Si hay prevención, no hay dengue

Este año se produjo un nuevo brote de la infección transmitida por el mosquito Aedes aegyipti. El profesor Juan Claus de la UNL explica las características de la enfermedad.

La pandemia de Covid 19 protagoniza los titulares en los medios de comunicación desde principios de año. Menos nombrada y visibilizada es la epidemia del dengue, una enfermedad que, en 24 semanas, ya contagió a 5066 personas en la provincia de Santa Fe.

Pausa entrevistó a Juan Claus, profesor de Virología de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral, sobre las características de este brote de la enfermedad transmitida por el mosquito Aedes aegypti, en el que por primera vez circulan simultáneamente en nuestra región dos tipos diferentes del virus que provoca la enfermedad. Con el invierno, vendrá una reducción de la cantidad de casos, pero también llegará el tiempo de la prevención.

—Actualmente circulan dos serotipos de dengue, ¿qué significan estos serotipos y cuál es la diferencia de cada uno?

—El virus del dengue tiene una diversidad dentro de la especie que abarca cuatro tipo diferentes: DEN-1, DEN-2, DEN-3 y DEN-4, respectivamente. La diferencia radica en la estructura de las partículas virales. Esta diversidad de los virus dengue determina que cuando uno se infecta con uno de los tipos, por ejemplo el tipo 1, que es el que circuló en nuestro país con más frecuencia desde 1998, adquiere inmunidad para ese tipo, pero no contra los otros tres. Cuando esa misma persona, que se infectó originalmente con el serotipo 1, se infecta con otro de los serotipos, no solo que no está protegida, sino que además puede desarrollar una infección agravada respecto a la primera. Cuando circulan dos serotipos al mismo tiempo, aumenta el riesgo de que estas infecciones agravadas se presenten.

—¿Por qué se produce la circulación de un nuevo serotipo?

—Porque es introducido desde aquellos lugares donde el dengue es endémico. En nuestra región, como no hay circulación viral cuando no hay actividad del mosquito, el virus desaparece durante el invierno, en principio. El ciclo viral en nuestra región recomienza porque el virus se reintroduce desde las regiones endémicas. La gente que viaja a Paraguay, Brasil o Bolivia y vuelve infectada, trae consigo el virus. Así, viajeros que provienen de estos países o de Colombia o Venezuela o Tailandia o la India, o de cualquiera de aquellos lugares donde el virus circula en forma endémica, si vienen infectados, al ser picados por hembras adultas de Aedes aegypti, éstas se infectan y así se reinicia el ciclo de transmisión viral con el serotipo introducido por el o los viajeros infectados. ¿Por qué se agrava ahora en nuestra región? Porque al tener gente infectada con serotipo 1 o 4, aquellas personas que, por ejemplo, se infectaron primariamente con el serotipo 4 y se infectan nuevamente ante una reintroducción del serotipo 1, que es el que más circula en nuestra región, van a tener una probabilidad mayor de tener una forma grave de dengue.

—El dengue tiene mayor desarrollo en las zonas tropicales. ¿Eso fue variando a lo largo del tiempo?

—Sí. El dengue se ha desarrollado principalmente en las zonas tropicales y subtropicales de todo el mundo. Ese ámbito de distribución, que inicialmente estaba restringido a zonas más cercanas al Ecuador, actualmente se ha ido expandiendo hacia el norte y hacia el sur, abarcando regiones templadas. Eso no significa que vamos a tener casos de dengue en invierno. Nosotros tenemos una distribución estacional de la actividad del mosquito vector que se interrumpe, por lo menos fue así hasta el año pasado, entre finales de mayo y principios de octubre. O sea que hay una interrupción de tres meses donde no hay ejemplares adultos activos de Aedes aegypti  en nuestra región. Mientras no hay adultos de Aedes aegypti, no hay transmisión de dengue. Lo que sí permanece durante el invierno son los huevos del mosquito, que pueden persistir secos hasta un año, pero viables, y cuando son humedecidos, por ejemplo por una lluvia que inunda los recipientes donde se encuentran, se reactivan y a partir de ellos van a nacer larvas. Así se reinicia el ciclo de vida del mosquito y también el ciclo de transmisión del virus, si éste es reintroducido.

—El primer brote severo fue en 2009, luego en 2016 y ahora en 2019-20, ¿realizaron algún análisis de la frecuencia con la que se producen esos brotes?

—Todavía no. Los brotes epidémicos de magnitud nacional se presentaron en 2009, 2016 y 2020. Se dice que usualmente hay un período epidémico de dengue que dura entre tres y cuatro años. Entre el de 2009, que fue el primer gran brote de dengue a nivel nacional, y el segundo de 2016, pasaron siete años, y entre el de 2016 y el de 2020 pasaron cuatro años. Son pocos brotes todavía para estimar cuál va a ser la frecuencia epidémica del dengue en nuestro país de ahora en adelante.

—¿Qué pasa con otras enfermedades que transmite el Aedes aegypti, como el zika o la chikungunya?

—Estamos en riesgo de tener brotes como los de dengue. Tener activos ese tipo de mosquitos implica estar en riesgo de que se declaren brotes de cualquiera de esas enfermedades.

—En esta circunstancia de pandemia de coronavirus, ¿hay mayores dificultades de detección del dengue?

—Sí. Hay solapamiento de síntomas y eso implica que hay que diferenciar clínicamente, o por análisis de laboratorio, entre las dos patologías. No son exactamente los mismos síntomas: en Covid 19 se suelen presentar síntomas respiratorios, que en dengue nunca se presentan y además va acompañado de algunos síntomas sensoriales adicionales como la falta de percepción de olfato o gusto. Hay una dificultad adicional y es que, como resultado de la cuarentena, que era una acción necesaria, la gente se ha quedado en sus domicilios. Aedes aegypti es un mosquito perfectamente adaptado al ámbito urbano y específicamente domiciliario y peridomiciliario. Es decir que ha habido más gente expuesta a la picadura de estos mosquitos y por lo tanto a la transmisión viral.

—¿Dónde crece el Aedes aegypti?

—Para poner los huevos la hembra prefiere recipientes pequeños, como los recipientes artificiales que dejamos abandonados en la vía pública o en los patios: botellas, tarros, macetas. También pone huevos en tanques de agua o cisternas, en las canaletas de los desagües de los techos, pero no pone huevos en cursos de agua, arroyos, ríos, ni en grandes espejos de agua como las lagunas. En general, tampoco en zanjas. Puede poner huevos en los huecos de los troncos de algunos árboles, en el nacimiento de las hojas de algunas plantas carnosas que permiten acumular agua. También hay algunos criaderos crípticos o poco evidentes, como los caños de los desagües, las bocas de tormenta, las piletas de los patios… El riesgo urbano aumenta también con las deficiencias en la recolección de residuos. Cuando se generan microbasurales se suelen generar criaderos de Aedes aegypti que, cuando aparecen personas infectadas y son picadas por esos mosquitos, pueden generar un ciclo de transmisión y activar un brote.

—¿Qué avances hay respecto de una posible vacuna?

—Actualmente no hay una vacuna, por la tanto la prevención está enfocada prácticamente de manera exclusiva en el control del vector (mosquito). Eso implica la implementación de políticas públicas que, por una disposición nacional, están a cargo de los municipios y las comunas. Esta disposición normativa choca con la realidad de que los municipios y las comunas no están provistos ni con los recursos humanos ni con los recursos materiales para poder llevar a cabo este trabajo. La otra dificultad es que se necesita un aporte individual y comunitario para hacer realidad el control del vector. Cada uno de nosotros, y la comunidad en general, tiene que participar activamente en el control del vector, a través del mantenimiento en condiciones de limpieza de los espacios que nos pertenecen o que están a nuestro cuidado. Hay una tercera acción necesaria que es el mejoramiento en la capacidad de alerta temprana frente a la presentación de casos de dengue. Un brote de dengue se puede cortar si se lo corta al principio. Esto implica que la persona que tiene síntomas tiene que comunicarlo de manera inmediata a la autoridad sanitaria, que tiene que proceder de manera inmediata a bloquear el caso. Cuando, basado en la presentación clínica o en exámenes de laboratorio, aparece un caso probable de dengue, se debe ir a la vivienda de esa persona, buscar otros casos febriles en esa vivienda, en esa manzana y en ocho manzanas periféricas. Además, se deben eliminar todos los recipientes que pueden ser criaderos actuales o potenciales de Aedes aegypti y se debe hacer una fumigación in situ para eliminar a todos los mosquitos adultos en ese perímetro.

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