredada con más de 100 direcciones, hicimos algo mucho más racional, sacamos al señor o la señora 8. Tendremos un formato mucho más ministerial donde hay un director y tres secretarías”.

Sobre el ofrecimiento de continuar al frente de la AFI, Caamaño dice “estamos trabajando en la nueva Ley de Inteligencia, eso es un sí”.

Caamaño hizo algo lógico, sobre todo en una estructura tan compleja e indócil: tomó de inmediato todos los cargos jerárquicos y políticos (en los primeros 15 días luego de asumir) y reorganizó las áreas para adecuarlas a su proyecto y los objetivos trazados por el presidente. Dispuso de inmediato la elaboración de un proyecto para una nueva Ley de Inteligencia, que implica una aceptación de hecho a lo que Alberto Fernández adelantara hace algunos días, que le va a ofrecer la continuidad al frente de la AFI. Disipada las hipótesis de disolución del organismo, la tarea es dura y Caamaño cuenta con el apoyo sin fisuras del binomio presidencial.

Sobre la lista de espiados ilegalmente por el gobierno anterior la interventora asegura que “Yo encontré un residual de 87 nombres, pero estimamos que fueron más de 1800. Había un equipo capaz de hacer intercepciones y descargar materiales de cientos de mails y a una gran velocidad. Ese aparato ya no está en la AFI, hoy está desaparecido”. Reconoce que no hay certeza acerca del volumen, contenido y la organización de los datos extraídos ilegalmente desde junio de 2016 y hasta fines del mandato de Cambiemos. “Eso está en manos de la justicia, ellos deberán analizar el material recuperado de los soportes tecnológicos que les entregamos, ya no es mi competencia”.

Santa Fe en el radar de Macri

Cuando la Sala III de Casación Penal conformada por Liliana Catucci, Eduardo Riggi y Carlos Mahiques (una de las poderosas familias de la casta judicial argentina) anuló en 2018 la causa de escuchas contra Macri y la banda integrada por Ciro James, el Fino Palacios y Guillermo Montenegro entre muches otres, argumentó que como el delito era “de acción privada” no podía ser el fiscal (nada menos que Nisman) el que la impulsara sino alguna de las víctimas. Al cierre de esta nota no se sabe qué harán los seis santafesinos de la lista, pero las dirigentes del Frente de Todos Elizabeth Gómez Alcorta (Ministra de la Mujer de la Nación) y las santafesinas Lucila Puyol (Secretaria de Derechos Humanos de la provincia) y Valeria Silva (Directora Provincial de Memoria, Verdad y Justicia) ya se presentaron como querellantes en la causa.

Lucila Puyol y Valeria Silva en el centro, acompañando a Otilia Acuña. Foto: Mauricio Centurión.

“Hemos recibido todo el apoyo de gobernador Omar Perotti y Alejandra Rodenas y nos presentamos las tres de manera unificada, somos amigas de la militancia y víctimas de este caso además de una inteligencia al servicio del macrismo que no sabría cómo llamarla porque nunca pudieron predecir nada importante, no pudieron adivinar que Cristina iba a lanzar un libro o que en su lugar Alberto iba a ser candidato a presidente” ironiza Valeria Silva y sube la apuesta con humor: “están haciendo cualquier cosa con la plata de mis impuestos”.

Hay indicios de sobra para suponer que las estructuras de inteligencia policial de la provincia de Santa Fe ya tenían sendas carpetas sobre militantes históricos de Derechos Humanos como Celina “Queca” Kofmann, Lucila Puyol o Valeria Silva entre otres, pero que la AFI macrista la “seleccionase” fue una sorpresa para la actual Directora de Memoria, Verdad y Justicia: “Debo decir que pensé que era otra Valeria Silva, desde fines de los noventas y para el 24 de marzo siempre me llamaban por teléfono con el clásico silencio del otro lado y el himno nacional de fondo. Los militantes y los organismos sabemos que esto ocurre pero nunca lo pudimos probar. Creo que esta es una oportunidad histórica de llegar a fondo y condenar a los responsables”.

Al igual que en 2009, todo depende de variables superpuestas: el caudal probatorio, la trazabilidad fehaciente entre Macri, Arribas, Majdalani y el resto de los imputados y la performance del tándem Di Lello–Martínez de Giorgi y finalmente el poder residual del grupo de tareas que operó durante el macrismo y que en sus componentes “menos democráticos” no está desmantelado ni mucho menos. Si se trata de respetar la republicanísima división de poderes, el populismo suele garantizar más limpieza y mejores modales que el neoliberalismo crudo y expuesto de este país. Entonces… ¿se hará justicia?

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