27 de octubre: Mauricio Macri y Miguel Pichetto reconocen la derrota en el búnker de Juntos por el Cambio. Foto: Mauricio Centurión.

En el momento más complicado de la pandemia, Mauricio Macri volvió al ruedo político con una carta abierta, publicada en sus redes y en La Nación. Blanqueó su posición anticuarentena, calificó a las políticas sanitarias como una forma de control conspiranoide y se prendió un pucho sobre un lago de nafta.

En un clima muy caldeado por el inminente retorno general a una cuarentena más estricta –cosa que ha pasado en nuestra ciudad y en Rosario, como en otros puntos del país, y que pasa en Chile, Australia, Francia, España y cualquier otro lugar del mundo con la pandemia activa–, el ex presidente Mauricio Macri publicó una carta que no deja lugar a la insinuación ni, mucho menos, al pluralismo democrático: «Es verdadero o es falso. Es luz o es oscuridad», sentencia uno de los referentes de la oposición, el más radicalizado.

Cabe recordar que Macri, como María Eugenia Vidal, ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires, no realizó ningún tipo de declaración respecto de la asonada policial de la semana pasada, cuando una banda de oficiales de la bonaerense rodeó armada la Quinta de Olivos. Sí se pronunciaron Patricia Bullrich y Elisa Carrió, en favor de los sediciosos.

Quien sí salió en defensa de la democracia fue Horacio Rodríguez Larreta, jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Rodríguez Larreta fue erigido como principal opositor por Alberto Fernández cuando tomó la decisión de retirarle un punto de coparticipación para dárselo a la provincia de Buenos Aires. Esta carta de Macri también debe leerse al interior de interna opositora por el liderazgo.

La carta completa:

La viga y la paja

La carta que hoy publicó Macri en sus redes y en La Nación comienza calificando la gestión de gobierno como un «ataque sistemático y permanente a nuestra Constitución». «Para poder gobernar sin límites, violentan la Ley Fundamental de la Nación», continúa el texto. Macri no abunda específicamente –con argumentos jurídicos– en cuáles serían esas vulneraciones generadas por «un gobierno personalista».

En el texto sí se pone en cuestión el debate sobre el reglamento de funcionamiento de la Cámara de Diputados. El problema de las sesiones virtuales (o no) ya fue zanjado con un nuevo reglamento casi a la medida de la oposición, que en la última sesión pedía presencialidad plena con uno de sus diputados infectado y en el lugar. También recrimina Macri el proyecto de Reforma Judicial como un ataque a la Justicia, acaso sin entender que es potestad de Congreso sancionar ese tipo de leyes. El ex presidente refiere a un debilitamiento de los organismos de control del Estado, cuyas segundas líneas siguen a la fecha copadas por funcionarios puestos por el macrismo. Cabe recordar que, en general, las primeras líneas estuvieron en manos de personas salientes de los mismos sectores económicos que debían controlar. Por ejemplo, en la Unidad de Información Financiera, los que controlan el lavado de dinero, Macri había puesto a Mariano Federici, Celeste Plee  y María Eugenia Talerico, todos vinculados a estudios de abogados y bancos que litigaban contra la propia UIF por ser lavadores de dinero.

Más adelante, Macri indica que el gobierno busca condicionar a los gobernadores de las provincias con el envío de fondos, una queja que, hasta el momento nunca se hizo oír, sino todo lo contrario (sobre todo en el caso de Gerardo Morales en Jujuy). Puntualmente, acusa de ataque al federalismo a la antes referida quita de un punto de copartipación, que él mismo le entregó, también por decreto y junto con otros 2,5 puntos más, a la Capital Federal. El ex presidente además acusa al gobierno de ataques a la libertad de expresión. Durante el gobierno de Macri se encarcerló en el marco de una causa de evasión impositiva –algo que no ocurre jamás– el titular del principal medio que se oponía a su gobierno, todo con total normalidad.

Conspiranoia radicalizada

La carta tiene tonos conspiranoicos y radicalizados. Macri acusa que «la intención del gobierno de establecer un Nuevo Contrato Social en la Argentina con principios dominantes inéditos», algo que «atenta contra las bases éticas y económicas de una sociedad». Cualquier similitud entre ese enunciado y la vieja acusación milica setentista de disolución de los valores occidentales y cristianos no es casualidad.

El punto más clasista del texto, pero en el sentido feo de clasismo, es cuando el presidente revela qué es lo que piensa realmente sobre las políticas de seguridad social y sobre la extensión de derechos sociales. Macri entiende que el gobierno busca «avasallar a la clase media para conseguir clientes dependientes del favor del Estado para poder sobrevivir. No se reconocen los derechos básicos de los ciudadanos para que cada uno proyecte su vida como quiera hacerlo, porque es el Estado el que aspira a decidir por nosotros. Pretende nivelar para abajo».

Esa visión conspiranoica toma incluso enunciados de las marchas anticuarentena que son contradictorios de forma inmanente: se habla de que el gobierno reprime, es una dictadura y busca el control social en la marcha misma, donde ni siquiera hay policía alrededor. Veamos qué pasa en Francia, país que recientemente visitó Macri, calificando su política sanitaria como de «libertad y responsabilidad». Francia volvió a la cuarentena restrictiva por rebrote de casos.

Nueve movilizaciones anticuarentena, por todo tipo de razones, se efectuaron en estos seis meses largo de pandemia, todas amplificadas por el sistema de medios en su conjunto. Sin embargo, para Macri, «Lo que se busca es el control social y evitar que los ciudadanos manifiesten su disconformidad con las medidas que se toman y que perjudican a amplios sectores de una sociedad exhausta de obedecer decretos que atentan contra su bienestar general».

Otro punto conspiranoide se aproxima a la vieja queja planteada cuando Florencio Randazzo implementó la tarjeta SUBE: «Se utilizan las restricciones sanitarias para impedir la libre circulación de los personas, y sólo pueden hacerlo aquellos que estén habilitados a extender una declaración jurada que se debe someter a la consideración de las autoridades». Viniendo del presidente que implementó un protocolo para movilizaciones, más allá de que se cansó de gasearlas y balearlas, la preocupación por la declaración jurada de circulación da cuenta de un avance progresista en el líder de Cambiemos.

Jairicio Bolsonacri

En oposición al «Nuevo Contrato Social» –cuya sintaxis es la misma que la falopa digital sobre el Nuevo Orden Mundial y los chemtrails y Soros y demás–, Macri habla de «Nuestro Orden Social» y plantea una antinomia irresoluble que Ernesto Laclau mira con una sonrisa socarrona desde el cielo de los populistas.

Contra el negacionismo

Nada más enloquecedor que pedir debate democrático y luego impugnar de modo irresoluble al interlocutor. Macri pide «dar una discusión profunda y responsable sobre cuales son los principios que deben regir Nuestro Orden Social». Acto seguido seguido plantea antagonismos absolutos: «es la República o la republiqueta; es Democracia o demagogia; es elecciones libres o no habrá transparencia en los resultados; es seguridad o vivir con miedo; es el Estado de Derecho o es la jungla; es la propiedad o es la apropiación; es libertad de expresión o censura; es educación o adoctrinamiento». Termina cerrando el sistema de opciones con un mesianismo: «Es verdadero o es falso. Es luz o es oscuridad».

Rompan todo 

«El panorama dramático descripto tiene su contracara: en Argentina emergió algo nuevo. Ciudadanos movilizados y atentos que han ganado las calles. Desde la lucha contra la resolución 125, la exigencia de verdad sobre la muerte del fiscal Nisman, las marchas del SíSePuede, o el más reciente 17A la conciencia cívica se expresa». Esa genealogía, que varias veces hemos expuesto y a la que la faltan las marchas del ingeniero Blumberg, es quizá el tramo más veraz del texto. Es cierto: son millones y no les cabe ninguna.

En concreto, el texto es un llamamiento a romper la política sanitaria. Pese a que en todo el mundo los países vuelven a las restricciones de circulación y actividad cuando los contagios aceleran su paso –y a que Argentina está en esa situación–, el ex presidente termina haciendo transparente su posición. Montándose en el indudable impacto económico negativo de la pandemia, que obliga a la cuarentena ya sea para salvar vidas o para no andar tropezándose con los cadáveres, Macri echa nafta al fuego. Las sociedades y los gobiernos tienen sólo esas dos opciones –cuarentena por decisión o cuarentena forzada– y así se ve en todos los países del mundo, excepto aquellos que tienen órdenes autoritarios para nosotros impracticables –los asiáticos– o regímenes anarcocapitalistas de fuerte impronta represiva, como Brasil o Estados Unidos. Macri quiere llevar a la oposición hacia ese norte.

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