La Asociación Argentina de Hemoterapia no quiere sangre ni plasma de homosexuales

Un joven porteño quiso donar sangre para su padre pero lo rechazaron por ser homosexual. La ley de la dictadura que estableció esa restricción fue modificada en 2015, pero hay laboratorios y clínicas que no han modificado sus formularios. 

Parece una noticia vieja, que estaría recordando como eran las cosas antes, cuando ser puto, torta, trava, era una «enfermedad». Pero no, la noticia es de esta semana, de este mes en que celebramos los 10 años del Matrimonio Igualitario y el avance en materia de derechos que eso significó -junto con la ley de Identidad de Género- para todo el colectivo LGBTIQ+.

El hecho lo hizo publico la Comunidad Homosexual Argentina (CHA): “Recibimos el testimonio de Nicolás, un joven de 23 años de la Ciudad de Buenos Aires, que fue a donar para su padre que estaba por someterse a una cirugía en una clínica muy importante, que me atrevería a decir que es de vanguardia, y donde yo también me atiendo, y no lo dejaron donar ‘por ser homosexual’. Él reunía todos los requisitos pero en el banco de sangre le dijeron que ellos se regían por las normas de la Asociación Argentina de Hemoterapia, Inmunohematología y Terapia Celular (AAHITC)”, relató a Página/12 el presidente de la CHA, César Cigliutti.

¿Cuáles son las normas de la AAHITC? Según se puede constatar en su página web, siguen recomendando impedir la donación a: “Varones que tengan o hayan tenido relaciones entre hombres” y a “Mujeres que tengan o hayan tenido pareja sexual Hombre que tiene también sexo con hombres”.

Efectivamente, esa respuesta le dieron a la CHA cuando se comunicaron con el personal de la clínica en cuestión: que muchos bancos de sangre y sanatorios se guían, independientemente de lo que estipula la ley, por lo que dice la AAHITC.

¿Qué dice la ley? Hasta 2015 -si, 2015- rigió en el país la Ley de Sangre, heredada de la dictadura, que establecía esas restricciones para donantes homosexuales. Como bien resalta la periodista Dolores Curia en la nota de Página/12, «entre 2010 y 2015 dos hombres podían casarse, pero ninguno podía donarle sangre a su marido si lo llegara a necesitar».

El 16 de septiembre de 2015, el entonces Ministro de Salud de la Nación, Daniel Gollán firmó, luego de un trabajo de años de las organizaciones de la diversidad, la Resolución N°1507/15 que terminaba con la homofobia en la donación de sangre. Esta resolución estableció una guía de conductas de riesgos, que aplica tanto a personas LGBTIQ+ como heterosexuales. Desde la CHA enfatizaron la importancia que toda sangre debe ser testeada correctamente, más allá de su procedencia.

Relata Cigliutti que la CHA sigue recibiendo esporádicamente denuncias contra laboratorios y clínicas que no han modificado sus formularios y que en tiempos de pandemia y de expectativas puestas en el tratamiento con plasma de pacientes recuperados de COVID-19, algunos comportamientos discriminatorios de este estilo reaparecieron. “El coronavirus parece haber puesto en alerta a muchas personas en torno a quienes viven con VIH. De pronto vemos cómo en las redes sociales resurgen, a partir de la donación de sangre y de plasma y, en particular, por este último caso en que a este joven le impidieron donarle a su padre, conceptos que creíamos superados como el de ‘población de riesgo’. No parece un tema particular de una sola clínica, sino algo que vuelve a despertarse en cierto clima de paranoia que alimenta la pandemia. Hace falta volver a decir que el sida se transmite por la sangre y no por la orientación sexual”.

A raíz de este caso, la CHA presentó una denuncia ante el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad y el Ministerio de Salud, por violencia, discriminación y por la violación de leyes nacionales ante la recomendación de la Asociación Argentina de Hemoterapia, Inmunohematología y Terapia Celular (AAHITC).

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