Imagen: Pablo Cruz

Bajo el mando de Bolsonaro, Brasil se encamina a la peor catástrofe sanitaria y humanitaria de su historia. Una cronología desde el primer caso de Covid 19 hasta hoy, a la puertas de los 100 mil muertos en la principal potencia sudamericana.

Las cronologías producen vértigo cuando el destino final está revelado en su inicio. Todo lo que sucede en Brasil es previsible, por lo que se duplica la atrocidad: estamos ante una masacre de dimensiones históricas, cuya causa se encarna en una figura, el presidente Jair Bolsonaro.

26 de febrero. Primer caso de coronavirus en Brasil.

10 de marzo. Tras minimizar el colapso de las bolsas mundiales por la pandemia, Bolsonaro explica que “Eso del coronavirus no es mucho más una fantasía, no es todo eso que los grandes medios propalan por el mundo”, durante un encuentro con empresarios en Miami. A la vuelta, un integrante de la comitiva daría positivo al hisopado. Bolsonaro se testeó y dio negativo.

17 de marzo. Primer muerto por coronavirus en Brasil.

21 de marzo. Brasil supera los mil casos totales.

25 de marzo. Bolsonaro califica al virus como “gripezinha” que no le preocupa por su “historial de deportista”, advierte que con una cuarentena “todos vamos a pagar un precio que llevará años para ser pagado, si no es que Brasil no sale de la normalidad democrática que ustedes tanto defienden”, compara al Covid 19 con la lluvia “Tenemos que sacar de la cabeza del pueblo esa sensación de pánico. Tenemos que enfrentar al virus. No tiene que confundir, es igual a la lluvia. Si llueve, usted enfrenta la lluvia, ¿para qué se va a guardar?”, y desprecia a los muertos: “El aislamiento como tratamiento será un problema mucho mayor que lo que está sucediendo con el virus en este momento. Si esas personas no tuviesen el virus también morirían, lo lamento”. Primeros ataques a los gobernadores de Río de Janeiro y de San Pablo, que plantean restricciones de circulación. “Ellos están reventando Brasil. Están destruyendo empleos”, dice el presidente y se alinea: “Trump está en una línea similar a la mía, y todo indica que hoy va a abrir los puestos de trabajo”.

31 de marzo. Brasil llega a los mil casos nuevos por día.

4 de abril. Brasil supera los 10 mil casos totales.

6 de abril. Bolsonaro y las mayores iglesias evangélicas llaman al “ejército de Cristo para la mayor campaña de ayuno y oración jamás vista en el país” para “que esta plaga que ha caído sobre el mundo, cese”, según las palabras de los pastores.

7 de abril. Brasil supera los cien muertos diarios.

10 de abril. Brasil supera los mil muertos totales.

16 de abril. Bolsonaro despide a su ministro de Salud, Henrique Mandetta, que defendía sin éxito la implementación de la cuarentena. Asume el oncólogo Nelson Teich, sin experiencia en la salud pública. Teich también defiende el aislamiento social.

18 de abril. Bolsonaro sale ante una manifestación de fieles contra el aborto: “No hay que acobardarse con ese virus, hay que enfrentarlo con cabeza erguida, Dios está con nosotros”.

19 de abril. Sin elementos de protección, incluso tosiendo un par de veces, Bolsonaro se acerca a sus fanáticos y asegura que impulsará una intervención militar de Brasil y cerrará el Congreso y el Supremo Tribunal Federal. 20 gobernadores de los 26 estados que tiene Brasil, firman una carta abierta en defensa de la democracia. “La salud y la vida del pueblo brasilero deben estar muy lejos de los intereses políticos, en especial en este momento de crisis”. Hay marchas de bolsonaristas con ataúdes y bailando, amenazas a médicos para que no den reportes de muertes por coronavirus o que recomienden la cloroquina como tratamiento, droga que el presidente recomienda por TV.

23 de abril. En el mayor cementerio de Manaos, en la Amazonía, los ataúdes han comenzado a ser depositados en fosas comunes. Las funerarias no dan abasto y los hospitales públicos colapsan. Bolsonaro se niega a hablar de los muertos y dice “Yo no soy un funebrero”.

30 de abril. Bolsonaro refiere a las víctimas: “Lamento, pero ¿qué quieren que haga?”. Agrega “Soy el mesías, pero no hago milagros”, en una chanza con su segundo nombre, Messías. Manaos multiplica su cantidad promedio de muertes diarias: si en tiempos normales fallecen 30 personas por día, ahora mueren 100. Su alcalde caracteriza el panorama como “surrealismo trágico”.

2 de mayo. El gobernador de San Pablo, antiguo aliado del presidente, habla de “Bolsonavirus”. El polo industrial es uno los epicentros de la pandemia, junto con Río de Janeiro y Manaos. Junto con el gobernador de Río, toman medidas de cuarentena por su propia cuenta.

3 de mayo. Brasil supera los 100 mil contagios totales. Bolsonaro ataca la cuarentena y, rodeado de banderas de Estados Unidos e Israel, señala ante sus fanáticos que el Ejército está junto al pueblo y le advierte al Congreso y al Superior Tribunal Federal que “no va a aceptar más interferencias”.

7 de mayo. “No te voy a dar esa fecha aquí ahora. Empecé a ver esto hoy. No será largo, pero no diré que será en tres días. Qué puedo decirte, tal vez, en un día o dos. Esto se definió de ayer a hoy. Así que tampoco quiero comprometerme con una fecha exacta. De lo contrario, puede ser un día, dos. Pero será rápido”, así anunció el ministro de Salud Nelson Teich, el lanzamiento de una campaña contra el coronavirus. La Justicia ratifica un fallo que obliga al presidente a publicar su test del coronavirus para saber si tuvo la enfermedad o no. Bolsonaro se niega.

8 de mayo. Brasil supera los 10 mil muertos por coronavirus y los 10 mil casos nuevos diarios. Lula Da Silva por primera vez refiere a un impeachment a través de su cuenta de Twitter. El jefe del PT también declara que “nos vamos a tener que radicalizar un poco más para hacer funcionar la democracia” y que su autocrítica es la de haber sido “por demás republicano”.

10 de mayo. Bolsonaro sale en jet ski por un lago de Brasilia y se detiene a saludar a sus fanáticos. En San Pablo, continúan las manifestaciones contra la cuarentena, replicando el viral de los ghaneses bailando con un ataúd.

11 de mayo. Bolsonaro defenestra un control de cuarentena “El jefe de familia debe quedarse en casa teniendo hambre con su familia. Millones ya sienten cómo es vivir en Venezuela”. El tuit apunta al Partido Comunista, responsable del gobierno de Maranhao.

12 de mayo. “La higiene es salud, cortarse el pelo, hacerse las uñas. La gimnasia es vida, hacer ejercicio mejorará la vida de la gente a la que le está subiendo el colesterol”, declara Bolsonaro, que decreta como “servicios esenciales” a los salones de belleza, barberías y gimnasios. El ministro de Salud se entera de la medida por la pregunta de un periodista, en una conferencia de prensa. En Maranhao, Ceará y Pará comienzan cuarentenas totales ante el inminente colapso de los hospitales.

14 de mayo. Bolsonaro explica que en Brasil hay más muertes que en Argentina porque hay más habitantes. “Pero hablemos de Suecia, que no cerró la economía. Ustedes hablan del lado ideológico, ustedes hablan de un país que camina hacia el socialismo, que es la Argentina”, dice. A ese momento, Brasil, cuya población es cuatro veces y media mayor que la de Argentina, contabilizaba casi 40 veces más muertos por Covid 19. Poco después, los epidemiólogos suecos renegarían de su apuesta a la apertura total.

15 de mayo. Renuncia el ministro de Salud, Nelson Teich, a menos de un mes de asumir. Como su antecesor, Teich defendía la cuarentena y se oponía al uso de cloroquina.

16 de mayo. “El desempleo, el hambre y la miseria será el futuro de aquellos que apoyan la tiranía del aislamiento social”, tuitea Bolsonaro y nombra como nuevo ministro de Salud al general Eduardo Pazuello, un paracaidista, literalmente. En todos sus niveles, la cartera es intervenida por militares. La presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, anuncia que moverán la maquinaria política para sacar Bolsonaro del cargo. Junto a “fuerzas democráticas y populares”, el PT “decidió presentar a la Cámara de Diputados una petición colectiva de impeachment del presidente Jair Bolsonaro”.

17 de mayo. El alcalde de San Pablo, la mayor ciudad de Sudamérica, admite que estudia la posibilidad de decretar la cuarentena total. Con el 90% de las camas de terapia intensiva ocupadas, “el sistema está próximo al colapso”. Se prevé un plazo de 15 días para la saturación. En Brasilia, un centenar de fanáticos se acerca al Palacio Alvorada. Hay grandes costillares para comer y Bolsonaro se entusiasma con una canción que corean sus seguidores: “Cloroquina, cloroquina, yo sé que tú me curas en el nombre de Jesús”.

19 de mayo. Brasil alcanza más de mil muertos diarios por coronavirus. En un vivo por Facebook, Bolsonaro hace juegos de palabras “El que es de derecha, toma cloroquina, el que es de izquierda, toma Tubaína”, una gaseosa brasileña. Los laboratorios del Ejército fabrican más de un millón de comprimidos de la ineficaz droga.

21 de mayo. El ministerio de Salud emite recomendación de uso de cloroquina en pacientes leves, a pesar de que el 19 de mayo un diputado bolsonarista murió luego de haber sido tratado con esa droga. “Peor que ser derrotado es la vergüenza de no haber luchado” dice en un tuit Bolsonaro, cuando oficializaba la droga.

22 de mayo. Brasil es el segundo país en el mundo con mayor cantidad de contagios. La Justicia difunde un video donde Bolsonaro admite maniobras para intentar proteger a su familia y amigos de investigaciones. El video corresponde a una reunión del gabinete del 22 de abril e incluye pedidos de ministros para encarcelar a gobernadores e intendentes que adoptaron cuarentena y a los jueces del Supremo Tribunal Federal. “¿Por qué estoy armando al pueblo? Porque no quiero una dictadura. Quiero a todo el mundo armado, el pueblo armado jamás será esclavizado”, dice Bolsonaro. “Mis banderas son familia, Dios, Brasil, armamento, libertad de expresión y libre mercado. El que no acepta mis banderas está en el gobierno equivocado”. Bolsonaro califica a al gobernador de San Pablo como “una bosta”, al de Río como “estiércol” y el alcalde de Manaos como “una mierda”. En la misma reunión, el ministro de Medio Ambiente, pide aprovechar la pandemia para sacar reglamentos en favor de los ruralistas y en contra de los ambientalistas y la pastora ministra de Familia, Mujer y Derechos Humanos afirma que “la izquierda quiere legalizar el aborto aprovechando la pandemia”.

24 de mayo. El gobierno de Donald Trump cierra las fronteras a Brasil, el primer país de Sudamérica en ser objeto de esta medida.

31 de mayo. Alentando la vuelta del fútbol, Bolsonaro explica que “Como los futbolistas son jóvenes y atléticos, el riesgo de muerte si contraen el virus se reduce infinitamente” y luego agrega que “el desempleo llama a la puerta de los clubes”.

4 de junio. En su portada, Folha de Sao Paulo advierte que en Brasil muere una persona por minuto a causa del coronavirus. Bolsonaro reflexiona: “Si un tipo me llama fascista y yo lo demando, no pasa nada, pero si yo lo llamo a él fascista, me llevo una multa de 20 mil. Así no vale, mi tasa de éxito es casi cero”. “Si hay libertad de expresión, tiene que valer para todos”, agrega en un encuentro con coleccionistas de armas, mientras promete liberar aún más la tenencia de fierros.

5 de junio. Como Trump, Bolsonaro amenaza con retirar a su país de la Organización Mundial de la Salud. “No necesitamos personas de afuera ofreciendo su opinión sobre la salud aquí”, dice. “Estados Unidos se retiró de la OMS, y estamos estudiando eso en el futuro. O la OMS trabaja sin sesgo ideológico o nos vamos también”, advierte. Horas antes, la Organización Panamericana de la Salud, parte de la OMS, le reclamó a Brasil una deuda por más de 24 millones de dólares.

6 de junio. Brasil altera la publicación de sus estadísticas de contagios y muertes. La Fiscalía brasileña da 72 horas al Ministerio de Salud para que explique la decisión.

11 de junio. San Pablo y Río de Janeiro reabren tiendas y centros comerciales.

12 de junio. Brasil es el segundo país en el mundo en cantidad de muertos por coronavirus. Bolsonaro convoca a sus fanáticos a la acción: “Si tenés un hospital de campaña cerca tuyo, si tenés un hospital público… encuentra la manera de entrar y filmar. Mucha gente ha hecho esto, pero más personas tienen que hacerlo para mostrar si las camas están ocupadas o no. Si los gastos son compatibles o no. Ayuda. Seleccionaré lo que suban a las redes sociales y se lo reenviaré a la Policía Federal o a la Agencia de Inteligencia de Brasil”.

18 de junio. Con la presencia de Bolsonaro, vuelve el fútbol –a puertas cerradas– con el partido del Flamengo contra el Bangú, en Río de Janeiro. Botafogo y Fluminense se niegan a jugar.

19 de junio. Brasil supera el millón de contagios totales.

23 de junio. Un juez federal obliga a Bolsonaro a usar el tapabocas en todos los espacios públicos de Brasilia, bajo pena de una multa de 2000 reales. El uso de tapabocas es obligatorio en la capital brasileña desde el 30 de abril.

25 de junio. Bolsonaro pide “paz y tranquilidad” ante el “difícil momento”. “Nuestro entendimiento es lo que puede señalar días mejores para el país”, dice el mandatario hacia diputados y senadores, después de participar de manifestaciones en favor del cierre del parlamento.

26 de junio. En su vivo semanal de Facebook, flanqueado por el ministro de Economía Paulo Guedes, Bolsonaro le da lugar al titular del ente de turismo de Brasil, Gilson Machado Neto, para que con su acordeón le cante un Ave María a las víctimas del coronavirus.

28 de junio. En 60 ciudades de 23 países hay movilizaciones contra el presidente Bolsonaro por su conducta ante el coronavirus, las amenazas fascistas y por la democracia en Brasil.

29 de junio. En Brasilia se decreta el estado de calamidad pública por el Covid 19. Más de 60 organizaciones y movimientos sociales de Brasil presentan una campaña en defensa “de la democracia y la vida”, ante el avance de la enfermedad y  cuestionan el abordaje gubernamental de la pandemia.

3 de julio. Bolsonaro veta el uso obligatorio de tapabocas en comercios, escuelas y templos, lugares de contagio seguro por concentración y encierro de personas. También libera al Estado de cualquier obligación de distribuir tapabocas en poblaciones pobres y al sector privado de proveer el elemento de protección a sus empleados.

6 de julio. Bolsonaro suma nuevos vetos a la ley aprobada a principio de junio sobre el uso obligatorio de tapabocas. Ahora permite el no uso de barbijos dentro del sistema carcelario, donde hay más de 700 mil personas alojadas. Unos 4900 internos ya contrajeron la enfermedad y más de 60 fallecieron. También veta el punto que obligaba a los comercios y empresas a funcionar con un número máximo de personas y a que coloquen carteles indicando el tope de gente admitido en su interior.

Bolsonaro con la remera de Flamengo y a su lado el artífice de su ascenso al poder, el hoy opositor Sergio Moro.

7 de julio. Bolsonaro anuncia en conferencia de prensa que es positivo de Covid 19. El presidente afirma que se está tratando con cloroquina. “La vida continúa, no hay que entrar en pánico”, afirma. En Brasil la primera tendencia en Twitter es “Fuerza Covid”. La Asociación Brasileña de Prensa comunica que demandará al presidente por poner en riesgo la vida de las y los periodistas presentes. Se destaca que el presidente infringió el aislamiento recomendado por los médicos y que no respetó la distancia de seguridad con la prensa. También denuncian que casi al final de su intervención, Bolsonaro se quitó el barbijo para seguir realizando sus declaraciones.

8 de julio. Bolsonaro veta 14 artículos de una ley que preveía medidas para prevenir los contagios en los territorios indígenas. Entre ellas, la exigencia al Ejecutivo de garantizar a los pueblos originarios agua potable, materiales de higiene y la oferta en carácter de urgencia de camas hospitalarias y de unidades de cuidados intensivos, así como la adquisición de ventiladores y máquinas de oxigenación. También veta la facilitación de acceso a la ayuda estatal de 600 reales (unos 110 dólares) para los pueblos originarios. De acuerdo con datos de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil, el coronavirus afecta a 122 etnias indígenas, con un saldo de 12.000 infectados y 445 muertos. Bolsonaro asegura que “ningún país del mundo ha preservado la vida y los empleos como Brasil sin propagar el pánico ante la pandemia del coronavirus”.

12 de julio. “La desinformación fue un arma ampliamente utilizada. El pánico hizo que la gente creyera que solo tenían un problema serio que enfrentar”, tuitea Bolsonaro. “La realidad del futuro de cada familia brasileña debe ser despolitizada de la pandemia”. “La situación no es peor por las acciones del gobierno de Brasil”, dice y señala que “acudió en ayuda de las pequeñas y medianas empresas, acercó recursos para estados y municipios y está pagando 600 reales en ayuda de emergencia para más de 60 millones de personas”. “Siempre dije que el efecto de combatir el virus no podía ser peor que el virus en sí”, recuerda.

15 de julio. Flamengo le gana el torneo a Fluminense. Bolsonaro festeja en una foto para redes sociales.

16 de julio. Brasil llega a los dos millones de contagios, apenas 27 días después de llegar al millón.

18 de julio. Bolsonaro dice que “el aislamiento mata”, ante sus fanáticos en el Palacio Alvorada.

19 de julio. Bolsonaro dice que es la “prueba viviente” de la eficacia de la cloroquina. Dos mil de sus seguidores, convocados por movimientos evangélicos, marchan en Brasilia con 27 cruces, en representación de cada estado del país, para manifestar su solidaridad al mandatario y criticar a los gobernadores y su gestión de la pandemia.

25 de julio. Bolsonaro exhibe en Twitter que su último test de coronavirus dio negativo.

27 de julio. Por «ser criminalmente negligente en su gestión de la pandemia y arriesgar la vida de los profesionales de la salud y de los miembros de la sociedad brasileña» La Red Sindical Brasileña UNISaúde, que vincula más de un millón de profesionales de la salud, denuncia ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya a Jair Bolsonaro por cometer crímenes de lesa humanidad y genocidio por la falta de respuesta gubernamental ante la pandemia de Covid 19. La presentación fue respaldada por UNI Global Union, la Central Única de los Trabajadores (CUT), la Unión General de los Trabajadores (UGT) y la Nueva Central Sindical de los Trabajadores (NCST) junto con otras organizaciones sociales.

30 de julio. Michelle de Paula Firmo, esposa de Jair Bolsonaro, da positivo de Covid 19. También da positivo el ministro de Ciencia y Tecnología, Marcos Pontes, quien se transforma en el quinto miembro del gabinete de Bolsonaro que contrae la enfermedad.

31 de julio. Bolsonaro juega con una yegua, inmerso entre sus fanáticos. «Estoy en el grupo de riesgo. Nunca fui negligente, yo sabía que un día me iba a contagiar, como desafortunadamente creo que un día va a pasar con todos ustedes. ¿Tienen miedo de qué? ¡Enfréntenlo!», declara el presidente. «Las personas mueren todos los días por una serie de causas», pero «así es la vida», agrega. «Ahora no tenemos alternativa. La gente dice ¡oh, no hay pruebas científicas de que funcione! Todos sabemos que no hay pruebas científicas, pero tampoco hay nadie que diga científicamente que no tiene ningún efecto. Entonces, usémosla», alega en favor de la cloroquina.

1 de agosto. A la fecha se registran 178 contagios de coronavirus entre funcionarios del Palacio de Planalto, al que están vinculados alrededor de 3400 trabajadores.

4 de agosto. Bolsonaro veta el proyecto para entregar 50.000 reales (unos 900 dólares) a los trabajadores sanitarios que quedaron incapacitados a causa del coronavirus. El presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, anuncia que no avanzará con ninguno de los 48 pedidos de juicio político contra Bolsonaro por considerar que no existe delito de responsabilidad en relación con la gestión de la pandemia.

6 de agosto. «Lo que el pueblo siempre tuvo de las Fuerzas Armadas, además de la garantía de la ley y el orden, es la de tener la certeza de su libertad. Este es el bien mayor que nos interesa a todos», dice Bolsonaro en un acto en el Club del Ejército en Brasilia. Hay nueve militares y ex militares al frente de ministerios del gabinete de Bolsonaro y más de 3000 miembros de las Fuerzas Armadas en toda la administración federal. «En gran parte esta institución me permite gobernar con cierta tranquilidad hacia el destino que todos queremos», sostuvo. El día cierra con 98.493 muertos totales desde el inicio de la pandemia y 2.912.212 contagiados.

Hoy o mañana. Brasil se convierte en el segundo país en quebrar la barrera de los 100 mil muertos por coronavirus.

En los próximos cinco días. Brasil superará los tres millones de contagios.

 

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